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Retórica legitimante de un nuevo modelo de sociedad en la Argentina contemporánea.
Carlos Menem versus Néstor Kirchner [1]

Legitimating rhetoric of a new model of society in contemporary Argentina. Carlos Menem versus Néstor Kirchner

Morgan Donot

Université Paris 3 Sorbonne Nouvelle
Institut des Hautes Études de l’Amérique latine

(Francia)
morgandonot@yahoo.fr

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Resumen

Considerando que el objetivo de la retórica reside en el vínculo entre la palabra y nuestro mundo común, y que “siempre resurge en tiempo de crisis” (Meyer, 2007: VIII), nos interesa estudiar en este artículo las temáticas discursivas fundamentales y las estrategias argumentativas desarrolladas y puestas en escena en Argentina, por Carlos Menem y Néstor Kirchner, desde sus nominaciones como presidentes en 1989 y en 2003, respectivamente. Si el espacio público está constituido por mundos de representaciones compartidos por todos, estructurantes de una visión de las cosas y de los seres específicos a cada sociedad (Breton, 2006), entonces podríamos preguntarnos: ¿cómo Carlos Menem logró imponer un nuevo modelo de sociedad durante el decenio de los noventa? ¿Cuál fue la estrategia argumentativa utilizada por este último para legitimar un régimen en las antípodas de la tradición peronista? Estas mismas preguntas son también pertinentes para Néstor Kirchner, primer presidente electo después de la crisis de 2001, quién intentó diferenciarse de sus predecesores con el fin de construir lo que comúnmente se llama el “modelo K”. Para ello, la metodología elegida se inscribe en un enfoque argumentativo de análisis de los discursos presidenciales de Menem y Kirchner, como discursos antagónicos en lucha para la definición de una misma realidad, según lo propuesto por Chaïm Perelman y Lucie Olbrechts-Tyteca, para quienes “el objeto de esta teoría es el estudio de las técnicas discursivas que permiten provocar o aumentar la adhesión del auditorio a las tesis que se presentan para lograr su consentimiento” (2008: 5). Mediante una selección de discursos dirigidos a un auditorio lo más vasto posible, este trabajo se concentrará, particularmente, en el contexto de recepción de la argumentación y en la importancia del acuerdo previo en toda empresa de persuasión, así como en los argumentos utilizados para instituir un nuevo universo de referencia común.

Palabras clave: retórica – mundos de representaciones – legitimación – Carlos Menem– Néstor Kirchner.

Abstract

Considering that the stake of rhetoric lies in the link between the speech and our common world, and that it “always reappears in crisis time” (Meyer, 2007: VIII), it is convenient to set to the fundamental discursive themes and the argumentative strategies developed and set up in Argentina, by Carlos Menem and Néstor Kirchner, as soon as they were elected as president in 1989 and in 2003 respectively. If the public space is made of worlds and representations shared by everyone, structuring a vision of things and beings peculiar to each society (Breton, 2006), how did Carlos Menem manage to impose a new model of society during the nineties decade? Which argumentative strategies did he use to legitimate a system of government which was the exact opposite of the peronist tradition? The same questions work for Kirchner, first president elected after the crisis of 2001 and who tried to distance himself from his predecessors in order to build what is commonly called the “K model”. To do so, the chosen methodology consists in an argumentative approach in the analysis of their presidential speeches, as antagonistic speeches fighting for the interpretation of the same reality, according to the definition proposed by Chaïm Perelman and Lucie Olbrechts-Tyteca, for whom “the object of this theory is the study of the discursive techniques allowing to provoke or increase the minds adhesion to the thesis which are presented to their consent” (2008: 5). Through a selection of speeches for the largest audience, this study will concentrate, above all, on the reception context and the importance of prior agreement in any attempt of persuasion, as well as on the arguments used in order to institute a new common universe of reference.

Keywords: rhetoric – worlds of representations – legitimization – Carlos Menem – Néstor Kirchner.


