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Angenot, M. (2010); El discurso social. Los límites de lo pensable y lo decible. Buenos Aires: Siglo XXI editores. 228 pp. ISBN: 978-987-629-134-7. Presentación de María Teresa Dalmasso y Norma Fatala. Traducción de Hilda H. García.

Ana Leunda

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Este libro que sintetiza aspectos clave del desarrollo teórico y metodológico propuesto por Marc Angenot fue publicado en 2010 por editorial Siglo XXI, en el marco de la colección “Metamorfosis”. Acaso uno de los mayores aciertos de esta publicación sea la posibilidad de contribuir a la difusión de las ideas de este destacado estudioso entre el público hispanohablante de América latina. Como bien lo señalan Dalmasso y Fatala en la presentación del libro, las políticas editoriales no han facilitado la difusión del pensamiento de algunos prolíficos autores que, como en el caso que nos ocupa, no producen en la “lingua franca del tráfico internacional”. En efecto, la obra de este autor canadiense de origen belga ha sido traducida sólo de manera fragmentaria y algunos de esos textos que han buscado aproximar esta propuesta teórica al público de habla hispana (como el caso del libro Interdiscursividades. De hegemonías y disidencias, publicado por la Universidad Nacional de Córdoba en 1998)[1] se agotaron inmediatamente después de su aparición o no alcanzaron, en términos estrictamente editoriales, una difusión masiva y sostenida.

     La obra editada por Siglo XXI viene a significar una renovada apuesta de hacer circular las ideas de Angenot a través de un texto que busca ofrecer un mapa general de los conceptos y categorías relevantes de esta perspectiva de análisis. La obra está organizada en tres secciones: la primera, plantea la recuperación de capítulos de uno de los libros cruciales en el camino investigativo de Angenot, Mille huit cent quatre-vingt-neuf: un état du discours social (Montréal, Éditions du Préambule, 1989). Se recobran algunas nociones fundamentales de su teoría tales como la del Discurso Social, que comprende todo aquello que se dice o se escribe en una sociedad y momento determinados. Más específicamente, el Discurso Social está constituido por los géneros y los repertorios de tópicos que organizan aquello que es susceptible de ser enunciado en una sociedad particular.

     Como puede observarse, la pretensión de abarcar esta totalidad discursiva que circula en un determinado momento y espacio social acarrea dos consecuencias metodológicas básicas: por un lado, implica privilegiar los cortes sincrónicos (por ejemplo, 1889) y, por otro, trabajar de manera interdisciplinaria focalizando no en las zonas estables o cristalizadas, sino en los lugares de cruce intertextual:

“Pienso en una operación de desclausuramiento que sumerja los campos discursivos    tradicionalmente investigados como si existieran aislados y fueran autónomos (la literatura, la filosofía, los escritos científicos) en la totalidad de lo que se imprime y se enuncia institucionalmente”. (Angenot, 2010: 22)  

     En parte deudor del pensamiento de Bajtín, Angenot concibe al discurso como un hecho históricamente situado y acentuado a partir de determinada evaluación social. En esta línea de sentidos, el Discurso Social implica una mirada totalizadora de un complejo entramado de voces que dan cuenta de “lo enunciable y lo decible” en una instancia específica de la historia. A su vez, esa aceptabilidad generalizada en las producciones discursivas de una sociedad dada supone la existencia de cierto orden hegemónico como regulador básico del Discurso Social, aunque ese orden no sea exclusivamente discursivo, sino que se relacione íntimamente con “los sistemas de dominación política y explotación económica que caracterizan una formación social” (Angenot, 2010: 29). Coherente con el pensamiento de Gramsci y la teoría de los campos de Bourdieu en los que se apoyan algunas nociones de Angenot, si la hegemonía instituye un orden dominante esto no implica inexistencia o anulación total de contradicciones. La hegemonía aparece, más bien, como el efecto de múltiples conflictos que darán como resultado una estructura de posiciones desiguales.

     Teniendo en cuenta que el hecho hegemónico-discursivo puede ser abordado desde diferentes perspectivas, Angenot sugiere que el investigador debe centrarse fundamentalmente en la concepción de lengua legítima, la tópica y la gnoseología reinantes, los fetiches y tabúes, el ego-etnocentrismo y las visiones de mundo. Todos estos rasgos focalizan aspectos diferentes del Discurso Social que siempre construye un orden específico, porque la hegemonía socio-discursiva implica una homogeneización de la realidad que al mismo tiempo muestra y oculta porciones del mundo: “lo real no podría ser un caleidoscopio. La unidad relativa de la visión del mundo que se desprende del discurso social resulta de esta cooperación fatal en el ordenamiento de imágenes y datos” (Angenot, 2010: 64). La hegemonía funciona de manera óptima cuando está internalizada o naturalizada por el yo que enuncia, es decir, cuando logra convertirse en  productora de identidades e individualidades.

