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Amossy, R. (2010); La présentation de soi. Ethos et identité verbale. París: PUF. 228 pp. ISBN: 978-2-13-058095-9. Collection « L´interrogation philosophique », dirigée par Michel Meyer.

Paulina Bettendorff

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La Présentation de soi. Ethos et identité verbale, el más reciente libro de Ruth Amossy, profesora emérita de la Universidad de Tel Aviv, especialista en el área de estudios franceses, se presenta como una continuación de investigaciones y propuestas teóricas que llevan ya más de una década de desarrollo. Si bien sus textos han encontrado un espacio de lectura en determinado ámbito académico argentino, la falta de traducciones, con la excepción de Estereotipos y clichés, escrito en conjunto con Anne Herschberg Pierrot —en el que, por otra parte, no hay una exposición específica de la mencionada teoría—, reclama un informe, una “rendición de cuentas” en español de sus propuestas, ya que estas abren posibles caminos de investigación sobre la subjetividad, importantes no sólo dentro del área del Análisis del Discurso o la Retórica, sino también de la Sociología, la Teoría literaria y la Historia.

 

Este libro, que puede leerse independientemente de las publicaciones anteriores de la autora, y admite incluso lectores nóveles en el área de la Lingüística y la Retórica —está expresamente dirigido a un público amplio, elección que se refuerza en el primer capítulo, donde se realiza un repaso general de fundamentos teóricos—, se encabalga con una empresa mayor: la articulación entre el Análisis del Discurso y la Teoría de la Argumentación en lo que esta investigadora ha llamado la “Argumentación en el discurso”. Esta propuesta, particularmente expuesta en el libro homónimo (L’Argumentation dans le discours), en múltiples artículos y en la revista electrónica Argumentation et Analyse du Discours, órgano de difusión de la actividad que viene realizando con su equipo de investigación de Tel Aviv, es retomada en La Présentation de soi desde un recorte específico: el ethos o la imagen del enunciador en el discurso.

 

 La noción de ethos, que proviene del campo de la Retórica y ha respondido desde la Antigüedad a distintas concepciones para su definición, [1] ha sido recuperada por diferentes disciplinas desde las últimas décadas del siglo XX. La Lingüística, particularmente, la ha adoptado para pensar la problemática de la subjetividad en el lenguaje (la teoría de Ducrot la integra explícitamente, al igual que la tendencia francesa del Análisis del Discurso e incluso la tendencia anglosajona, el Análisis Crítico del Discurso), [2] pero se pueden reconocer contactos, “aires de familia”, con nociones propuestas en otras teorías y disciplinas del siglo XX que se preocupan también por la construcción de la imagen del sujeto no sólo desde un punto de vista lingüístico (el dispositivo enunciativo teorizado por Benveniste, las representaciones imaginarias en Pêcheux), sino también extralingüístico, en corrientes psicológicas y sociológicas. Es, entonces, en un cruce entre las preocupaciones de la Lingüística y de la Sociología que se constituye la teoría del ethos que se presenta en este libro.

 

El título mismo resalta los diferentes cruces del planteo propuesto: la “presentación de sí” remite a los análisis sociológicos de Erving Goffman (expuestos particularmente en La presentación de la persona en la vida cotidiana) y este concepto se asimila, por medio de un reajuste teórico, al ethos retórico, reformulado por el Análisis del Discurso (siguiendo para esto el camino abierto por Dominique Maingueneau, aunque sin adoptar su terminología específica). A estos aportes principales, es necesario sumar ciertos conceptos provistos por la Sociología de Pierre Bourdieu (entra en juego particularmente el concepto de habitus), con la que se establecen, sin embargo, disensiones. El ethos es así ampliado desde su primera concepción en la Retórica Antigua y sus enfoques opuestos son articulados a partir de una concepción sociodiscursiva, dinámica e interactiva: la imagen de sí es inseparable de una “escenografía” social, en donde el sujeto co-actúa, según sus objetivos argumentativos,[3] diferentes roles (los términos teatrales, presentes tanto en Goffman como en Maingueneau, se repiten en esta propuesta). En el análisis del ethos de un discurso se buscará, por lo tanto, reconstituir la “puesta en escena del yo” en situación.