1. Introducción

Si la retórica reaparece siempre en tiempos de crisis (Meyer, 2007), conviene detenerse entonces en el análisis de las estrategias argumentativas establecidas por Carlos Menem y Néstor Kirchner en Argentina desde el inicio de sus gestiones presidenciales en 1989 y en 2003, respectivamente. Hacia fines de la década del ochenta, la Argentina se encontraba en una situación de crisis; en efecto, después de la transición a la democracia, consumada en 1983, el primer gobierno democrático había tenido que enfrentar numerosos problemas: presión de los militares, empobrecimiento de amplias capas de la población, conflictos sociales, desencanto ciudadano, crisis política y sobretodo económica. En 1989, la crisis hiperinflacionaria llegó a su punto más dramático, siendo el alza mensual de los precios internos de un 78,5% en mayo, de un 110% en junio y de un 196% en julio (Sigal y Kessler, 1997: 12). Fue en este marco que Carlos Menem conquistó la presidencia y asumió el poder varios meses antes de la fecha prevista, habida cuenta de las dificultades para controlar la situación que enfrentó su predecesor, Raúl Alfonsín. [2] Más de una década después, el contexto de emergencia de Néstor Kirchner, si bien fue claramente diferente al de Menem, estuvo también marcado por una crisis de amplia envergadura de la sociedad argentina, la cual asistió a la inédita sucesión de cinco presidentes en diez días. [3] Esta situación de crisis política, económica, social, institucional y de representación perduró hasta les elecciones presidenciales de 2003 en las cuales los resultados en primera vuelta reflejaron la dispersión de las preferencias partidarias y el estado de fragmentación del peronismo, cuyos dos primeros candidatos lograron pasar al ballotage: Carlos Menem con el 24,36% de los sufragios y Néstor Kirchner con el 22%. Pero en los días previos a la segunda vuelta, la posibilidad cierta de la derrota llevó al ex presidente a abandonar la contienda. El proceso electoral fue más bien un plebiscito contra Menem que la expresión de un respaldo de los argentinos a Kirchner, quien se transformó así en un presidente “por descarte” (Quattrocchi-Woisson, 2007: 16). [4]
    El concepto de crisis política es esencial aquí para comprender los antagonismos fundadores de estas dos corrientes políticas –el menemismo y el kirchnerismo– considerando su respectivo origen en tiempos de crisis. En efecto, si entendemos la crisis como un modo específico de adaptación y de cambio, ella da lugar obligatoriamente a una competencia por la definición de la realidad, y el analista debe interrogarse por la nueva producción de la realidad que le es inherente (Dobry, 2009: 199). Al mismo tiempo, si el espacio público está constituido por modos de representación compartidos por todos, estructurantes de una visión de las cosas y de los seres específicos a cada sociedad (Breton, 2006), nos preguntamos entonces: ¿cómo logró Carlos Menem imponer un nuevo modelo de sociedad en el curso de los años noventa? ¿Cuál fue la estrategia argumentativa utilizada por este último para poder legitimar un régimen establecido en las antípodas de la tradición peronista? Estos mismos interrogantes son también pertinentes para Néstor Kirchner, primer presidente electo después de la crisis de 2001, quien buscó demarcarse de sus predecesores y recuperar el ideario, no del peronismo histórico, sino más bien el de los años setenta a los fines de construir lo que se conoció comúnmente como el “modelo K”.
    El corpus de este artículo está compuesto de diferentes discursos que abarcan el período comprendido entre la toma de funciones de estos dos hombres políticos, el 8 de julio de 1989 y el 25 de mayo de 2003, y las elecciones legislativas en las que el Partido Justicialista logró, en ambos casos, la victoria. [5] De este modo, a través de la selección de un conjunto de discursos destinados a un auditorio lo más amplio posible y según un enfoque argumentativo, [6] intentaremos demostrar cómo su retórica les permitió legitimar un régimen político en contexto de crisis, movilizando estrategias argumentativas racionales y pasionales con el fin de imponer el menemismo y el kirchnerismo en Argentina. Este trabajo se concentrará, particularmente, en el contexto de recepción de la argumentación y en la importancia del acuerdo previo en toda empresa de persuasión, así como en los argumentos utilizados para instituir un nuevo mundo de referencia común. Un análisis lexicométrico, realizado gracias al programa Lexico 3, [7] nos permitirá también determinar los universos semánticos utilizados.
    Para ello, en un primer momento, nos parece pertinente analizar la manera según la cual el mito de la grandeza de la Argentina fue puesto en escena tanto por Carlos Menem como por Néstor Kirchner en su búsqueda constante de un acuerdo previo. En un segundo momento, nos concentraremos en el estudio del imaginario de la modernidad instituido por estos presidentes cuya función es doble: debe crear nuevos valores, pero también legitimar la acción política y la toma de decisiones.


2. El mito de la grandeza de la argentina

Según los términos propuestos por el filósofo político Cornelius Castoriadis, “[t]oda sociedad es una construcción, una constitución, una creación de un mundo, de su propio mundo. Su propia identidad no es otra cosa que este ‘sistema de interpretación’, este mundo que ella crea” (1986: 281-282). De esta forma, la importancia del pensamiento de Castoriadis reside en la capacidad de poder responder a las siguientes preguntas:


¿[Q]ué es lo que mantiene a la sociedad como totalidad? En otros términos: ¿cuál es la base de la unidad, de la cohesión y de la diferenciación organizadora de ese tejido fantásticamente complejo de fenómenos que podemos observar en toda sociedad? […] ¿Qué es lo que hace surgir formas de sociedad otras y novedosas? (1986: 276)

    Es en estos interrogantes en los que el concepto de imaginario adquiere su importancia fundamental puesto que, para responderlos, cada sociedad debe crearse un universo de significaciones imaginarias sociales que le permiten fundar su unidad y su identidad. En el planteo de este filósofo, estas significaciones son imaginarias “porque ellas no se corresponden con y no se desprenden de referencias a elementos ‘racionales’ o ‘reales’ y porque ellas son establecidas por creación” (Castoriadis, 1986: 280). El rol de las significaciones imaginarias sociales es entonces


dar una respuesta a estas preguntas, respuesta que ni la realidad ni la racionalidad pueden brindar, puesto que la manera a partir de la cual la sociedad define lo que para ella es real o racional depende inicialmente de dicho imaginario. (Tomès, 2008: 52-53)

Es decir que cada sociedad “se hace ver también como modo de ser en y por el representar/decir social y el hacer social” (Castoriadis, 1975: 494 y siguientes). [8]
    Hemos elegido concentrarnos aquí en el imaginario del mito de destino de grandeza de la Argentina entendida como una tierra destinada a un brillante porvenir y a formar parte de las potencias del mundo, ya que la apelación a este imaginario ha sido uno de los rasgos recurrentes del discurso político argentino (Svampa, 2006: 54); [9] y esto particularmente a principios del siglo pasado, cuando la Argentina era el “granero del mundo” y poseía tasas de crecimiento muy elevadas comparables a los países del “primer mundo” (para retomar una terminología emblemática de la retórica menemista). Este imaginario tiene como antecedente la dicotomía sarmientina entre civilización y barbarie, [10] y vehiculiza la imagen de “dos países”, de dos Argentinas en una oposición que debe ser pensada como una contradicción inherente de la argentinidad y no como una simple descripción del país, sea sociopolítica o geográfica (Armony, 2000: 44). Esta metáfora política es una de las temáticas fundadoras de este país y tanto Carlos Menem como Néstor Kirchner la utilizaron y resignificaron según los fines que se propusieron: justificar el modelo de sociedad que cada uno de ellos presentó a los argentinos.


