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Contra la ocupación extranjera de Rogelio García Lupo: una mirada desde lo hegemónico y heterónomo

Contra la ocupación extranjera by Rogelio García Lupo: a view from the hegemonic and the heteronomous

Andrés Buisán

Universidad de Buenos Aires

(Argentina)
buisanandres@gmail.com

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Resumen

El presente artículo es un análisis del libro Contra la ocupación extranjera de Rogelio García Lupo a partir de la teoría del Discurso social de Angenot. Nuestro trabajo persigue dos objetivos: por un lado, indagamos en dicho texto la posibilidad de emergencia de un discurso disidente; y por el otro lo utilizamos para reflexionar sobre las categorías teóricas de lo hegemónico y heterónomo. En este sentido, arribamos a una doble conclusión. Respecto del libro de García Lupo, observamos que si bien se plantea como un contra-discurso, no deja de estar cooptado por los mecanismos reguladores de la hegemonía. Sobre el segundo aspecto, creemos que el estudio de los géneros discursivos puede ser un aporte que nos aproxime al discurso hegemónico, mientras que el análisis de figuras retóricas nos acerque a lo heterónomo.

Palabras clave: discurso social – hegemonía – heteronomía- género discursivo – figuras retóricas.

Abstract

This document is an analysis of one of Rogelio Lupo’s book, Contra la ocupación extranjera, starting from Angenot’s Social Discourse theory. With our investigation we seek for two aims: on the one hand, we investigate the above-mentioned Lupo’s text to find the possibility of a dissident discourse emergency; on the other hand, we make use of the same text to think about the theoretical categories of “the hegemonic” and “the heteronomous”. In this sense, we reach the same conclusion. As regards García Lupo’s book, we remark that although the text is set out as a counterdiscourse, it is still co-opted for the same hegemonic regulatory mechanisms. As for the hegemony-heteronomy reflexions, we firmly believe that the study of the discursive genres may be a contribution to be closer to the hegemonic discourse, whereas the rhetoric figures analysis will bring us nearer to “the heteronomic”.

Keywords: social discourse – hegemony – heteronomy – discursive genre – rhetoric figures.


Quizás haya en esa correcta escritura revolucionaria,
el sentimiento de la impotencia para crear ya una escritura.
Roland Barthes, El grado cero de la escritura.

Introducción

Los acontecimientos centrales que marcaron la década de 1960 en la Argentina fueron, en primer lugar, la Revolución Cubana y el progresivo cuestionamiento a la proscripción del peronismo; luego los movimientos de liberación, como el de Argelia, y las revueltas de 1968, como el mayo francés. Todos ellos contribuyeron a la constitución de un fuerte activismo y compromiso social, que tuvo la particularidad de reunir, debido a las mismas ansias de emancipación, a sujetos provenientes de múltiples sectores políticos, por ejemplo nacionalistas, marxistas, católicos, entre otros. Esto llevó a que se conformaran grupos a partir de lo que María Matilde Ollier (1998) denominó un “eclecticismo ideológico”.
    En junio de 1966 se produce un nuevo golpe de Estado, autodenominado “Revolución Argentina”, que destituye a Arturo Illia. Ese mismo día se da a conocer un estatuto homónimo que explica los motivos y sienta las bases programáticas del gobierno de facto, cuyo presidente sería el general Juan Carlos Onganía. De esta manera se inaugura un período marcado por un fuerte autoritarismo político y un profundo liberalismo económico (Anzorena, 1998). [1]
    La dictadura pretendía sustituir la política por la “pura” administración, es decir, quería establecer un gobierno tecnócrata, cuya meta principal era la modernización y racionalización tanto de la producción como del propio aparato estatal. Onganía, que pertenecía al “sector azul” del ejército, se presentó como un presidente “apolítico”, [2] a pesar de haber adherido a la Doctrina de Seguridad Nacional.
    Si bien al principio Onganía logró cierta estabilidad económica y “paz social” debida a la crisis de la dirigencia sindical y política, [3] la liberalización de la economía, la represión política y la racionalización fueron generando un descontento social, que se manifestó en el Cordobazo y en la creciente radicalización ideológica, expresada en el surgimiento de grupos guerrilleros y fundada en la concepción de que la violencia era el único camino para la transformación. Los artículos de García Lupo que conforman el corpus del presente trabajo aparecen durante este período en que se pasó de la estabilidad económica al descontento social y a la posterior radicalización, es decir están marcados por el surgimiento de una protesta social generalizada que, en su origen, no fue partidaria.