 

La Présentation de soi se divide en dos partes: en la primera, compuesta por los tres primeros capítulos, se plantean los fundamentos teóricos que ya han sido considerados en el libro anteriormente mencionado, si bien se hace una puesta al día de los mismos y se amplía su exposición; y en la segunda (que incluye los capítulos 4 a 7) se repasan las modalidades verbales de la presentación de sí. Ambas partes realizan un recorrido similar: se comienza por una revisión teórica y se expanden luego las nociones mediante una gran variedad de ejemplos tomados de investigaciones que se centran en distintos tipos de discursos. Estos ejemplos provienen tanto de trabajos previos y nuevos de Ruth Amossy, como de otros investigadores, no sólo adscriptos a la tendencia francesa del Análisis del Discurso, sino también de otras corrientes y disciplinas. Es necesario destacar que, coherentemente con las limitaciones presentadas en el planteo teórico a propósito de los saberes del analista cuando encara una investigación sobre un ethos sociodiscursivo,[4] la gran mayoría de los ejemplos presentados remite al ámbito francófono y al israelí, con un pequeño número que trata con discursos del ámbito anglosajón (justificados en tanto se refieren a investigaciones de un teórico en particular o por ser, en cierta forma, “internacionales”, como se podría considerar a ciertos discursos de la última campaña electoral estadounidense).

 

El marco teórico, presentado en el primer capítulo, consiste en un repaso minucioso por las corrientes que se articulan para definir la noción de ethos en la argumentación en el discurso (no hay una revisión exhaustiva de todas las corrientes que se ocupan del ethos ni una historización del concepto). Este se organiza por medio de un recorrido gradual que va de la concepción más puntual, recogida por la Retórica Antigua (el ethos se considera en aquellos discursos que tienen como objetivo persuadir y sería, entonces, una técnica consciente para influir en el auditorio), y el enfrentamiento ya mencionado entre las dos concepciones que ésta propone, a una propuesta para superar esta oposición por medio de los aportes de la microsociología de Erving Goffman.

Según esta corriente, en tanto siempre hay una puesta en escena del sujeto en la interacción social en la que se construye una imagen de sí, no habría una oposición entre las “costumbres oratorias” y las “costumbres reales” —para retomar los conceptos de la Retórica— ya que ambas son construcciones sociales que se configuran en el intercambio entre los participantes de la comunicación. Este pasaje por la Sociología permite la ampliación del concepto de ethos, que ya no queda restringido a un determinado tipo de discurso argumentativo —en el sentido de la Retórica y la Teoría de la argumentación a secas— que busca influir explícita y conscientemente sobre otro, sino que puede ser considerado en toda interacción social. Este es un punto clave que se desarrolla ampliamente en los numerosos análisis presentados a modo de ejemplo: el ethos siempre se construye en una interacción, no es el resultado de un simple dominio técnico por parte de un orador.

 

A continuación, se realiza, sin embargo, una nueva restricción que parte de problematizar cómo pensar la presentación de sí, ese ethos retórico ampliado, en el ámbito lingüístico. La respuesta se encuentra, como ya se ha comentado, en el Análisis del Discurso. El ethos, tal como lo ha planteado Dominique Maingueneau, “muestra la forma en que el sujeto que habla construye su identidad integrándose a un espacio estructurado que le asigna su lugar y su papel” (Amossy, 2010: 38).[5] Este espacio está estructurado por condicionamientos socioinstitucionales y por una configuración ideológica.

 

El final de este recorrido por las teorías que piensan la imagen de sí es, por supuesto, la argumentación en el discurso, que se propone como una teoría articuladora (o superadora) de las anteriores. El ethos es una de las dimensiones del discurso: es ethos retórico, en tanto todo enunciado tiene una dimensión argumentativa, pero además es la imagen de sí en el discurso. De esta forma, se sale de la concepción de una identidad del sujeto estable, fija, preexistente, que se manifestaría (o se travestiría) en el discurso, para considerar que ésta se forma en el discurso, es decir, en el intercambio lingüístico. De aquí se sigue, entonces, que la identidad del yo es múltiple (se puede construir más de una identidad en el discurso) y dinámica, condicionada o en juego permanente por las variadas identidades sociales (ligadas a una pertenencia de grupo) e individuales (ligadas a una diferenciación en la pertenencia al grupo).