2.1. Decadencia y grandeza de la Argentina
En el contexto de crisis precedentemente descrito y de desencanto de la población, Carlos Menem ha movilizado particularmente dos imaginarios y sus corolarios. Estos imaginarios están en contacto directo y activo con las representaciones compartidas y reposan entonces en un acuerdo previo. En efecto, el hecho de tomar en cuenta las opiniones del otro, del auditorio [11] es una condición sine qua non de la eficacia discursiva (Amossy, 2006: 44); es por ello que uno de los medios utilizados por Carlos Menem para persuadir y convencer, y así conquistar una legitimidad, fue apoyarse en la doxa u opinión común.
    Luego de una campaña llamando a salvar la patria en peligro, bajo el telón de fondo de un imaginario colectivo que nos reenvía a su edad de oro, ubicada en el pasado (cuando Argentina era el granero del mundo), Menem continúa exaltando este imaginario de la decadencia en sus discursos presidenciales: “Si la Argentina no está donde debe estar, no es por culpa del país sino por responsabilidad de los argentinos” [12] y propone así “el renacimiento del país”. El imaginario de la decadencia de la Argentina, en paralelo con el mito de la grandeza de este país, ha constituido el punto de partida de su retórica, el acuerdo previo sobre el cual se apoya. Las referencias a estos dos imaginarios son recurrentes en la integridad del corpus analizado y ponen en escena la imagen de dos países en conflicto permanente; [13] conflicto entre el país que existió y aquel que existe actualmente y, además, entre este último y aquel que debería existir.
    La representación de la Argentina como una entidad que existe por fuera de sus habitantes recupera la idea de la responsabilidad de los argentinos, y no del conjunto del país; es entonces a causa de los argentinos que la nación no ha realizado, hasta ahora, su destino de grandeza y no ocupa el lugar que merece; es decir, ser una de las grandes potencias y jugar un rol en el concierto de las naciones. Carlos Menem parte entonces del acuerdo previo de la Argentina como par de los grandes del mundo, y para que ello se realice, propone refundar la nación con el fin de construir el país “que merecemos”, para alcanzar el “destino de grandeza” –expresiones recurrentes en el conjunto del corpus estudiado– al que el país está predestinado; conquista que él preconiza desde 1989: “El mundo está convocando a la Argentina para cumplir con el protagonismo que nuestra mejor tradición histórica nos traza, y que nuestras necesidades de desarrollo e integración nos mandan” (8 julio 1989).
    El slogan “Argentina, levántate y anda” (8 mayo 1989, 1 marzo 1990), que marca el ritmo como una letanía en su discurso inaugural de 1989, es también revelador de la voluntad de que la Argentina recupere su lugar y de los medios discursivos utilizados por Menem. En este caso, es a través de la grandilocuencia, el énfasis de su estilo político, noción que nos remite a la tradición de la retórica entendida como “procedimiento de estetización del discurso” (Maingueneau, 2002: 220), que dicho líder pudo revitalizar estas representaciones y fundar un imaginario que puede denominarse como propiamente menemista. La grandilocuencia del estilo político de Menem se respalda igualmente en la utilización de un vocabulario bíblico: la Argentina recuperará su lugar gracias a la acción y la voluntad de su presidente, quien encarna, en este caso, la figura del Mesías salvador. [14]
    Carlos Menem busca así reforzar su retórica a partir de la utilización de argumentos de autoridad. Según la tipología propuesta por Philippe Breton (2006:42), “la familia de argumentos de autoridad comprende todos los procedimientos tendientes a movilizar una autoridad, positiva o negativa, aceptada por el auditorio y que defiende la opinión propuesta o a criticarla”. Sus referencias a los grandes hombres de la historia argentina y latinoamericana pueden ser analizadas en este sentido:


Les dije en la campaña electoral que me siguieran, ahora les digo que los estoy acompañando, vamos todos juntos en esta tarea de reconstruir la Patria grande con que soñaron nuestros prohombres, San Martín, Belgrano, y todos aquellos que transitaron gloriosamente por los anchos territorios de la Patria con un grito de libertad, de independencia, de trabajo. (8 julio 1991)

    Este extracto pone en escena a dos héroes de la Independencia, y gracias al prestigio del que gozan estas figuras, la referencia no puede sino encontrar un eco favorable en la sociedad y exaltar una vez más el sentimiento de pertenencia del pueblo argentino a su Patria, la cual debe refundarse, como lo hicieron los padres fundadores, para poder restaurar su destino de grandeza.


2.2. Demonización del pasado y re-dignificación de los argentinos
Si bien los dos presidentes postularon el mito de la grandeza del país, Néstor Kirchner, al contrario de Menem, no ha buscado poner de relieve la responsabilidad de los argentinos sino que, definiendo un movimiento opuesto, buscó devolverle la dignidad al pueblo demonizando el pasado del país. Así, en su discurso de investidura, anuncia:


Concluye en la Argentina una forma de hacer política y un modo de cuestionar al Estado. Colapsó el ciclo de anuncios grandilocuentes, grandes planes seguidos de la frustración por la ausencia de resultados y sus consecuencias: la desilusión constante, la desesperanza permanente. (25 mayo 2003)