Corpus

El presente trabajo es un análisis del libro Contra la ocupación extranjera de Rogelio García Lupo. El texto es una compilación de artículos periodísticos publicado por primera vez en 1968 en Buenos Aires, que tuvo una segunda edición en 1969 y una tercera en 1971. Estas reediciones y las fechas de los artículos reunidos de forma inmediata nos indican el interés que despertaron en su época y su trascendencia en el marco de los acontecimientos descritos con anterioridad.
    El primero de los artículos apareció el dos de diciembre de 1966 y el último el veintisiete de junio de 1968. [4] Es decir que los artículos fueron publicados durante los años de la dictadura en los que gradualmente fue creciendo el descontento social. Su publicación en forma de libro y las dos ediciones siguientes están signadas por la profundización del descontento y sus manifestaciones.


Marco teórico-metodológico

Este análisis se inscribe en la perspectiva del Discurso social elaborada por Marc Angenot. El autor propone realizar un estudio sincrónico de todos los discursos que circulan en una época o período. La propuesta de análisis implica la búsqueda de recurrencias, de temas o tópicos, en discursos de diferentes géneros o pertenecientes a diversas disciplinas, por lo que supone considerar el “diálogo de los enunciados” o interacción de los discursos, es decir las relaciones intertextuales y, entre otras cosas, observar cómo un ideologema atraviesa los diferentes discursos de una época. Este abordaje permite identificar los mecanismos reguladores propios de la hegemonía, los que definen las reglas sobre la lengua legítima, los géneros, los temas, lo argumentable, lo narrable, la representación del mundo, es decir, definen lo decible u opinable. En relación dialéctica con aquel concepto se encuentra el de heteronomía, entendida por Angenot como “aquello que en el discurso social escaparía a la lógica de la hegemonía”. Según el autor, lo heterónomo no es simplemente una “divergencia de opinión” o una “innovación formal”, sino lo que se situaría “fuera de la aceptabilidad y la inteligibilidad normales instituidas por la hegemonía” (Angenot, 2010b: 38). Lo heterónomo se define, entonces, por lo que la hegemonía vuelve ridículo, inaceptable o inadecuado.
    Lo heterónomo debería buscarse, según el autor, en los márgenes: “En la periferia de esos sectores de legitimidad dentro de un antagonismo explícito, se establecen ‘disidencias’: es allí, aparentemente, donde hay que buscar lo heterónomo” (Angenot, 2010b: 46). Los artículos de García Lupo son textos que presentan un “antagonismo explícito” contra el gobierno de Onganía. Esto es lo que nos abre la posibilidad de considerarlos como partes de un discurso disidente, es decir, heterónomos. Afirmamos, siguiendo a Angenot, que la hegemonía está constituida por mecanismos que fijan las reglas, entre otras cosas, de los géneros, los temas y lo argumentable. En este sentido, nos proponemos indagar sobre la construcción retórica de los artículos, atendiendo especialmente a su pertenencia genérica, para determinar su inscripción en lo hegemónico y heterónomo.