     La segunda sección del libro ejemplifica la apuesta teórica de Angenot mediante un estudio de caso acerca del arte pictórico denominado “social”, producido en Europa (Francia, Alemania, Italia, Inglaterra y Bélgica) entre 1880 y 1960. La afirmación fundamental de este análisis sostiene que si el arte social pretendía convertirse en herramienta para lograr la igualdad de los trabajadores, este propósito nunca llegó a concretarse como tal porque las obras de tesis nunca cumplieron con el objetivo propuesto. De hecho, la pretensión en sí misma esconde un problema: hombres inmersos en una hegemonía buscan trascenderla sin ser conscientes de que esa misma hegemonía los constituye. La dicotomía marxista no ofrece una respuesta válida al problema. La estética realista o social aparece así como un imposible pues “[la] única verdad del mundo [es la] imposibilidad de conciliar sentidos y valores” (Angenot, 2010: 128).

     En el prefacio de la obra, Angenot define su campo de investigación como “historia de las ideologías políticas y de los grandes relatos de la modernidad” (2010: 13) y lo ejemplifica en la segunda sección del libro a través del análisis de tres casos: el estudio del cumplimiento de un siglo de la Revolución Francesa, el “arte social” y una reflexión sobre las ideologías de la modernidad (siglos XIX-XX y totalitarismos) a partir de las nociones de gnosis y milenarismo.[2] En este tramo se indagan los discursos filosófico-políticos que postulan vínculos entre el cristianismo (pretérito) y el lugar de la política como reificación de la religión (modernidad):

“La sacralización de lo político, el concepto de religiones políticas, se transforma para algunos en un instrumento explicativo de los horrores del siglo pasado. Las religiones políticas (roja, negra o parda) habrían sido, como en otros tiempos las religiones reveladas, portadoras de fanatismos y odios que fueron responsables de masacres y crímenes cometidos en nombre del Soberano Bien”. (Angenot, 2010: 129)

     Hacia el final de la segunda sección se incluye un estudio que resulta sumamente pertinente si consideramos el conjunto de problemas que aborda la revista en la que se inserta esta reseña. El autor analiza en este apartado distintos aspectos problemáticos del campo de la Retórica y la Argumentación, disciplinas cuya larga tradición de estudio se remonta a los pensadores greco-latinos aunque en la actualidad, según Angenot, no hayan recibido por lo general la atención que se merecen (Nietzsche sería al respecto una excepción, pues, como recuerda Angenot [2010: 160] ya en el siglo XIX afirmaba que “No existe la naturalidad no retórica del lenguaje”).

     Según el investigador, la Retórica ocupa un lugar fundamental en el estudio del lenguaje. Es a partir de esa premisa que se hace necesario reconstruir una genealogía de la disciplina, aunque desde una perspectiva distinta, la del análisis del Discurso Social. Para ello, retoma algunos postulados de Aristóteles (por ejemplo la noción de pathos como efecto de discurso) aunque se posiciona fundamentalmente en la línea de pensadores de mediados del siglo XX (Chaïm Perelman) que buscaron transformar la Retórica para que no sea sólo una “Lógica de la argumentación” y se convierta en una ciencia cercana al uso social de la lengua. Esta perspectiva le resulta fundamental porque considera que el principal error de otras investigaciones en Retórica radica en su tratamiento universal con ejemplos estereotipados que no conllevan estudios de casos socio-históricamente situados. Desde esta otra mirada, por el contrario, todo discurso es histórico y social y no hay posibilidad de soslayar en el análisis esas dimensiones implicadas.

     A contracorriente de la definición de Retórica como “ciencia para persuadir”, el autor postula que debates y discusiones evidencian que los interlocutores rara vez se convencen mutuamente. Afirma que tanto la disputa doméstica como la polémica filosófica muestran que convencer al otro es la excepción y no la regla. De este modo, realiza una doble crítica a la disciplina: descree de cierta “idealización contrafáctica”, por un lado, y del corte normativo que suele profesar, por otro:

“En la Retórica, a mi entender, es necesario objetivar e interpretar las    heterogeneidades mentalitarias y los diálogos de sordos constatados, y caracterizar y clasificar las lógicas divergentes que sostienen las así llamadas ideologías”. (Angenot, 2010: 175)

     Además, es fundamental situar el argumento de Angenot en el contexto de un estado particular de sociedad. El Discurso Social de un momento determinado de la historia conlleva aquello que es, además de decible y pensable, argumentable. El analista del discurso debe estudiar “aquellos modos de argumentar” propios de una instancia social específica, ya que no se ordenan lógicamente las ideas del mismo modo en la Edad Media y a comienzos del siglo XXI. La historiografía, la sociología y la Retórica bien pueden trabajar de la mano, dando muestra de este modo, del amplio alcance interdisciplinar que anima la propuesta teórica de Angenot.