    Acá, las referencias a Carlos Menem y a la década de los años noventa son explícitas; este extracto da nacimiento a una díada antitética, símbolo de la ideología kirchnerista. [15] En el conjunto del corpus estudiado, Néstor Kirchner rechaza el pasado y, más particularmente, el gobierno de Carlos Menem gracias, entre otros, al pensamiento antitético que le permite hacer la economía de una demostración (Angenot, 1995: 117) y que atesta, al mismo tiempo, la existencia de la dicotomía Menem/Kirchner o “ellos”/“nosotros”. Esta estrategia demuestra que Kirchner ha sabido adaptarse al contexto de recepción de su época [16] donde la figura de Menem sufría un fuerte descrédito. [17] En efecto, a pesar de que este último haya obtenido la victoria en el primer turno de las elecciones presidenciales de 2003, las intenciones de voto, de cara a la segunda vuelta, mostraron claramente que su figura era rechazada por la mayoría de la ciudadanía que veía en él un símbolo deshonroso del pasado.
    Esta demonización de la época menemista es acompañada por una voluntad de devolverle la dignidad al pueblo argentino a partir de la movilización del imaginario de grandeza, ya no de la Argentina, sino de los argentinos en tanto entidad colectiva. Partiendo del reconocimiento de los desafíos que el país debe considerar y del hecho de que la democracia no pueda ser la solución inmediata de todos los males de la sociedad, exhorta a los argentinos a tomar conciencia de la situación: “[l]os argentinos tenemos que dejar de […] creer que nos podemos salvar de un día para otro” (4 noviembre 2003). Al mismo tiempo, los incita a transformarse en protagonistas de esta Argentina “que nos merecemos”: [18]


Claro que venimos de una situación límite, pero es hora también de que en la Argentina tengamos clara memoria de las cosas que nos han pasado, pero no desde el patrioterismo vacío, sino que desde el sentido de Patria, lleno de dignidad, de justicia y de inclusión, podamos decir que lo que los argentinos pretendemos es tener una Patria, un hogar y una bandera que nos cobije a todos. (11 marzo 2004)

    Mediante un efecto de encuadre de lo real, Néstor Kirchner amplifica los atributos de los argentinos en términos de dignidad [19] y de justicia, considerados por él como los más determinantes. Kirchner quiere entonces devolverles su status, dignificarlos, prueba de la voluntad de este presidente de restaurar la confianza del pueblo en sí mismo, pero también en la figura de presidente puesto que “podemos tener un mejor destino como país, si creemos en nosotros mismos y en la fuerza que podemos activar trabajando en pos de un objetivo común” (3 marzo 2005).
    Si Carlos Menem, a través de un procedimiento de personificación del país, pone en escena una Argentina poderosa que va a encontrar el lugar que le pertenece en el concierto de las naciones desarrolladas, buscando una identificación de los argentinos con su país, el análisis del corpus kirchnerista nos revela un proceso contrario: es gracias a los argentinos que este país merecerá de nuevo ser vivido.


3. Institución de la modernidad

La estrategia de Carlos Menem y Néstor Kirchner residió entonces en la movilización de imaginarios instituidos, es decir preexistentes al contexto de enunciación, los cuales, si han podido o no ser resignificados, nos reenvían no obstante a una tradición conocida por el conjunto de los argentinos, tal como es la imagen sarmientina de Civilización y Barbarie de la cual se desprende el imaginario del destino de grandeza de este país. Sin embargo, si estos dos presidentes se basaron en representaciones colectivas preexistentes a su enunciación, ambos buscaron al mismo tiempo construir otras nuevas a través de un proceso de influencia social recíproca, atestiguando una visión del mundo particular, y esto principalmente en un contexto de salida de crisis, el cual “requiere la creación de nuevas formas imaginarias de significación” (Laclau, 2006: 51).
    En este marco, la distinción establecida por André Corten entre imaginario instituido e imaginario instituyente se nos revela claramente pertinente en el hecho de que el primero está determinado y sujeto a fluctuaciones, a desplazamientos de sentido, mientras que el segundo es del orden de lo indeterminado, de lo imprevisto, lo que permite el surgimiento de la alteridad (Corten, 2006). De esta forma, el imaginario instituido nos reenvía a las significaciones existentes de manera estable pero no fijas en una sociedad determinada, y el imaginario instituyente se corresponde con la institución de nuevas significaciones que vienen a modificar las fronteras del sentido que una sociedad se da a sí misma. Sin embargo, los límites entre el imaginario instituido y el imaginario instituyente son porosos: “Los imaginarios instituyentes […] están siempre en relación con los imaginarios instituidos […], pero hacen aparecer algo que no es inmediatamente visible” (Corten, 2008: 33).
    Nos concentraremos aquí en caracterizar el imaginario de la modernidad que estos presidentes intentaron instituir durante los dos primeros años de sus gestiones, en un contexto de crisis generalizada y de un progresivo retorno al orden. Dicho imaginario se corresponde


con un conjunto de representaciones que los grupos sociales construyen a propósito de la forma bajo la cual ellos perciben y juzgan su momento presente, en comparación con el pasado, atribuyéndole un valor positivo, aunque el mismo sea objeto de crítica. Se establece entonces la hipótesis de que los grupos sociales se dotan de un imaginario de modernidad en cada momento presente de su historia, siempre en comparación con una época precedente, y buscan legitimarlo: se juega cada vez la legitimidad de una forma de ser y vivir, de una nueva visión del mundo. (Charaudeau, 2005: 166)

