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Narvaja de Arnoux, Elvira; Bonnin, Juan Eduardo; de Diego, Julia y Magnanego, Florencia (2012); UNASUR y sus discursos. Integración regional. Amenaza externa. Malvinas. Buenos Aires: Biblos. 228 pp. ISBN 978-950-786-994-5.

Ana María Corrarello

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    UNASUR y sus discursos surge como obra colectiva en el marco de los proyectos que desarrolla el equipo de investigación dirigido por Elvira Arnoux. Referido a políticas del lenguaje en relación con la formación de los Estados nacionales y con los procesos actuales de integración regional y de globalización, en esta oportunidad se ha capitalizado un material significativo para abordar, desde el análisis de la discursividad política, el sentido histórico que implica la integración de América del Sur, tema con el que Arnoux se ha mostrado muy comprometida a lo largo de su vasta trayectoria intelectual y académica.
    La reunión extraordinaria de presidentes de UNASUR, realizada en la ciudad de Bariloche, es convocada dieciocho días después de la III Reunión Ordinaria del Consejo de Jefes y Jefas de Estado y de Gobierno de UNASUR llevada a cabo en la ciudad de Quito el 10 de agosto de 2009. Unos días antes, el 4 de agosto, Freddy Padilla de León, Comandante de las Fuerzas Militares de Colombia, anunciaba, en Cartagena, como preámbulo al acuerdo que el 30 de octubre de ese año se firmaría entre Colombia y Estados Unidos, [1] la lista completa de bases militares colombianas que podrían ser utilizadas por Estados Unidos, remarcando que se trataba del acceso a bases militares colombianas por militares estadounidenses y no de bases norteamericanas. En medio de las reacciones esperables, sobre todo las de países vecinos, como Ecuador y Venezuela, se convoca, para el 28 de agosto de ese año, la reunión extraordinaria en el sur argentino, tema central de UNASUR y sus discursos.
    El encuentro estuvo marcado por una situación anómala para este tipo de reuniones presidenciales: el pedido del presidente colombiano, Álvaro Uribe, a la presidente argentina, Cristina Fernández de Kirchner y al presidente pro tempore, Rafael Correa, de la televisación en directo del debate. Consecuente, tal vez, con una política de “transparencia” adoptada por el presidente Álvaro Uribe o como un guiño al pueblo colombiano ante un clima preelectoral, la mediatización del encuentro aportó un matiz de excepcionalidad al debate, en tanto variable decisiva de la lógica de su funcionamiento. UNASUR y sus discursos hace evidente esta excepcionalidad, capitalizando este encuentro como material inestimable para la investigación. De esta manera, se convierte en una obra que permite “presenciar” las intensas discusiones acerca del alcance y el futuro de la integración regional, como también marcar un mapa ideológico de la UNASUR, valioso para la comprensión de qué implica dicha integración.
    En cada capítulo se da cuenta de un profundo recorrido analítico y teórico a través de ampliaciones metodológicas y temáticas que orientan y contextualizan permanentemente los análisis propuestos. Es notable la clara intención didáctica que recorre toda la obra, desde una escritura precisa y ordenada a la rigurosidad teórica de las citas que llegan a constituir un segundo texto de valiosa orientación para el lector interpelado. Paralelamente, el trabajo minucioso de lecturas y reescrituras, que damos por supuesto, convierte a esta obra colectiva en un texto con unidad en todo su recorrido, lo que facilita su lectura e interpretación.
    El encuentro de Bariloche instaló entre los mandatarios allí presentes el debate sobre [2] las bases norteamericanas en Colombia y el rol de Estados Unidos en la región. La investigación llevada a cabo partió de tres tipos de materiales diferentes: políticos, centrados en los debates presidenciales y en las cartas abiertas de Hugo Chávez, de Evo Morales y de las FARC, abordados en los primeros cinco capítulos; periodísticos, en los capítulos seis y siete, que enmarcan el encuentro como acontecimiento mediático y exponen el tratamiento del debate en los principales diarios argentinos; por último, materiales institucionales vinculados con los tratados y acuerdos previos a la constitución de la UNASUR, desarrollados en los capítulos ocho y nueve.
    Los planteos analíticos que se abordan en la obra se inscriben desde el análisis del discurso como práctica interpretativa, tal como lo propone Elvira Arnoux en investigaciones anteriores, [3] y se enmarcan dentro de un enfoque interdisciplinario que, en este tipo de trabajos, aporta una metodología particular de investigación tendiente a la articulación del problema y no a su fragmentación, resultado observable al concluir su lectura. El recorrido analítico no produce clausuras teóricas y atraviesa los planteos fundantes de Michel Foucault y de Michel Pêcheux. Es remarcado por los autores el enfoque histórico del discurso que propone Michel Meyer respecto de una metodología abductiva y pragmática, a la que se adhiere, y que implica un permanente movimiento entre la teoría y los datos empíricos de manera de determinar las categorías de análisis según los planteos sometidos a la investigación. Por otro lado, hay un cruce con la teoría de los discursos sociales en tanto procesos de producción de sentido, sensibles a la materialidad lingüística, que permite concluir que “analizando productos, apuntamos a procesos” y que descuenta la sobredeterminación discursiva de lo real.