 

El aspecto sociodiscursivo del ethos encuentra un primer anclaje en el estudio de los estereotipos, concepto ya presentado en otros libros de la autora. El ethos, tal como es definido aquí, se construye a partir de una representación preexistente que forma parte de un imaginario colectivo (se apela en este punto a la noción de “imaginario sociodiscursivo” de Patrick Charaudeau). En este ocasión, Amossy se concentra en el papel que tienen los estereotipos en la construcción de la imagen de sí en distintos géneros discursivos y cómo pueden ser utilizados (reforzados, combinados, subvertidos) en la comunicación, así como los efectos que se pueden relevar a partir de su funcionamiento (los problemas generados por divergencias entre la imagen que pretende proyectar el locutor y la interpretación por parte de su público; sus funciones sociales y políticas como, por ejemplo, reivindicaciones y reagrupamientos identitarios). Para la demostración del funcionamiento de los estereotipos en la constitución del ethos se despliegan múltiples ejemplos que consideran diversos géneros, entre otros, la conversación, los fórums de Internet, el discurso político, la autobiografía de estrellas de cine, los panfletos, la literatura del Romanticismo.

 

La reflexión sobre la función de los estereotipos en la construcción del ethos lleva a la consideración del ethos previo.[6] Esta formulación, que se acerca a una de las tradiciones retóricas del ethos (en tanto imagen que el auditorio se hace del orador en función de su estatus, de su reputación o de su decir anterior) tiene en cuenta su construcción en el interdiscurso y, consecuentemente, su reformulación en el discurso. El ethos previo remite a estereotipos profesionales o sociales, a la imagen pública de una figura, a la reputación personal que orienta a priori la forma en que se percibe al locutor (en estos dos últimos casos, entran en juego el conocimiento de textos anteriores o la historia conversacional), al estatus social. En tanto este concepto requiere de la consideración de conceptualizaciones del ethos (o conceptos cercanos) que incluyen datos no discursivos, se plantea una discusión explícita con reflexiones provenientes de la sociología de Pierre Bourdieu, específicamente las conclusiones expuestas en Qué significa hablar, en donde se propone que el poder de un enunciado reside en sus “condiciones institucionales” de producción y recepción. De esta forma, no se consideraría, como lo hace la Retórica, la capacidad del discurso de actuar sobre los otros. La solución presentada en el libro de Amossy determina que la presentación de sí establece una relación entre la posición y el posicionamiento en el campo (para esto se tienen en cuenta trabajos sobre el discurso político y también estudios de la Sociología de la literatura, incluidas las reflexiones del mismo Bourdieu en Las reglas del arte). De esta forma, la presentación de sí, el ethos, es tributaria del campo, de sus reglas y estructuras en el momento del intercambio comunicativo, pero también es el resultado de negociaciones en la interacción misma.

 

La construcción verbal de la imagen de sí, desarrollada a partir del cuarto capítulo del libro, toma su andamiaje teórico fuertemente del dispositivo de enunciación de Benveniste y las reflexiones sobre enunciación de Catherine Kerbrat-Orecchioni, sin dejar de lado el dialogismo bajtiniano, los aportes del primer Análisis del Discurso de Michel Pêcheux y nociones del sujeto provenientes del Psicoanálisis y la filosofía de Foucault y Derrida, que quebrantan la noción de sujeto del ethos de la tradición clásica. Ese sujeto está fundado sobre la intencionalidad, la volición y la acción, a diferencia del ethos discursivo, que no deja de ser responsable de su discurso en tanto agente, pero que depende al mismo tiempo de representaciones y valores sociales. Hay, por lo tanto, un doble estatuto del yo: sujeto a la vez actuado y actuante, que puede leerse en marcas concretas del discurso e incluso en su borradura. Se pasa, entonces, a considerar en la exposición el ethos dicho y el ethos mostrado (Maingueneau), su coincidencia o falta de coincidencia, y su construcción en tanto apelación a un otro (ya sea un único o más de uno no coincidentes —previstos o no por el yo—, o un auditorio compuesto, o uno no presente).

 

La consideración de la interacción entre el yo y el en distintos géneros conversacionales (conversación cara a cara, debates televisados, e incluso escritos, como los fórums de discusión de Internet) y en el discurso referido (diversas modalidades de cita) lleva a pensar la gestión colectiva del ethos, puesto que estos análisis demuestran que el otro interviene activamente en la imagen que se trata de dar de la persona. Según Amossy, la interacción oral es un modelo condensado del proceso de construcción del ethos, puesto que este se lleva a cabo efectivamente en el tiempo: se configura en la interacción con el otro y se modifica cada vez que un enunciado es retomado. El ethos es, por lo tanto, una co-construcción entre locutor y alocutario(s), cambiante en el desarrollo temporal. Esta perspectiva puede llevar, y esto se formula casi como una invitación, al estudio de la construcción de una imagen de sí sobre el eje temporal, teniendo en cuenta todas las voces que intervienen en esa compleja operación.