3.1. Entre tradición y modernidad
Para Carlos Menem, la institución de un imaginario de la modernidad pasó por la transformación y la re-significación de la herencia peronista en el contexto del giro neoliberal que ha conocido América latina en los años noventa. En efecto, el caudillo riojano se basa en esta herencia para fundar un nuevo orden, un nuevo modelo de sociedad para así legitimar sus elecciones y sus acciones. Esto es explícito en el extracto siguiente, en el que, situándose en una línea de continuidad con el peronismo histórico, se pone en escena la figura de Perón, planteando lo que habría dicho el líder supremo si se hubiera confrontado a la realidad de la Argentina contemporánea, y afirma que “sería traicionar la memoria de nuestro líder, burlar la voluntad de adaptación, cambio y actualización que permanentemente el general Perón buscó insuflarnos a lo largo de su vida” no afrontar los desafíos del presente (19 junio 1990). Si adherimos a la hipótesis según la cual el menemismo sería una estrategia reformista que combina elementos de continuidad y ruptura respecto del peronismo, Carlos Menem “está obligado a demostrar que ‘Perón hubiera hecho lo mismo que él’ y, al mismo tiempo, que poco tenía que ver lo que hacía con ‘el peronismo del ‘45’” (Novaro, 1995: 47). De esta manera, basándose en un principio que Perón habría tomado como propio, Menem legitima sus acciones y ubica a sus detractores en una posición de alteridad. Esta puesta en escena le permite justificar y legitimar políticas innovadoras, en un contexto de crisis, pero también beneficiarse de la subjetividad inherente al voto peronista ligada al sentimiento de pertenencia partidaria aún vigente en el contexto de los años noventa.
    Un análisis del universo semántico predominante en el corpus seleccionado [20] revela las elecciones de Menem en relación con el modelo de sociedad en esta Argentina en crisis, así como sus posicionamientos ideológicos. Este universo está relacionado con la transformación del país, de hecho el segmento repetido “transformación nacional” aparece 18 veces. Las ocurrencias de la familia etimológica de la transformación aparecen en 92 oportunidades en los discursos analizados; del cambio, 68; de la reforma –ya sea del Estado o del mercado–, 46; de la construcción, 44; de la consolidación –familias de palabras del término “fortalecer” pero también “consolidar”–, 32; de la recuperación, 23. Este universo semántico nos reenvía también a la idea de la revolución, que se repite en el corpus 16 veces. Luego de haber impuesto como tema central de sus discursos la exigencia absoluta de transformar el país, que podríamos llamar una retórica de la necesidad, él define los grandes ejes de esta revolución: hacer “una revolución productiva”, “reformar el Estado y el mercado” y llegar “a la estabilidad política y económica”. Su objetivo último es el establecimiento de un “capitalismo humanizado”, fórmula propiamente menemista: “[e]ste nuevo modelo, está perfectamente definido. Aspiramos a construir un capitalismo humanizado, decente, eficiente, y competitivo” (1 mayo 1990) a partir de la instauración de una “economía popular de mercado” (8 julio 1991). [21]
    El tema de la inserción de la Argentina en el mundo es también emblemático de este nuevo modelo de sociedad simbolizado en la adopción por parte del Congreso nacional de la ley de convertibilidad, mediante la cual se establece la paridad entre la nueva moneda argentina y el dólar estadounidense, el primero de abril de 1991. Carlos Menem explica la elección, o mejor dicho la necesidad, de este nuevo modelo de sociedad dada la adaptación imperiosa de Argentina al nuevo contexto mundial. Es por ello que se burla de sus detractores y rechaza los planteos opositores:


No nos quedamos petrificados en el mundo de 1945, aunque hemos escrito una rica historia en aquellas épocas; ni en el mundo de 1973, cuando sufrimos la tremenda consecuencia del desencuentro de los argentinos; ni en el mundo de 1983. (17 noviembre 1989)

De esta forma, se diferencia del primer peronismo, del peronismo de los años setenta y del alfonsinismo que no han sabido o podido consumar la entrada de la Argentina al grupo de las potencias mundiales. Lo más importante para Carlos Menem era demostrar una personalidad que se corresponda con las expectativas supuestas de los argentinos, [22] es por ello que su discurso pone en escena la imagen de una Argentina fuerte con el objeto de presentarse a sí mismo como un líder con fuerza y decisión, y suscitar un proceso de identificación entre su persona y el pueblo, buscando una correspondencia entre su auditorio y esta visión de las cosas.


3.2. Reutilización de una tradición pasada
El modelo de sociedad que Néstor Kirchner quiso imponer en la Argentina de principios del siglo XXI se opuso diametralmente a aquel puesto en marcha por Carlos Menem. Si este último le otorgó un lugar central al peronismo histórico, a sus figuras más representativas y a una clásica valorización de los más humildes, Néstor Kirchner se presentó como el símbolo de un nuevo orden: “Por mandato popular, por comprensión histórica y por decisión política, ésta es la oportunidad de la transformación, del cambio cultural y moral que demanda la hora. Cambio es el nombre del futuro” (25 mayo 2003). De esta forma, desde su investidura, Kirchner afirmó su intención de hacer tábula rasa del pasado e instaurar un nuevo modelo de sociedad ubicado en las antípodas o, al menos, en claro desfasaje respecto del menemista.
    Al igual que en los discursos de Carlos Menem, el universo semántico del cambio está claramente presente en el corpus kirchnerista, [23] pero cabe remarcar que el vocabulario utilizado es otro. En efecto, la familia etimológica de la construcción (144), del cambio (120) y de la recuperación (57) está sobre-representada, mientras que aquella referida a la transformación (15) y a la reforma (10) está sub-representada, sin que se registre ninguna ocurrencia del término “revolución”. La presencia de numerosas ocurrencias de estas familias etimológicas demuestra el hecho de que estos dos líderes tuvieron una voluntad refundacional buscando imponer su propio modelo de sociedad. A diferencia de Carlos Menem, el cambio que quiso instaurar Kirchner pasa por la recuperación del rol del Estado:


Es el Estado el que debe actuar como el gran reparador de las desigualdades sociales en un trabajo permanente de inclusión y creando oportunidades a partir del fortalecimiento de la posibilidad de acceso a la educación, la salud y la vivienda, promoviendo el progreso social basado en el esfuerzo y el trabajo de cada uno. (25 mayo 2003)