Análisis

    a) La claridad que alumbra lo invisible
    Los géneros discursivos fueron definidos por Bajtín (1997) como “tipos relativamente estables de enunciados”, con características propias –estructura, estilo [5] vinculados a determinadas prácticas sociales, y establecidos socio-históricamente. Los distintos capítulos que integran el libro de García Lupo pertenecen al género artículo periodístico de opinión. En este sentido, son textos argumentativos en la medida en que se proponen convencer al destinatario. En este apartado analizamos las secuencias y los recursos de escritura [6] predominantes con el objetivo de dar cuenta de la estructura y el estilo de los enunciados.
    Los artículos denuncian los negocios de las empresas de capital extranjero, en muchos de los cuales intervienen funcionarios del gobierno, ya sea por estar vinculados a ellas o porque reciben beneficios por las operaciones o transacciones. En este sentido, se utilizan las secuencias explicativas y narrativas para contar el modo de operar de las empresas y/o los negocios o “maniobras” realizados.
    Las secuencias explicativas y narrativas, en muchos casos, funcionan articuladas. Según Maingueneau (1999), “es frecuente que una estructura explicativa enmarque una secuencia narrativa. El relato aparece entonces en posición de respuesta”. Lo narrativo, entonces, es la respuesta a la pregunta explicativa que según el autor es de tipo “¿por qué? o ¿cómo?” (Charaudeau y Maingueneau, 2005: 521). Las preguntas que responden los artículos podrían formularse de la siguiente manera: ¿cómo operan los monopolios de capital extranjero?, por ejemplo en “Historia negra del monopolio eléctrico”; o ¿cómo se produjo el proceso de desnacionalización de una industria?, por ejemplo en “Los zorros del gallinero”; o ¿cómo un monopolio destruyó a los empresarios nacionales?, por ejemplo en “Cómo nos fumaron la industria del tabaco”. Los textos, entonces, explican cómo en las diferentes actividades económicas —la siderurgia, la industria automotriz, la electricidad, el petróleo, el tabaco, la industria química, entre otras— distintos funcionarios del gobierno colaboraron o dejaron de hacer para que un monopolio de capital extranjero destruya la empresa argentina o bien para pasar a manos privadas, también foráneas, actividades desarrolladas por el Estado.
    Las explicaciones, por tratarse, en muchos casos, de temas estrictamente económicos, por ejemplo relativos al funcionamiento de los bancos o a la producción de elementos que funcionan como materias primas de industrias, son complejas y parecieran exigir al lector una gran competencia en los distintos asuntos. Sin embargo, el enunciador se preocupa por asignarles un carácter didáctico para que sean fácilmente comprensibles, lo que no excluye que ello tenga un fin argumentativo. Para esto, García Lupo utiliza una serie de recursos que analizamos a continuación.
    Cuando se define un concepto, se suelen destacar unos aspectos del mismo en detrimento de otros. La explicitación de algunos rasgos posee, muchas veces, un claro interés argumentativo. Roberto Marafioti sostiene que “la definición es una figura retórica cuando lleva no a clarificar el significado de una idea sino a poner en evidencia el efecto persuasivo que se busca” (2005: 108). García Lupo define, por ejemplo, lo que es un banco destacando un aspecto negativo: “Un banco es una institución que recibe dinero ajeno y lo presta, embolsándose una ganancia o interés por el trabajo” (1971: 111). Aquí se define un concepto muy conocido, para destacar aspectos muy importantes al momento de formar un juicio sobre dicha institución: el banco obtiene su ganancia prestando dinero que no le pertenece. Sin embargo, no hay que olvidar que la definición precedente posee también una orientación explicativa debido a que menciona el funcionamiento de la institución. Esto será clave para comprender el modo de operar de los bancos de capital extranjero o de las financieras, los cuales prestan dinero a empresas que suministran servicios, cuyos dueños son los mismos, para que estas realicen inversiones, con el objeto de generar un nuevo negocio, cuya rentabilidad será dada por el consumidor al pagar sus impuestos.
    Otra definición con una clara orientación persuasiva y similar a la anterior es la que se da acerca de lo que es un monopolio. Como se observará a continuación, se describe el modo en que se constituyen:


El rasgo más característico de la evolución económica en nuestra época es la sustitución de la pequeña empresa por la gran empresa capitalista. Mientras las empresas pequeñas se hacen la competencia entre ellas, la gran empresa busca la destrucción de las demás y, cuando lo consigue, establece un dominio completo sobre todo el mercado. Esta dominación se llama monopolio (García Lupo, 1971: 89) [7]

    La descripción o caracterización es otro de los recursos usados. Este se utiliza para configurar retratos o perfiles de diversos sujetos o para mostrar una “genealogía” familiar.
    Una de las familias descritas es la “dinastía Bemberg”. Estaba compuesta, en su mayoría, por banqueros que estafaron al estado en reiteradas oportunidades exigiendo indemnizaciones por expropiaciones durante el peronismo y por multas cobradas por evasión impositiva durante el gobierno militar instaurado en 1943. Se caracteriza a sus integrantes como financistas, accionistas o dueños de grandes empresas que buscaron estafar al Estado. Al caracterizar a la familia como una “dinastía” (García Lupo, 1971: 84), se resaltan los rasgos de su poderío económico y se explicita su incidencia sobre diferentes gobiernos. [8]
    La actividad económica de la familia o de un sujeto es siempre resaltada como característica relevante y se la articula con intencionalidades políticas de acercamiento al gobierno. En “Retrato de un monopolista” se describe a José Alfredo Martínez de Hoz (h) como “estanciero y oligarca activo, es también un agente incondicional de los grandes monopolios” (García Lupo, 1971: 133), quien se mostraba ante Onganía con la pretensión de que éste lo nombrara Ministro de Economía. Se aluden además sus conocimientos sobre los caballos, los que le valieron el acercamiento al Presidente. Los saberes también son destacados en algunos retratos, por ejemplo en el de Emilio van Peborgh, de quien se dice que estudió en Harvard. Una buena síntesis que define el perfil de estos retratos se realiza en la descripción de banqueros y abogados de compañías extranjeras radicadas en el país:


Eran hombres de buenos modales, con apellidos patricios, incapaces de mezclarse en negocios domésticos ligados con el poder, pero decididos a dictar decretos exclusivos para beneficiar a los intereses de sus patrones extranjeros. (García Lupo, 1971: 82)

