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Plantin, C. y Muñoz, N. (2011); El hacer argumentativo. Buenos Aires: Biblos. 143 pp. ISBN: 978-950-786-884-9.

María Alejandra Regúnaga

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El conocimiento y destreza en el uso de los procedimientos argumentativos es de vital importancia en la formación lingüística. A través del análisis de los razonamientos es posible realizar un acercamiento crítico a las premisas, reflexionar acerca de su pertinencia y evaluar si sostienen efectivamente la conclusión. Este proceso analítico permite un abordaje juicioso de todo tipo de discursos, desde debates hasta propagandas televisivas. Es por eso que los autores de El hacer argumentativo destinan esta obra a "docentes, estudiantes y toda persona interesada en la problemática del quehacer argumentativo, sea cual fuere su edad y el nivel de estudios considerado" (Plantin y Muñoz, 2011: contratapa). En total conformidad con esta propuesta, el libro despliega un acercamiento progresivo a los diversos mecanismos y estrategias que se ponen en juego al argumentar. A lo largo de los primeros cinco capítulos, se presentan –en un lenguaje claro y didáctico– los conceptos fundamentales, para luego poner énfasis en el análisis de ejemplos y la ejercitación, que se organizan en varias fichas con contenidos eminentemente prácticos.
    El capítulo 1 expone una primera aproximación al tema, a partir de definiciones, ejemplos y caracterización de la situación argumentativa. El capítulo siguiente se detiene en el dominio léxico: partiendo de la idea de que para comprender o producir una exposición argumentada "se debe conocer no solo las palabras y las construcciones en las cuales estas intervienen sino también los estereotipos de uso (condiciones de uso)" (Plantin y Muñoz, 2011: 19). Los autores presentan un "vocabulario semitécnico de la argumentación" que, en distintas fichas de trabajo, plantean interesantes reflexiones acerca de, por ejemplo, la diferencia entre argumentar y argüir, entre persuadir y convencer y entre objetar y refutar. A través de ejemplos literarios, filosóficos y periodísticos, así como de usos coloquiales, y con la ayuda de apropiadas preguntas orientativas, el lector puede avanzar en la comprensión de los matices de significado, las asociaciones nocionales, las combinaciones sintácticas y la estructura morfológica de los términos pertenecientes a este subdominio del campo de las actividades del habla.
    El capítulo 3 se centra en la intención argumentativa global de un texto. Para ello, se trabaja sobre los conectores, definidos como "palabras de enlace y de orientación, que articulan las informaciones y la argumentación de un texto" (Plantin y Muñoz, 2011: 52). Nuevamente, en fichas individuales se definen, ejemplifican y discuten las palabras y expresiones usadas para la conexión argumentativa.
    Expuestos ya los fundamentos y las estrategias necesarias, el capítulo 4 propone un abordaje integral del análisis argumentativo. A partir de la enumeración de una serie de pasos a seguir (la identificación del problema, la caracterización del contexto, la determinación de los argumentos y la conclusión del autor y su posterior evaluación crítica), se examinan varios textos para mostrar a los lectores (por medio de preguntas y respuestas) de qué modo se hacen evidentes los puntos de vista, los movimientos argumentativos, las refutaciones, los contraargumentos, etc. Esta práctica de interpretación de los datos e intenciones que organizan cada texto permite pasar al capítulo 5, donde se plantea un ejercicio de síntesis: diversos textos argumentativos sobre el mismo tema, aunque con diferentes posiciones, que ponen de manifiesto el modo en que los interlocutores pueden polemizar entre sí, mediante la refutación de los argumentos del otro, las objeciones hacia sus elementos de prueba y la desacreditación de sus recursos de autoridad, y que conducen finalmente a un resumen argumentativo de la discusión.
    Pero los contenidos de la obra no se limitan a fortalecer la capacidad de analizar de manera crítica una argumentación; por el contrario, constantemente apuntan a la producción de ideas propias, con fundamentos racionales y una expresión precisa. Este es el propósito del último capítulo del libro, en el que se presentan diversos argumentos que funcionan como estímulo para el debate junto con una "guía de procedimientos" para la mejor puesta en práctica de los conceptos y estrategias ya enumerados en las secciones anteriores.
    En suma: la obra cumple ampliamente con su propuesta de constituir un nivel elemental de la enseñanza de la argumentación. Sin abundar en tecnicismos ni en citas eruditas (apenas se mencionan el Tratado de la argumentación. La nueva retórica, de Ch. Perelman y L. Olbrechts-Tyteca, y La argumentación en la lengua, de J. C. Anscombre y O. Ducrot), propone un acercamiento dinámico y práctico a la argumentación, que se vislumbra así, efectivamente, como una "forma de hacer" con las palabras.

 

 

María Alejandra Regúnaga

  Universidad Nacional de La Pampa

(Argentina)