    Esta primacía acordada al Estado, a la política social y a la búsqueda de un modelo económico capaz no solamente de producir crecimiento, sino también de generar puestos de trabajo, de mejorar la educación y la salud, de reducir la pobreza y la indigencia, recupera de una cierta forma la ideología del primer peronismo puesto en marcha a fines de los años cuarenta. De hecho, en ciertos discursos Néstor Kirchner señala que su proyecto debe ser considerado en continuidad con lo realizado por los grandes hombres de la Argentina. En uno de sus discursos de campaña para las elecciones legislativas de 2005, llama a las nuevas generaciones “a construir el país que soñaron San Martín, el general Perón y la inolvidable, la guía espiritual que siempre será Eva Perón” (11 agosto 2005). Retoma acá la herencia, no del peronismo histórico, sino del de los años setenta, el de los jóvenes movilizados en esta época y perseguidos por la dictadura, y cuyas ideas y convicciones llegan al gobierno gracias a la mediación de Néstor Kirchner. De esta manera, a diferencia del corpus de Carlos Menem, la tradición peronista que se recupera no es aquella propia del peronismo de los dos primeros mandatos de Juan Domingo Perón (1946-1955), sino la que nos remite más bien a la Juventud Peronista de la que Néstor Kirchner fue miembro durante sus años universitarios, a toda una generación de militantes de la izquierda peronista más o menos activos durante esa época, tal como lo muestra el extracto siguiente:


Era el 11 de marzo del 73, una generación de argentinos nos incorporábamos a la vida democrática con la fuerza y el deseo de construir un nuevo país. Después nos tocó vivir tantas cosas, nos tocó pasar tantos dolores, nos tocó ver diezmada esa generación de argentinos que trabajaba por una Patria igualitaria, de inclusión, distinta, una Patria donde no sea un pecado pensar, una Patria con pluralidad y consenso como el que tenemos hoy aquí. (11 marzo 2004)

    Néstor Kirchner hace acá referencia a las elecciones que vieron la victoria de Héctor José Cámpora el 11 de marzo de 1973 con 49,5% de los sufragios con la sigla del FREJULI (Frente Justicialista de Liberación), en un contexto de proscripción de la candidatura de Juan Domingo Perón. La Juventud Peronista y la organización Montoneros participaron activamente en esta campaña electoral en la que reivindicaron el hecho de que “el poder que había permitido al peronismo retomar el gobierno tras diecisiete años de proscripción era el de la movilización popular canalizada y conducida por la guerrilla” (Novaro, 2010: 120). A través de un procedimiento de reconfiguración, de inversión del anclaje de la izquierda peronista histórica, en contradicción con los valores que encarnó tradicionalmente en relación con la reivindicación de la violencia revolucionaria, Kirchner relaciona a esta generación con una axiología democrática, alabando la democracia, la igualdad, la pluralidad, en un intento de darle a esta generación el lugar que merece, de reactivar la dinámica del peronismo de izquierda pero en un nuevo contexto. Cabe también notar que el empleo de un nosotros inclusivo demuestra que Kirchner se reconoce como miembro de esta generación y se presenta como el vocero de los valores que se le son atribuidos.


4. Conclusión

El discurso político siempre se apoya en una tradición, pero al mismo tiempo crea poco a poco su propia tradición, de ahí que la capacidad instituyente de la retórica de Carlos Menem y de Néstor Kirchner se nos presente como un punto muy importante de análisis. La puesta en paralelo de estos dos corpus nos revela entonces que estos presidentes se apoyaron en imaginarios preexistentes o instituidos, que se pretenden compartidos por todos, re-significándolos e instaurando al mismo tiempo un nuevo modelo de sociedad. Carlos Menem ha demostrado de este modo su capacidad para realizar una síntesis entre peronismo y neoliberalismo partiendo del imaginario de la grandeza de la Argentina en un contexto de “decadencia”. Néstor Kirchner, por su parte, ha transferido este mito de la grandeza del país a los argentinos recuperando el imaginario de la generación de los años setenta y valorizando principios políticos asociados tradicionalmente con la cultura de la izquierda. De esta manera, logró encarnarse al mismo tiempo como el representante de una “nueva generación” y el heredero de una memoria política y social que el menemismo había desatendido. La comparación entre los discursos de estos dos presidentes revela dos discursos antagónicos en lucha por la definición de la misma realidad, dos discursos de refundación entre un pasado demonizado y la promesa de un futuro glorioso.
    El análisis de la retórica de estos dos presidentes en términos de imaginarios instituidos e instituyentes, en esta oportunidad el imaginario de la Argentina en tanto país potencia y aquél de la definición de una nueva modernidad, nos permitió distinguir algunos de los rasgos del menemismo y del kirchnerismo como configuraciones de un nuevo ser y de un vivir-juntos. Además, esto nos permitió igualmente trazar un breve retrato del estilo de estos dos hombres políticos durante sus dos primeros años de mandato. En este sentido, el primero se caracterizó principalmente por su voluntad y su capacidad de adaptación a su auditorio, cualquiera fuera éste, y por la ambigüedad de sus mensajes, estrategia de la que Menem hizo uso y abuso, de manera conciente o no, durante el conjunto de sus mandatos, como bien lo destaca este extracto reproducido en el diario Clarín: “no hay una sola contradicción en todo lo que vengo diciendo en muchos años; no he variado en lo más mínimo mi línea de pensamiento, tengo una mente muy sistematizada y me cuido de incurrir en el campo de las contradicciones” (22 noviembre 1988); el segundo buscó construir y consolidar su figura como anti-Menem, punto de partida de la institución de un nuevo imaginario de la modernidad, polarizando la sociedad entre los argentinos y los culpables de ayer y hoy.


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MENEM, Carlos Saúl. Discurso del señor presidente de la Nación, doctor Carlos Saúl Menem, en el acto del 40 aniversario de la Comunidad Organizada, realizado en Mendoza, Presidencia de la Nación, 17 de noviembre de 1989.