    En esta cita, además de la “buena formación y educación” se destaca la pertenencia a una “dinastía” u “origen noble”. A su vez, se alude a una ética inescrupulosa que asigna prioridad al interés privado, patronal y foráneo. Así el enunciador proporciona retratos de diversos sujetos que se representan como empresarios con fuertes intervenciones en la política o la economía, o funcionarios públicos relacionados con actividades privadas. Esta dualidad se observa con claridad en los epítetos [9] que el enunciador utiliza para caracterizar a altos empleados del gobierno:


Jorge Salimei, un desconocido hombre de negocios al que Onganía nombró ministro de Economía. (García Lupo, 1971: 23)
El ministro de economía del gobierno militar (K. Vasena), un testaferro de veinte corporaciones norteamericanas de primera línea. (García Lupo, 1971: 27)

    Otro recurso utilizado por el enunciador es el de la reformulación. Este recurso es definido por Maingueneau como “la transformación de una unidad discursiva de tamaño variable (de la palabra al texto) en otra que se supone semánticamente ‘equivalente’” (1999: 83). La reformulación, afirma Maingueneau, está indicada por marcadores como “es decir”, “dicho de otro modo” o “en una palabra”. Los marcadores sirven al lector para advertir la intención con que se utiliza el recurso. En los artículos trabajados, se advierte, al observar los marcadores, el uso didáctico. Por ejemplo:


El papel de esta compañía es la colocación de emisiones de acciones, prefinanciaciones y fusión de sociedades, junto con el asesoramiento bursátil. Sencillamente explicado, consiste en derivar el ahorro nacional hacia la empresa extranjera y en concertar empréstitos en el extranjero, embolsándose las correspondientes comisiones. (García Lupo, 1971: 42)

    En esta cita se observa el uso del término “embolsándose” que connota, al igual que en la definición, un valor axiológico negativo. La frase “sencillamente explicado” es el marcador que introduce la reformulación. En este caso, se ve en la unidad discursiva reformulada una serie de términos específicos del campo semántico económico, como emisiones de acciones, prefinanciaciones, fusión de sociedades, asesoramiento bursátil, que podrían confundir o volver ilegible la explicación del funcionamiento de la compañía, por esto, la necesidad del recurso. La intención pedagógica (y persuasiva) del autor se observa en reiteradas oportunidades, en las que encontramos frases similares a los marcadores: “El nuevo cargo tiene una sencilla explicación” (García Lupo, 1971: 96) o “El caso es sencillo de explicar” (García Lupo, 1971: 70). En esta última cita, se explicita otro de los recursos usados: la ilustración.
    La ilustración es un argumento [10] que consiste en enunciar una regla general y ejemplificarla con un caso particular. Marafioti afirma que “la ilustración tiene como función reforzar la regla que ya fue instituida y admitida brindando casos particulares que esclarecen el enunciado general” (2005: 116). García Lupo utiliza con frecuencia este argumento para ilustrar las denuncias, en particular hechas contra el funcionamiento de los monopolios:


De modo que no solamente ganan los prestamistas sobre el dinero, mediante los intereses directos, sino indirectamente sobre el destino de ese dinero. Veamos el ejemplo de Ítalo. (García Lupo, 1971: 109)
¿Cómo se liquida a un banco chico? Existen los métodos tradicionales, por la adquisición de su paquete accionario. Y existe también el exterminio en masa, para lo cual se requiere el concurso del Estado. Veamos este último caso. (García Lupo, 1971:114)

    En la última cita observamos otro recurso muy frecuente que es el uso de las preguntas que desencadenan una explicación, pero no debemos olvidar que ésta tiene una finalidad argumentativa. En el caso precedente, demostrar la complicidad del Estado con los monopolios. Por último, citaremos un fragmento extenso en el que se puede ver lo mencionado hasta ahora acerca de la importancia dada por el enunciador a la explicación de los vínculos de los funcionarios con los monopolios. Explicación clara y didáctica, propia del estilo del género periodístico, el cual exige el uso de recursos específicos, como los mencionados. Adviértase el modo en que se introduce el caso:


En lenguaje corriente, esto quiere decir que los patrones de la Ítalo le han prestado plata a su propia empresa, pero lo han hecho a través de ADELA. Un préstamo paga intereses, de tal modo que los banqueros suizos cobran intereses a ADELA y ADELA le cobra otros intereses más a la Ítalo de la Argentina. ¿Quién paga los intereses de esta montaña de prestamistas superpuestos? Pues ningún otro que el consumidor de electricidad de la Argentina, en cuya cuenta de la luz de fin de mes figura, oculta, la usura de los banqueros suizos, más la usura de ADELA, más la comisión de los empleados de ADELA, entre ellos el Dr. KV, ministro de Economía de la Argentina. (García Lupo, 1971: 109)