 

Los dos últimos puntos tratados en relación con la construcción verbal de la imagen de sí conciernen a los discursos en los que se construye un nosotros y los discursos que pretenden borrar la subjetividad. Con respecto a la primera de estas problemáticas, se establece una división entre los casos en los que hay un locutor colectivo y aquellos en los que el yo se presenta como el portavoz de una colectividad. En el primero de estos casos, se trata de un ethos colectivo en el que el yo se amplifica para ofrecer una imagen de grupo. Resaltan aquí cuestiones sobre la legitimidad y también la pregunta sobre qué representaciones colectivas autorizan una reducción de la polifonía, una presentación identitaria homogénea. El ethos colectivo no sólo tendría una función persuasiva, sino también de acción sobre la realidad social, en tanto puede contribuir a la constitución y el reconocimiento de un grupo. Los discursos que se consideran en relación al locutor colectivo son tres: el discurso jurídico, el discurso político y el discurso ciudadano.

 

En el segundo de los casos mencionados sobre la construcción de un nosotros, el yo se presenta como portavoz de un grupo, pero su imagen individual no se diluye en la representación de este. Con respecto a esta última formulación, si bien se ilustra en un primer momento con el género testimonio (a partir del análisis de escritos de la Primera Guerra Mundial), sobresalen particularmente ejemplos —una vez más— del discurso político (se analizan sendos discursos de Hillary Clinton y de Nicolas Sarkozy) y la reflexión sobre cómo estas imágenes (la individual y la colectiva) interactúan para lograr un objetivo argumentativo.

 

Cuando se trata el ethos en los discursos que pretenden borrar la subjetividad, la exposición se concentra específicamente en tres, por intermedio de investigaciones ya desarrolladas por otros teóricos. Se considera el discurso científico (se relevan estudios del ámbito anglosajón de la Retórica de la ciencia), el discurso filosófico (se retoman trabajos de Maingueneau y Cossuta) y el discurso periodístico. En cada caso, si bien se podría generalizar que se apunta a una imagen de sí de un ser preocupado por la objetividad, se construye un ethos distinto. En el primer caso (y con la salvedad explícita de que la borradura del enunciador varía según la disciplina, el contexto cultural y el momento histórico), el sujeto científico se dice y se muestra por el rechazo a expresarse y manifestarse, proclamando de esta manera la pertenencia identitaria a una comunidad; de esta forma, se establece una relación que anuda ethos y logos. En el discurso filosófico, por su parte, se reconoce una tensión constitutiva entre la borradura de la subjetividad y la inscripción de una singularidad, entre la construcción de un punto de vista descarnado y un posicionamiento entre doctrinas. El ethos del filósofo es, entonces, indisociable de su doctrina particular y de la posición que adopta el locutor por medio de ella. Por último, se considera la prensa “de información”. Siguiendo a Charaudeau, se determina en este discurso un doble objetivo: “hacer saber” según una “lógica cívica” y hacer una “puesta en espectáculo” de la información para un público que sea lo más amplio posible. La borradura enunciativa puede considerarse aquí tanto el resultado no intencional de una práctica de neutralidad como una táctica deliberada que permite decir sin decir.

 

El libro de Amossy se cierra con conclusiones que son también una evaluación crítica y precisa de su libro. Se llama así la atención sobre el hecho de que se presenta un “estudio transversal”, es decir, que se retoman y acercan distintas corrientes que se ocupan de la cuestión de la imagen de sí del sujeto en el discurso, tanto de manera directa como indirecta, para presentar un análisis global del fenómeno. Aunque se podría agregar que esto puede generar como contrapartida una sensación de muestreo que no ahonda en las implicaciones y derivaciones de los análisis introducidos, sobresale el valor de un libro que presenta múltiples investigaciones diferentes sobre discursos muy diversos, lo que constituye una sólida base para futuros estudios sobre el ethos. Por otra parte, los puntos que se mencionan como “faltas” o como “imperfectamente” desarrollados funcionan como una suerte de apertura: reenvían a otros lugares donde encontrar un desarrollo de las propuestas que aquí quedan sin mayor elaboración, sugieren investigaciones futuras e incentivan, en definitiva, a continuar el debate teórico acerca del ethos. Tres son estos puntos que se llaman a elaborar: el ethos en textos de ficción,[7] el problema de la interpretación del ethos (que sólo se menciona lateralmente en unos pocos de los ejemplos expuestos) y la función argumentativa del ethos (específicamente, el problema de si éste apela o no a una racionalidad).