     Asimismo, el estudioso canadiense argumenta que la Lógica que sostiene razonamientos pretendidamente universales no se corresponde con el uso efectivo que enunciadores concretos hacen del lenguaje. En una discusión, los “lamentables” sofismas pueden resultar muy útiles para argumentar; o en la vida cotidiana, por ejemplo, suele ser habitual no contar con la totalidad de los datos necesarios para realizar una afirmación, por lo que es esperable que se tomen atajos en la organización de las ideas y se saquen conclusiones que excedan las proposiciones enunciadas. En este campo de problemáticas aún sin explorar, Angenot descubre la oportunidad para una Retórica que analice casos concretos (situados espacio-temporalmente), que profundice en las rupturas de la lógica racional y que no pretenda dar cuenta de una “verdad” existente en sí misma, sino de un entramado discursivo que sí es coherente con aquello que es pensable y enunciable en un momento dado del Discurso Social.

     La tercera y última sección del libro nos ofrece una entrevista realizada por Laurence Guellec a Angenot en 2009, que se propone como un viaje o “itinerario teórico” a través de los más de 20 años de trayectoria del investigador. Este apartado final viene a funcionar como revisión, puesta al día y ampliación de las posturas desarrolladas en los artículos anteriores, agregando comentarios y nuevos ejemplos de los conceptos y explicitando, hacia el final de la entrevista, cuáles son actualmente los ejes de investigación en la agenda de Angenot: mecanismos socio-discursivos de la memoria, o como él mismo lo explica:

“Estoy trabajando junto a Régine Robin en un amplio relevamiento de las formas, mecanismos y lógicas de borramiento memorial de las sociedades contemporáneas, y, tomando una distancia propicia para la periodización y la teorización, en los dos siglos modernos”. (Angenot, 2010: 212)

     De acuerdo con nuestra lectura, la obra ofrece una estructura en forma de espiral que parte de un núcleo problemático recuperado de manera recurrente a lo largo de los artículos, que al ir siendo vinculado con otros conceptos y casos específicos, complejiza el conjunto de hipótesis iniciales y va demarcando toda una cartografía teórica y metodológica que posee un mayor alcance explicativo. En su propuesta, Angenot retoma una tradición de pensamiento que descree de esencias preconcebidas y boga por el estudio de las sociedades siempre permeadas por la práctica del discurso. Como él mismo explicita, no sólo se siente “en deuda” con Bajtín y Gramsci, sino también con Walter Benjamin, Michel Foucault, Michel Pêcheux, Regine Robin, Eliseo Verón y Pierre Bourdieu. De allí los innumerables ecos de estos autores en los postulados de Angenot, aunque, claro está, no se trata de la mera repetición o collage sino muy por el contrario, de una profunda lectura crítica de esos aportes con la mira puesta en una teoría del Discurso Social que preste especial atención a las estructuras retóricas subyacentes en un momento dado de la historia.

     El discurso social. Los límites de lo pensable y lo decible de Marc Angenot brinda un arsenal teórico-metodológico de gran utilidad para investigaciones centradas en torno al estudio de la producción discursiva de una sociedad. El modo de exposición y la estructura de creciente complejidad argumentativa que presenta la obra resulta ventajosa tanto para aquellos que recién se aproximan a la obra de este autor como para aquellos que, habiendo accedido a los trabajos originales, aguardaban una nueva traducción en español de textos fundamentales en la extensa producción de este investigador. Ojalá esta apuesta editorial pase a convertirse muy pronto tan sólo en el pórtico de una serie de nuevas traducciones de la extensa labor investigativa de Angenot.

Ana Inés Leunda
Universidad Nacional de Córdoba- CONICET
(Argentina)


 

[1] Esta obra, que reúne traducciones de distintos artículos de Angenot, ha sido recientemente revisada y reeditada por la Universidad Nacional de Córdoba.  

[2] Para un acercamiento al concepto de “ideología” puede consultarse el artículo traducido al español con el título “Las ideologías no son sistemas”, en Interdiscursividades. De hegemonías y disidencias (1998), Universidad Nacional de Córdoba. Reeditado en 2011.