En torno al debate: tópicos, enunciadores y emociones

En los primeros cinco capítulos se presenta un escenario de conflicto y negociación entre los participantes, a pesar de la fuerte institucionalización y convencionalización del espacio discursivo. Las perspectivas ideológicas contrapuestas que se visualizan exponen la tensión por imponer una formulación legítima del tópico (acuerdo/bases/terrorismo/narcotráfico), sobre todo entre las dos posiciones más fuertes, la de Uribe y la de Correa. La “lucha por las categorizaciones” obliga a definir diferentes estrategias que orientan argumentativamente los discursos y a exponer los desacuerdos entre los litigantes. Se observa que la serie de sustituciones de “bases” por “acuerdo”, en el discurso de Uribe, impide su discusión, dado el carácter explicativo de este último término que remite a “cosa juzgada”. De la misma manera, la focalización del debate en el núcleo “terrorismo” vinculado con el “narcotráfico” expone la distancia de una consideración política marcada. En oposición, se ubica el discurso de Correa, que desestima la categoría “terroristas” y enfatiza que el problema era la amenaza de la región por las bases instaladas en Colombia. A partir de este conflicto por imponer una u otra formulación, o por la recategorización del objeto de debate, con las consecuencias de orden político que repercuten sobre la región, se desmontan las orientaciones argumentativas que conllevan ciertas estrategias como el uso de los conectores reformulativos, los procedimientos cohesivos, yuxtaposiciones, operaciones de categorización que muestran los profundos desacuerdos y la imposibilidad de la negociación y la vuelta a las posiciones de partida.
    UNASUR y sus discursos concede particular importancia al vínculo entre representaciones sociales y acción política. Inscripto en la tradición iniciada por Serge Moscovici (1961), las representaciones sociales operan como marcos interpretativos o puntos de referencia y, por lo tanto, integran los sistemas ideológicos que permiten conformar matrices o dispositivos generadores de discursividad. En el encuentro que se analiza, los presidentes exponen las representaciones de UNASUR asociadas a los distintos posicionamientos, pero también intentan imponer dichas construcciones. Las representaciones de la integración activan memorias que inciden en la interpretación y que se orientan hacia la memoria de la independencia y a la de las luchas sociales de los oprimidos. El proceso de activación de las memorias a las que apelan los distintos mandatarios proyecta el gesto antiimperialista hacia el pasado y revela las diferencias ideológicas y las dificultades de construcción de un imaginario colectivo de la integración. Imaginarios que evocan desde la Patria Grande, que desencadena emociones patrióticas como las contenidas en las alocuciones de Chávez, o la de los pueblos originarios y oprimidos, que aparece en el gesto anitimperialista de Evo Morales, hasta la instalación discursiva del tema Malvinas por la presidente Kirchner, como anclaje del ejercicio colonial del poder en la actualidad. Con respecto a la activación de las memorias discursivas, y dada la importancia que le adjudicamos como intertexto, cabe mencionar dos estudios previos realizados por Arnoux en este campo. En primer lugar, se trata de Los discursos sobre la nación y el lenguaje en la formación del Estado (Chile, 1842-1862) Estudio glotopolítico (Arnoux, 2008a), trabajo glotopolítico de gran alcance, que indaga, no casualmente, a partir del caso chileno, en la “matriz” de los discursos de la “Unión Americana”. Esboza la hipótesis de que esa matriz se construye en el siglo XIX, en la etapa de las guerras de la independencia y durante la formación de los primeros Estados nacionales hispanoamericanos, se mantiene hasta el presente con sus componentes de base y puede ser activada según las transformaciones sociales y la lucha política en la región. En segundo lugar, se trata de El discurso latinoamericanista de Hugo Chávez (Arnoux, 2008b), obra que consolida la idea de una “matriz de los discursos latinoamericanistas” a partir del estudio de la discursividad del presidente venezolano Hugo Chávez, como modo de avanzar en un entramado ideológico que posibilite la integración de América del Sur.
    El carácter de excepcionalidad que tomó el debate al ser televisado permite observar los principios de funcionamiento de las interacciones verbales que actúan como marcos anticipatorios y contextuales. Las imposiciones obligadas ante una “reunión abierta” produjeron desplazamientos hacia un decir modalizado a través del control de los tonos y de la adjetivación pero también obligaron a mostrar un decir verdadero cercano a la parrhesía. El juego polémico entre “cortesía” y “verdad” expone formas de atenuación y de reparación simbólica pero también de ataque que pretenden no afectar la imagen del oponente pero tampoco ser su blanco. Como parte de esta estrategia los desplazamientos de los lugares de enunciación política a lugares profesionales permitió adoptar un ethos genérico que opera como máscara defensiva al establecer cierto distanciamiento