 

Para terminar, y volviendo al primer punto mencionado en relación a las conclusiones, se puede considerar que la inclusión en el libro de investigaciones provenientes de distintas disciplinas y corrientes teóricas acerca a éstas a la propuesta particular de Ruth Amossy para el Análisis del Discurso, legitimando su propio planteo a propósito del ethos: la noción tal como es definida en la argumentación en el discurso sería una visión abarcadora, que permite englobar otras perspectivas, brindando una articulación (en lugar de un desmembramiento y dispersión) a distintas propuestas que toman a la imagen del sujeto en su acción lingüística como centro de reflexión.

 

Bibliografía

 

AMOSSY, R. (1999); “La notion d’ethos de la rhétorique à l’analyse du discours”, en R. AMOSSY (ed.), Images de soi dans le discours. La construction de l’ethos. Lausanne-París: Delachaux et Niestlé.

–––– (2000); La argumentation dans le discours. Discours politique, littérature d’idées, fiction. París: Nathan.

BARTHES, R. (1970); “La retórica antigua”, en La aventura semiológica. Buenos Aires: Paidós, 1990.

LEFF, M. (2009); “Perelman, argument ad hominem et ethos rhétorique”, en Argumentation et Analyse du Discours,  2, URL: http://aad.revues.org/index213.html, consultado el 14 de enero de 2011.

MAINGUENEAU, D. (1999); “Ethos, scénographie, incorporation”, en R. Amossy (ed.), Images de soi dans le discours. La construction de l’ethos. Lausanne-París, Delachaux et Niestlé.

—— (2002); “L’ethos, de la rhétorique à l’analyse du discours”, en http://dominique.maingueneau.pagesperso-orange.fr/intro_company.html, consultado el 18 de diciembre de 2010.

VITALE, A. (2011); “La noción de ethos. De la Antigua Retórica al Análisis del Discurso”, en P. Corrêa  y M. Martinho dos Santos (eds.), Novas Tendências em Filologia Clássica; IV Simpósio de Estudos Clássicos da Universidade de São Paulo. San Pablo: Editora Humanitas. En prensa.

 

Paulina A. Bettendorff

  Universidad de Buenos Aires

(Argentina)


 

[1] Se oponen habitualmente dos: una que sigue los lineamientos aristotélicos, que se concentra en la imagen que da de sí mismo el orador en su discurso, sin tomar en consideración cuestiones contextuales; y otra que se extiende de Isócrates a Cicerón y Quintiliano, que pone el acento en la persona del orador y toma en cuenta, por lo tanto, datos extrínsecos al discurso, como la reputación. Para encontrar una síntesis de estas tendencias así como su convivencia en la teoría de la nueva retórica de Perelman, cfr. Leff (2009).

 

[2] Para un recorrido sobre la adopción de este concepto en el Análisis del Discurso, cfr. Vitale (2011).

 

[3] Es preciso tener en cuenta que para la argumentación en el discurso todo enunciado tiene una dimensión argumentativa, puesto que incluso si no busca abiertamente lograr la adhesión a una tesis particular, siempre influye sobre maneras de ver, de pensar, de hacer, es decir, actúa sobre el otro.

[4] La autora comenta sus propias dificultades en un intento de análisis ante un ethos que remitía a una cultura, para ella, extranjera.

[5] La traducción es nuestra.

[6] Remarco esta elección terminológica por parte de Amossy, en lugar de otra que tiene circulación en el Análisis del Discurso, el ethos prediscursivo. El ethos previo remite a enunciados anteriores, es decir, a la dimensión polifónica de la construcción del ethos, pero no deja de ser discursivo.

[7] Se puede encontrar una interesante variedad de propuestas en torno a este tema, que siguen en general una perspectiva teórica afín a la de este libro, en el número 3 de la revista electrónica dirigida por Amossy, Argumentation et Analyse du Discours, titulado Ethos discursive et image d’auteur.