    García Lupo realiza una descripción de los funcionarios, que funciona como uno de los elementos de la retórica de la propaganda socialista descritos por Angenot, a saber el de la caracterización de la “clase enemiga” (Angenot, 2010b: 182). Aquellos son presentados como sujetos de clase alta, de considerable formación, en particular realizada en el extranjero, de buenos modales, y que se caracterizan por una dualidad: son políticos y empresarios, o empresarios que aspiran a ser políticos. Estos retratos se articulan con la explicación que se da sobre el funcionamiento de los monopolios o los procesos de desnacionalización en la medida en que son aquellos sujetos los que los hacen posible. Por esto, el autor se cuida de que no queden detalles sin precisar y se sirve de los recursos descritos para que sea fácilmente comprensible lo que, parece, es “invisible”. García Lupo busca convencer al lector de la hipocresía y falsedad de estos sujetos bifrontes que priorizan el interés particular por sobre el del país. De esta manera, “revela lo oculto”:


El ciudadano corriente lo ignora –al “hombre de paja” que se identifica ideológicamente con el capital internacional– su imaginación o su memoria no pasan del recuerdo borroso de Federico Pinedo. (García Lupo, 1971: 39)

El misterioso monstruo que se aprovecha de la mayor tajada del trabajo de todos los argentinos: la oligarquía financiera. (García Lupo, 1971: 112) [11]

Aquellos falsos ‘nacionalistas, que eran los hombres de confianza de los monopolios extranjeros, fueron desenmascarados. (García Lupo, 1971: 82)

    La dualidad es referida, de forma paradigmática, con la comparación entre Onganía y el Dr. Caligari [12] en el artículo “El gabinete del general Caligari”. En él, García Lupo compara lo que hacía el doctor en la película expresionista con lo que hace Onganía y los miembros del gabinete, quienes dicen ser nacionalistas, pero proceden en sentido inverso, abriendo las puertas a los capitales extranjeros. Entonces, el autor explica cómo realizan los negocios las empresas foráneas con la complicidad de funcionarios, con el fin de desenmascarar las relaciones y las operaciones de aquellas con estos. Aunque la claridad sea un componente central en los artículos, y para ello se utilicen recursos que tienden a producir el efecto de un discurso “transparente” o “neutro”, encontramos figuras retóricas que los estilizan –en el sentido de un estilo individual, no genérico–, las cuales analizaremos a continuación.


    b) La ética del más fuerte
    Las figuras que analizamos en este apartado son la ironía y la metáfora. Luego, veremos dos tópicos sobre los cuales se fundan estas figuras y los artículos en general.    García Lupo en muy pocos casos, incluso en ironías [13] “obvias”, deja de explicitar que se trata de esta figura. Uno de los elementos más usados para señalar dicho recurso es la utilización de comillas:   


El hecho de que la “seriedad” estuviera en general relacionada con la condición de capital extranjero de las compañías favorecidas con el crédito, y que el presidente del Banco Industrial fuera también director de ocho compañías de capital extranjero, es una mera coincidencia. (García Lupo, 1971: 93)

    El uso de las comillas en “seriedad” permite comprender que no es una “mera coincidencia” que el presidente del Banco Industrial favorezca compañías de capital extranjero siendo él director de ocho de ellas. Lo que cuestiona García Lupo es la moral –la hipocresía– de los funcionarios/empresarios. En este sentido, se invierten los valores morales: los que afirman obrar por el bien de la nación, hacen lo contrario. Los fieles son traidores y los honestos deshonestos:


El general Carlos Guido Blanco pasó a retiro forzoso y la dirección de las industrias del Ejército a las manos de alguien más “honrado”, en el juicio ético de los monopolios yanquis. (García Lupo, 1971: 14)

Muchos jefes militares manifiestan su perplejidad ante esta situación, que se ve especialmente subrayada por la afirmación simultánea de que Onganía pilotea, justamente, el sector “nacionalista” del régimen. (García Lupo, 1971: 87)