respecto del locutor. Adoptar modos de decir profesionales -entendidos como discursividades en tránsito-, no ha sido difícil para los presidentes ya que la mayoría de ellos proviene de espacios diferentes a la política (sindical, religioso, médico, militar, académico). Morales activó modos de decir sindicales, Uribe se aferró al discurso político con una excesiva formalidad, Tabaré Vázquez apeló al discurso médico; Chávez, al militar, Lugo, como ex obispo, connotó un discurso episcopal; Cristina Kirchner evocó su práctica profesional vinculada con el derecho, anterior a su desempeño político. Este efecto de genericidad, como inscripción de una serie de enunciados en una clase de discursos como categorías genéricas abiertas, pone en evidencia la complejidad del proceso de la puesta en discurso, de la lectura y de la interpretación.
    En un recorrido que también aborda la tradición retórica aristotélica, se expone el uso argumentativo de las pruebas destinadas a convencer: el ethos referido al orador y el pathos centrado en las emociones y pasiones del auditorio, que en este caso se construyó como una doble destinación: la audiencia y los mandatarios presentes. Con respecto al ethos, se privilegió una exposición que respondía al ethos genérico, exposición en cumbres de presidentes, y como hemos comentado anteriormente, también se siguió una exposición que respondía a la escenografía “profesional”, que fue aprovechada por algunos mandatarios. La obra pone al descubierto la representación de sí del presidente Evo Morales quien evoca universos culturales y políticos más próximos a sus grupos de pertenencia originales, disímiles al resto de los presidentes. Un discurso sensible a sus ancestros y a la valoración de la naturaleza como proveedora, que dibuja un ethos prediscursivo o previo -ambas denominaciones indicarían que no son extralingüísticos-, a partir del cual se construye un ethos discursivo con el que guarda una relación constitutiva. Con respecto al pathos, las emociones que se generaron en el debate atendían más al auditorio amplio que al propio de la reunión. La fuerza del contraste lleva a analizar las emociones político-sociales de Evo Morales en confrontación con las melodramáticas de Álvaro Uribe, aunque ambas responden al destinatario extendido que se ha creado en torno a la situación comunicativa. También se observan otros vínculos que ponen de manifiesto la distancia y las proximidades con respecto a la UNASUR y con su proyecto de integración regional. La ambigüedad del contexto de la situación comunicativa, dada por la televisación del debate, hizo visible oscilaciones en el registro que van de interpelaciones formales vinculadas con la identidad institucional hasta un registro informal marcado por las relaciones interpersonales que prevalecen entre los mandatarios.
    Cerrando los primeros cinco capítulos se expone la dificultad de todo discurso colectivo por la tensión constitutiva entre la homogeneidad institucional, cristalizada en la firma del documento, y la heterogeneidad interpersonal, como queda expuesta en capítulos anteriores del libro. Por otro lado, se presenta el análisis de la “Carta del Secretariado de las FARC-EP a la Unión de Naciones Suramericanas-UNASUR- y a la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América-Alba-”, publicada cinco días después de terminada la reunión, como un discurso paradiplomático. Se trata de un texto argumentativo que se presenta como carta abierta, aunque no haya circulado por los medios gráficos habituales, y que retoma los temas y se identifica con algunas de las posiciones del encuentro, pero cuestiona a Uribe como representante legítimo de Colombia. Propone desde una política insurreccional y con marcas de un discurso militante una paradiplomacia. También remite a la tradición latinoamericanista haciendo referencia a “Nuestra América” (Martí) o a la “patria latinoamericana” hasta la interpretación de que Estados Unidos le asigna a América Latina el lugar de “patio trasero”. La inclusión de la carta de las FARC en UNASUR y sus discursos permite, desde una sintética historización del movimiento, después del asesinato del líder progresista Eliécer Gaitán en 1948, interpretar ampliamente la polémica con el discurso de Uribe, al que se lo caracteriza como “triste peón colonial” y atender los motivos de una enunciación que quiere instalarse como interlocutor legítimo para América Latina.
    Con respecto al documento final, la discusión que se había planteado en torno al rol de Estados Unidos en la región y a la violencia política y el narcotráfico, seleccionó como eje central estos últimos. Los lexemas “terrorismo” y “narcotráfico” emergen nuevamente y por el contrario los sintagmas “bases militares norteamericanas” y “bases militares extranjeras” quedan fuera del documento, sustituidos por “fuerzas militares extranjeras”. Se plantea, como indagación final, el efecto de genericidad diferente que se produce en las dos versiones que va a tomar el título del documento, en un caso como “proyecto de decisión” y en otro como “declaración conjunta”, con sus claros efectos de performatividad “anunciada”.