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MENEM, Carlos. Saúl. Palabras en la marcha por el Sí a las Privatizaciones y a la Reforma del Estado en la Plaza de Mayo, Presidencia de la Nación, 6 de abril de 1990.

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MENEM, Carlos Saúl. Discurso sobre Reforma del Estado y Transformación Nacional, Presidencia de la Nación, 1 de agosto de 1990.

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MENEM, Carlos Saúl. Discurso con motivo de la finalización del año y el inicio del nuevo, Presidencia de la Nación, 30 de diciembre de 1990.

MENEM, Carlos Saúl. Mensaje Presidencial a la Asamblea Legislativa, Presidencia de la Nación, 1 de mayo de 1991.

MENEM, Carlos Saúl. Discurso del señor presidente de la Nación, doctor Carlos Saúl Menem, en el acto de cierre del Encuentro Nacional sobre Juventud y Empleo, Presidencia de la Nación, 28 de mayo de 1991.

MENEM, Carlos Saúl. Discurso desde los balcones de la Casa de Gobierno de Tucumán, con motivo de cumplirse dos años de mandato constitucional, Presidencia de la Nación, 8 de julio de 1991.

MENEM, Carlos Saúl. Palabras en el acto de la firma de Acuerdo para la Reconversión y Crecimiento de la Producción Industrial Argentina, Presidencia de la Nación, 30 de agosto de 1991.

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KIRCHNER, Néstor. Palabras del presidente Néstor Kirchner en el acto de presentación del decreto “mejora de la calidad de la democracia y de sus instituciones”, Presidencia de la Nación, 3 de diciembre de 2003.

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KIRCHNER, Néstor. Discurso del presidente Néstor Kirchner ante la Asamblea Legislativa en la apertura de las 123º sesiones del Congreso, Presidencia de la Nación, 1 de marzo de 2005.

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KIRCHNER, Néstor. Palabras del presidente Néstor Kirchner en el acto de presentación de los resultados de adhesión al canje de la deuda argentina, Presidencia de la Nación, 3 de marzo de 2005.

KIRCHNER, Néstor. Palabras del presidente Néstor Kirchner en el acto de rendición de cuentas de gestión 2004-2005, Presidencia de la Nación, 20 de julio de 2005.

 

 

RECIBIDO: 24/07/2012 | ACEPTADO: 06/10/2012


 


[1] Una versión preliminar de este trabajo fue presentada en las Segundas Jornadas Latinoamericanas de Investigación en Estudios Retóricos que tuvieron lugar entre los días 21 y 23 de mayo de 2012 en la Universidad Autónoma de México, México DF. Cabe aclarar también que este trabajo se inscribe en el marco de mi investigación doctoral sobre los antagonismos fundadores del menemismo y del kirchnerismo.

[2] Más allá del contexto de crisis, cabe mencionar que el traspaso del poder llevado a cabo entre el ex presidente Raúl Alfonsín y Carlos Menem fue la primera sucesión constitucional desde 1928, siendo además la primera vez, desde 1916, que un presidente entrega el poder a otro de la oposición (Romero, 2001: 269).

[3] A fines del año 2001, el presidente Fernando de la Rúa anunció la instauración del estado de sitio, medida extraordinaria que fue el desencadenante de una revuelta popular que conmovió a la Argentina por esos años. Ese mismo día, el 19 de diciembre, una multitud de gente decidió salir a las calles de Buenos Aires y ocupó la Plaza de Mayo, desafiando abiertamente la autoridad presidencial y reclamando su renuncia al grito de “¡Que se vayan todos!”. Luego de que la misma fuera aceptada por el Parlamento, fue Ramón Puerta, presidente del Senado y gobernador de la provincia de Misiones, quien asumió la presidencia interina; este interregno duró apenas 48 horas. El Congreso decidió su reemplazo por Adolfo Rodríguez Saá, gobernador de la provincia de San Luis, pero el 30 de diciembre éste presentó su renuncia. El interinato fue ocupado entonces por el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Camaño. Fue en este contexto de crisis que Eduardo Duhalde accedió al gobierno permitiéndole al Partido Justicialista asegurar la continuidad del sistema político. En efecto, el 1 de enero de 2002, el mismo fue mandatado por la Asamblea legislativa para ejercer la presidencia de la República Argentina hasta diciembre de 2003.

[4] Todas las citas en francés fueron traducidas por nosotros.

[5] En 1991, las elecciones de término medio se realizaron de manera escalonada desde el 11 de agosto hasta el 1 de septiembre en un marco donde se renovaron todos los cargos a gobernador y numerosos puestos en el plano provincial y municipal. Según el Ministerio del Interior, el Partido Justicialista ganó ampliamente estos comicios obteniendo el 40,22% de los votos en las elecciones legislativas. De la misma forma, el 23 de octubre de 2005 tuvieron lugar las elecciones para renovar la mitad de la Cámara de Diputados (127) en las 24 provincias del territorio nacional, un tercio de la Cámara de Senadores (24) en ocho provincias, así como 330 legisladores de diferentes niveles en trece distritos electorales. En ella, el Frente para la Victoria se alzó con el triunfo alcanzando cerca de un 40% de los votos en el plano nacional (Fuente: Ministerio del Interior, República Argentina).

[6] Según la definición propuesta por Chaïm Perelman y Lucie Olbrechts-Tyteca, para quienes “el objeto de esta teoría es el estudio de las técnicas discursivas que permiten provocar o aumentar la adhesión del auditorio a las tesis que se presentan para lograr su consentimiento” (2008: 5).