    En la última cita se observa el tema [14] del nacionalismo, central en la discusión que presentan los artículos. Estos denuncian específicamente el discurso “nacionalista” de Onganía [15] y sus medidas tendientes a favorecer el capital extranjero. Los artículos, entonces, dialogan con los discursos del presidente y los confrontan con sus decisiones económicas. De aquí se deriva una ética del “falso nacionalista” tomada de la del más fuerte, el capital extranjero, que libra una batalla en el (libre) mercado con el fin de destruir la industria nacional y alcanzar la máxima rentabilidad. Esta ética bélica es referida por medio de metáforas.
    La metáfora es definida por Aristóteles, de forma sencilla, como una figura “que consiste en dar a un objeto un nombre que pertenece a otro” (1997: 81). Esta transferencia se funda sobre una analogía. La que sirve de base a la mayoría de las metáforas es la siguiente: una empresa es al mercado, lo que un ejército a la guerra. [16] Por ejemplo, “En ambos campos –el de la siderurgia y el automotriz– está librándose una batalla donde el capital extranjero lleva todas las de ganar” (García Lupo, 1971: 33). Incluso, se utiliza la misma base metafórica para referir la ayuda de los funcionarios: “Su última conferencia de prensa –de K. Vasena– […] los puso en guardia –a los industriales argentinos– sobre el lugar hacia donde apuntan ahora los cañones del ministro” (García Lupo, 1971: 28). En la guerra, los funcionarios persiguen los mismos fines que los monopolistas, destruir la industria nacional: “La llegada del gobierno militar decidió a Ford a un ataque frontal contra las empresas más débiles” (García Lupo, 1971: 34).
    Las metáforas bélicas se articulan con otras que refieren la asimetría entre los monopolios y las empresas de capital nacional. Aquellos son referidos como “grandes”, “monstruos”, “gigantes” que “aplastan” o “acogotan” a los “débiles”. Por ejemplo, “Delaware, USA, gigante de la industria química cuyo mayor placer es oírle crujir los huesos a una empresa química de capital nacional” (García Lupo, 1971: 87). Muchas de estas metáforas, como se observa en el ejemplo precedente, son construcciones hiperbólicas [17] que se acercan a lo ridículo, pero que tienen una clara intencionalidad argumentativa en la medida en que se exageran aspectos para enfatizar la diferencia de magnitud entre los capitales extranjeros y nacionales, y señalar las consecuencias negativas y destructivas de los “más grandes”. Obsérvese la siguiente cita:


Los tiburones, por lo tanto, necesitan que alguien ayudara a la masacre de las sardinas y para eso apareció el Dr. Pedro Real, un banquero justamente designado presidente del Banco Central de la República Argentina, que hizo desde allí el trabajo reclamado por los tiburones. (García Lupo, 1971: 114)

    En esta cita, observamos las metáforas –también hipérboles– de “los tiburones” que “masacran” las “sardinas”, las cuales refieren a la competencia, en el mercado, de los monopolios contra las empresas nacionales; a su vez se menciona la complicidad de un funcionario del gobierno. Esta serie de metáforas y la denuncia de García Lupo –que incluye todo lo desarrollado hasta ahora– se sostienen en dos tópicos que desarrollamos a continuación.
    Barthes (1997) afirma que la tópica, en Aristóteles, es un conjunto de “formas vacías” –un conjunto de lugares comunes– a partir de las cuales el orador puede inventar (de inventio, en el sentido de descubrir) un argumento. Es, en este sentido, un método para crear los argumentos. Los lugares comunes funcionan en el discurso como presupuestos. De aquí que Angenot llame tópica al “conjunto de los ‘lugares’ (topoi) o presupuestos irreductibles del verosímil social, a los que todos los que intervienen en los debates se refieren para fundar sus divergencias y desacuerdos” (Angenot, 2010a: 39). En este sentido, afirma luego que “la tópica produce lo opinable, lo plausible […] esta tópica implica ‘lugares’ transhistóricos, cuasi universales” (Angenot, 2010a: 39). El carácter “transhistórico” de los lugares comunes surge del hecho de que, según los describe Barthes, son esquemas (formas) vacíos. Un lugar común mencionado por Aristóteles (2005: 204) es el de la magnitud, [18] el cual implica lo grande y lo pequeño. De él podemos formular el siguiente tópico que aparece en los artículos: si X es grande, es posible que destruya a Y, que es pequeño. Por ejemplo:


Los bancos se quedan con las empresas, pero a su vez los bancos grandes se comen a los chicos. De este modo, cuando un banco chico tiene problemas para digerir a una empresa, el resto del trabajo lo hace el banco grande, cuyas mandíbulas reforzadas le permiten terminar el asunto. (García Lupo, 1971: 113)

    En esta cita se observa el tópico mencionado, referido por medio de la metáfora (también aquí combinada con la hipérbole, “mandíbulas reforzadas”) de la destrucción o, específicamente, trituración, debida a la ingesta. A su vez, el lugar común de lo grande y lo pequeño puede extrapolarse al siguiente: si X es fuerte, es posible que destruya a Y que es débil. En este sentido, los monopolios de capitales extranjeros –empresas grandes y fuertes– acabarán con la industria nacional y manipularán al Estado, es decir, no sólo serán “dueños” de la economía, sino que también impulsarán las decisiones políticas. Para que esto no suceda, el Estado debe ser fuerte: “Como la potencia de un monopolio mundial es enorme, un país como la Argentina, por ejemplo, no puede resistir que ellos impongan su ley si no está gobernado por un Estado fuerte y respetable.” (García Lupo, 1971: 90).
    Estos tópicos constituyen el conjunto de topoi que Angenot caracterizó, en relación con la propaganda socialista, como “los crímenes del capitalismo”, el cual consiste en señalar al capital como la fuente de todos los problemas y males sociales. En este caso, el origen del “mal” es la destrucción que causan los monopolios con la complicidad de los funcionarios. Porque ellos no solo arruinan a los empresarios nacionales, sino a los trabajadores, al pueblo e incluso a la Nación misma:


Un bufete acreditado con una victoria más contra la Nación. (García Lupo, 1971: 16)

/El caso Bemberg es/ un ejemplo del despojo a la nación y menosprecio del estado. (García Lupo, 1971: 17)

O sea, si es posible o no alcanzar el desarrollo nacional autónomo, o si los monopolios proponen una forma de crecimiento que, para aumentar sus ganancias, debe sacrificar la autonomía y el interés de la Nación. (García Lupo, 1971: 78)

    En la última cita, el enunciador plantea dos posibilidades: la de alcanzar el desarrollo nacional autónomo o sacrificarlo. Esto nos conduce a la dicotomía de la esperanza o la destrucción. O los débiles –empresariado nacional, trabajadores, pueblo, Nación, Estado– renacen, se vigorizan o sucumben bajo la ética –de la búsqueda de ganancias– del más fuerte.


    c) Los débiles: entre la muerte y la esperanza
    En los artículos se presenta un doble movimiento hacia el pasado. Por un lado, se construye un pasado negativo articulado con el gobierno actual, y por el otro se elabora una “edad dorada” que funciona como horizonte utópico (Lechner, 1984). A aquel se lo rechaza y se lo muestra asociado a los mismos “males” presentes, o sea es el pasado al cual no se debería volver; y a éste se lo presenta con carácter programático, es decir se lo concibe como el pasado que debería guiar las acciones para alcanzar un futuro deseado.
    El pasado indeseado, que “ilumina” los males presentes y le sirve al enunciador como explicación, es el de la década infame. En los artículos, se identifica a Onganía con José Félix Uriburu y Agustín P. Justo:


En 1931, cuando gobernaba el país el general Uriburu, único antecedente patentado del general Onganía, la British American Tabacco Co. se quedó con todo lo que sobresalía un centímetro del suelo, en materia tabacalera. (García Lupo, 1971: 127)

El modelo de gobierno “amigo” de los monopolios fue en la Argentina, el del general Justo, cuyo consejero económico era el gerente de Bunge & Born, Sr. Alfredo Hirsh. El modelo del gobierno “enemigo” fue el del general Perón, que organizó el IAPI para disputar a Bunge & Born, el dominio del mercado de exportación. (García Lupo, 1971: 91)

    Como se observa en la última cita, la “edad dorada” está conformada por los gobiernos peronistas hasta entonces, aunque se indique su comienzo con el golpe de Estado de 1943: “Después del ’43, sin embargo, el poder dejó de ser cómplice” (García Lupo, 1971: 149). Esta proyección del pasado no se realiza de forma mecánica, sino que se encuentra mediada por la “Teoría de la dependencia”, en boga en aquel momento:


La incorporación en masa de los altos mandos argentinos a los monopolios extranjeros tiene como consecuencia la enajenación del patrimonio nacional, la dependencia económica, la pérdida de la soberanía. Su resultado no es la guerra, sino el coloniaje. (García Lupo, 1971: 168)