El acontecimiento: el “debate” en la prensa escrita

Partiendo de la “potencialidad del acontecimiento político, concibiéndolo como momento disruptivo donde se originan, y a partir del que se construyen y visibilizan posicionamientos particulares respecto de los temas que se condensan en su conformación” (Arnoux et al, 2012:141), los capítulos seis y siete plantean el análisis del tratamiento informativo que tuvo el encuentro en los medios de mayor circulación en Argentina y cómo fueron participando en la construcción de una “memoria interdiscursiva mediática” (2012: 140). Los modos de referirse a la integración regional, las evaluaciones que se hacen de la situación y las argumentaciones que se activan en el momento de la recepción mediática del hecho político son analizados a partir del posicionamiento discursivo de los diarios argentinos en tanto actores políticos y entendidos como luchas simbólicas en las que “se pone en juego el monopolio del principio de visión y de división en grupos del mundo social” (Arnoux et al, 2012:142). Dicho posicionamiento puso en escena una historia continental compartida que expuso las diferentes valoraciones en torno a la discusión clave, la integración, y que permitió a los autores hablar de una integración retórica, de una integración hipócrita y de una integración política. El acontecimiento en la prensa permitió delimitar tres perfiles de órdenes políticos regionales posibles, vinculados con los tres periódicos analizados: Clarín, La Nación y Página 12.
    Destacamos de este relevamiento los dos dispositivos argumentativos que se describen en torno al conflicto por las bases militares. El primero, que nuclea a Clarín y a La Nación, observable a partir de una serie de desplazamientos que reenvían la conflictividad a otros escenarios más allá del acuerdo bilateral Colombia-Estados Unidos y, otro, que enfatiza la posición de Página 12 sobre la unión sudamericana en contraposición al vínculo Uribe-Estados Unidos.
    La lectura de la mediatización del acontecimiento posibilita focalizar en aquello que, sin ser el acontecimiento mismo, lo integra en un imaginario regional y permite ver las orientaciones ideológicas. El aporte de UNASUR y sus discursos radica, fundamentalmente, en el análisis de la interacción de diferentes actores políticos, mediáticos, que de esta manera participan de un debate más amplio. No solo se ha puesto a consideración el debate del 28 de agosto, sino también los resultados de la cumbre, es decir, las reflexiones posteriores al encuentro, a partir de un análisis empírico de las evaluaciones que hicieron los mismos medios relevados. Dichas evaluaciones comparten diferentes miradas sobre la presencia de Estados Unidos en la región como también aventuran un horizonte de expectativas sobre la integración regional. Una manera más de enfocar el debate.