[7] Desarrollado por el equipo de investigación SYLED-CLA2T de la Universidad de Paris 3; Lexico 3 está disponible en el sitio de internet http://www.tal.univ-paris3.fr/

[8] “La institución de la sociedad es cada vez la institución de un magma de significaciones que es sólo posible en y por su instrumentación en dos instituciones fundamentales que la hacen ser una organización identitaria-conjuntista de lo que es para la sociedad. La institución instrumental del legein es la institución de las condiciones identitarias-conjuntistas del representar/decir social. La institución instrumental del teukhein es la institución de las condiciones identitarias-conjuntistas del hacer social” (Castoriadis, 1975: 494).

[9] Aunque este trabajo se centra sobre el caso argentino, el “mito de destino”, de “país rico y poderoso”, está presente también en diferentes países como, por ejemplo, en México (Salmerón Sanginés, 2003) y en Venezuela (Hurtado, 2001).

[10] La imagen sarmientina de “civilización o barbarie”, entre la Nación civilizada de Buenos Aires y la barbarie de la población de origen indio, rural y provincial, presentada en su célebre obra Facundo tiene una importancia crucial para la Argentina, siendo uno de los mitos fundadores del país. Para una mayor información sobre este tema, cfr. Svampa (2006).

[11] Lo dicho nos remite a la “teoría del auditorio universal”, desarrollada por los filósofos de la antigüedad, como Aristóteles en su Retórica. De acuerdo con Perelman, el auditorio universal, tanto en la práctica común como en el pensamiento filosófico, está constituido “por cada uno, a partir de lo que sabe de sus semejantes con el fin de superar algunas de las oposiciones de las que tiene conciencia. Así, cada cultura, cada individuo tiene su propia concepción del auditorio universal” (2008: 43) y el orador se ve obligado a adaptarse a él en su intento de poder convencer y lograr la adhesión.

[12] Carlos Saúl Menem, Mensaje presidencial del Dr. Carlos Saúl Menem a la Honorable Asamblea Legislativa, en la apertura del 107° período de sesiones ordinarias, 8 julio 1989. (Las referencias a los discursos serán desde ahora señaladas en el texto por su fecha; para más información ver en el anexo: corpus seleccionado).

[13] Cabe remarcar que las fronteras entre estos “dos países” son poco nítidas y cambiantes, y que estas representaciones han sido a menudo instrumentalizadas de manera diferente en el curso de la historia del país, en función del contexto y de la acción del líder.

[14] Para una mayor información sobre la figura crística de Carlos Menem, ver Donot (2012). Además, nuestra investigación en curso se interesa, entre otros temas, en el estudio de los diferentes ethè de Carlos Menem, uno de cuyos ejemplos es precisamente la figura del Mesías salvador.

[15] Como afirma Marc Angenot “[t]oda ideología es principalmente un mecanismo de significación que culmina generalmente en la construcción de parejas primarias fundamentales de las cuales se deriva un conjunto de de proposiciones epistémicas y de reglas de praxis” (1995: 113).

[16] Es decir, al “conjunto de opiniones, de valores, de juicios que comparte un auditorio determinado que son previas al acto de la argumentación y que van a jugar un rol en la recepción del argumento, en su aceptación, su rechazo o la adhesión variable que puede provocar” (Breton, 2006: 19).

[17] En efecto, la entrada en funciones de este gobierno ha provocado una redefinición de las preferencias ciudadanas. Numerosos electores declaraban haber votado por Kirchner a pesar de que ello no era cierto. Una encuesta de Enrique Bollati y Asociados, realizada en la provincia de Mendoza, y publicada en el periódico Los Andes el 31 de agosto (“Amplia ventaja del PJ sobre la UCR”), es reveladora de este voto virtual. En esta provincia el primer lugar en las elecciones presidenciales fue ocupado por Adolfo Rodríguez Saá con el 36,68%, el segundo lugar lo ocupó Ricardo López Murphy con el 19,33% de los sufragios, Carlos Menem obtuvo el tercer lugar con el 19,13% y Néstor Kirchner el cuarto con 9,71%. Pero la mayoría de los entrevistados dice haber votado por Kirchner, alcanzando un porcentaje del 27,6%, por Rodríguez Saá en un 24,5% y, finalmente, por Carlos Menem en un 8,4%. Estas encuestas respaldan la tesis del espiral del silencio de Noelle-Neumann (1993), según la cual los individuos tienen la tendencia a expresar su opinión sólo si ella coincide con la opinión mayoritaria.

[18] Es interesante notar que la expresión “el país que merecemos” se declina bajo diferentes variantes en los dos corpus analizados, prueba de la presencia del mito del destino de grandeza al cual el país estaría predestinado tanto en el discurso de Menem como en el de Kirchner.

[19] Para una mayor información sobre el tema de la dignidad en tanto elemento central de la economía moral del peronismo histórico, se puede consultar el trabajo de James (1990).

[20] El corpus de Carlos Menem contiene 42.825 ocurrencias, 7.072 formas y 3988 hápax.

[21] Si Carlos Menem logró imponer estos nuevos postulados en la Argentina de principios de los años noventa, la instauración de este modelo de sociedad dio cuenta, por una parte, de la acción de la voluntad personal del líder, y por otra parte, del contexto de crisis tanto en el plano nacional como también en el escenario latinoamericano. En efecto, durante la década de los años noventa, se establecieron, en numerosos países de América latina (Rouquié, 1998), los preceptos preconizados por el Consenso de Washington: política de privatizaciones, de desregulación, de reducción de los déficits presupuestarios y de apertura de las economías nacionales para favorecer su inserción en un mundo globalizado en paralelo con el fin del intervencionismo estatal en numerosos sectores de la producción.

[22] “El poder de persuasión de un discurso se corresponde por una parte con el hecho de llevar al lector a identificarse con la puesta en movimiento de valores socialmente especificados” (Maingueneau, 2007: 70).

[23] El corpus kirchnerista contiene 50.970 ocurrencias, 7.757 formas y 4.319 hápax.