Otros documentos y la misma lógica de la integración

Hacia el cierre del libro se retoma la idea, siempre presente, de contextualizar las tensiones y articulaciones en torno a la integración regional pero, en los dos últimos capítulos, las que hagan visible el recorrido histórico de las mismas. La opción ha sido, acertadamente, exponer el análisis confrontativo con otros tratados que han sido firmados dentro del mismo proceso pero en diferentes oportunidades. El Tratado de Asunción de 1991 que diera lugar al MERCOSUR y el Acta de Iguazú, en contraste con el Tratado Constitutivo de la UNASUR, hacen visible las distintas coyunturas y permiten historizar las tensiones entre un modelo definido por los bloques comerciales y otro por la integración política. Lo mismo ocurre al confrontar el Tratado de Asunción con el Protocolo de Intenciones firmado por los ministros de educación. La construcción de una identidad regional, de la que se quiere dar cuenta a través de los imaginarios que se activan en los diferentes documentos, permite apreciar un escenario de negociaciones en el que se pone en juego no solo lo nacional y regional, sino también lo global y en el que se confronta tanto el consenso como el disenso. La propuesta teórica considera, también, fiel a su intencionalidad didáctica, la descripción del dispositivo textual que permite hablar del género “tratado”.
    En el último capítulo, el análisis de la serie en la que se inscribe el Tratado de la UNASUR permite observar continuidades y discontinuidades al confrontar los diferentes documentos. [4] Se aprecian las diferentes dinámicas de poder intra e interregionales que definen posicionamientos, que activan disputas e intereses divergentes, como también se observa una permanencia y articulación de temas que luego aparecerán en el Tratado de UNASUR. Este último aporte de la investigación nos parece importante porque hace evidente la sobredeterminación discursiva de lo social, como condición de inteligibilidad de esta investigación que reseñamos y estima que entre las condiciones de producción de un discurso, hay siempre otro discurso. Como también la idea de que los “objetos” que interesan al análisis no están ni ‘en’ ni ‘fuera’ de los discursos, sino que integran un sistema de relaciones con sus condiciones de producción y también con sus efectos.
    Para finalizar, es destacable la triple lectura que propone UNASUR y sus discursos. Por un lado, la perspectiva amplia y el desarrollo exhaustivo desde el Análisis del Discurso y desde la tradición retórica contemporánea; por otro, una lectura del hecho político convertido en acontecimiento a través del desarrollo mediático y, por último, un análisis que permite historizar a través de los debates de la cumbre, como también por los diferentes tratados que precedieron a la UNASUR, el tópico de la integración regional, interpelando las posiciones sobre la identidad latinoamericana y exponiendo que la constitución del pensamiento latinoamericano es un proceso inacabado e inacabable.


Bibliogafía

Arnoux, Elvira (2006); Análisis del discurso. Modos de abordar materiales de archivo. Buenos Aires: Santiago Arcos.

Arnoux, Elvira (2008a); Los discursos sobre la nación y el lenguaje en la formación del Estado (Chile, 1842-1862) Estudio glotopolítico. Buenos Aires: Santiago Arcos.

Arnoux, Elvira (2008b); El discurso latinoamericanista de Hugo Chávez. Buenos Aires: Biblos.

 

 

Ana María Corrarello

  Universidad de Buenos Aires

(Argentina)


 


[1] El “Acuerdo Complementario para la Cooperación y Asistencia Técnica en Defensa y Seguridad” entre Colombia y Estados Unidos es firmado, finalmente, el 30 de octubre de 2009, por el Ministro de Relaciones Exteriores de Colombia, Jaime Bermúdez y el embajador de Estados Unidos en Bogotá, William Brownfield. La relación bilateral entre ambos países se remonta a 1952, en que se firma el primer tratado de Asistencia y Defensa Mutua. El Acuerdo de 2009 surge cuando Ecuador da por terminado, el 18 de septiembre de 2009, el acuerdo que respondía al Plan de Acción en relación con el tráfico ilícito de drogas, y que habilitaba a Estados Unidos al uso de la base aérea de Manta, en Ecuador.

[2] Michelle Bachelet, Rafael Correa, Cristina Fernández, Hugo Chávez, Luiz Inacio “Lula” da Silva, Alan García, Fernando Lugo, Evo Morales, Álvaro Uribe, Tabaré Vázquez y Runaldo Ronald Venetiaan.

[3] Ver Arnoux (2006).

[4] Nos referimos a las declaraciones de Cusco-Brasilia-Cochabamba e Isla de Margarita.