    En la cita precedente se pueden observar dos preconstruidos [19] del discurso peronista: la independencia económica y la soberanía política. Ambos permiten hacer una lectura de la realidad, es decir funcionan como formas que la hacen legible e interpretable: la dualidad de los funcionarios y la entrada de los grandes capitales extranjeros han generado la dependencia económica y la pérdida de la soberanía política. En este sentido, los artículos están inscriptos en una relación dialógica o intertextual con el discurso peronista, el cual los hace legibles. El resultado de los dos fenómenos antes citados es “el coloniaje”. Aquí se articula el discurso peronista con la “Teoría de la dependencia”, según la cual existen países centrales que explotan, en el marco de las relaciones de producción capitalistas, a los países periféricos. De esta manera, como sostiene Ollier (1998: 96), la Izquierda Revolucionaria “instaló el dilema clave de la política argentina, peronismo/antiperonismo, en otro lado: liberación o dependencia”.
    En este sentido, los artículos explican el modo en que operan los monopolios y denuncian al gobierno de Onganía por la aplicación de un liberalismo económico que está provocando la explotación y destrucción de la Nación, al hacerla depender de los países centrales. Por esto, se busca la adhesión a la tesis de la liberación nacional, para lo cual “Otro ejército […] ha tomado la responsabilidad de expulsar al invasor extranjero y al mercenario que lo sirve: algún día desplegará sus banderas al viento” (García Lupo, 1971: 8). Esta cita, extraída del prólogo de la edición de noviembre de 1970, aúna lo desarrollado –y le asigna un sentido a la compilación de los artículos en formato de libro– en su exhortación, es decir, en la función primordial definida por Angenot (2010b) de la propaganda socialista, a saber, la movilizadora.
    Entonces, el enunciador sostiene la tesis de que hay que luchar “contra la ocupación extranjera” para evitar la destrucción (dependencia) de la Nación y alcanzar la liberación, para lo cual utiliza una retórica basada en múltiples estrategias: se usa la explicación y la narración para mostrar el modo en que operan los monopolios y cómo se está aniquilando el país; se cuida de que dicha explicación sea clara y fácilmente inteligible, para lo cual se utilizan los recursos de la definición, la caracterización, la reformulación y la ilustración; a su vez, se realizan ironías y metáforas basadas –al igual que la explicación– en la tópica de la destrucción del “más grande y fuerte” que estilizan el discurso; por último, esta tópica plantea dos posibilidades: o sucumben los –al presente– débiles a la ética del más fuerte o se “movilizan” en función de la liberación nacional.
    En este sentido, los artículos reunidos en el libro se presentan como un contradiscurso, ya que se proponen la “destitución del régimen”. Sin embargo, la hegemonía, contracara dialéctica del discurso disidente, no implica, para Angenot, el poder social o político, aunque esté vinculada a él. Lo hegemónico instituye lo pensable y lo decible, y en función de ello lo argumentable; lo legítimo y lo aceptable. Y si bien el discurso no se presenta como legítimo, no ocupó un espacio extremadamente marginal. [20]
    Para determinar su carácter de ruptura podemos juzgar su aceptabilidad. Si bien las metáforas (en especial, las combinadas con hipérboles) fuerzan el discurso –y el lenguaje–, lo vuelven “inaceptable” para quienes detentan el poder, [21] la explicación, los tópicos, las ironías subrayadas y la legibilidad dada por la relación dialógica con los discursos peronistas y antiimperialistas, nos llevan a pensar en un discurso cooptado por la lógica hegemónica en cuanto a su retórica y temática. En particular por dos elementos que creemos centrales debido a que son propios del estilo aceptado del género y que por lo tanto regulan dicha práctica de escritura: la claridad y el uso de la lengua legítima. [22] A su vez, los artículos debaten con los discursos oficiales el tema [23] de lo nacional. Es decir, parten de un “común denominador”, pero le asignan una acentuación distinta. [24] Mientras que en los discursos se plantea una “moral nacionalista” (Anzorena, 1998), basada en los valores cristianos y occidentales, en los artículos se formula un “nacionalismo económico”.
    Angenot plantea que es prácticamente imposible la emergencia de un discurso absolutamente novedoso, el cual haya permanecido puro ante la fuerza centrípeta de la hegemonía. Por otra parte, el discurso fue acompañado de prácticas sociales que desembocaron en hechos que desestabilizaron el régimen e incluso aceleraron su caída.
    Pero esta nueva posibilidad puede ser engañosa y puede que tampoco nos encontremos ante la emergencia de un “novum” o de una ruptura real. Cavarozzi (1997) afirma que los agentes políticos –partidos políticos, sindicatos, incluso la guerrilla– buscaron absorber la crisis social que eclosionó en 1969, en lugar de dejar que la contestación social siga su cauce, es decir, en lugar de acompañar esa protesta, cada uno la trató de encauzar hacia su propia concepción ideológica. Según el autor, la revuelta social no pudo formular un discurso propio y por eso fue cooptada por los discursos políticos existentes:


Los agentes políticos del período no privilegiaron la capacidad de las fuerzas actuantes en la sociedad civil de promover cambios en las relaciones sociales, excepto en los casos que previeron que dichos cambios contribuirían a fortalecer sus respectivas posiciones de poder […] La vigorosa reaparición de los viejos astros de la política argentina y la repercusión alcanzada por sus discursos parcialmente renovados, también expresó la imposibilidad de las prácticas sociales contestatarias de generar un discurso propio pasible de difundirse en el conjunto de la sociedad. Este posible discurso propio no fue, en todo caso, el de las organizaciones guerrilleras. Estas, en su premura por atribuir a las prácticas sociales sentidos que reflejaran sus programas e interpretaciones, también contribuyeron al proceso a través del cual las elites políticas argentinas enajenaron y reformularon los contenidos de la crisis social y las movilizaciones populares. (Cavarozzi, 1997: 64) [25]

    De esta manera, los diferentes agentes políticos, a la vez que confrontaron con el régimen de Onganía –en su discurso y con el cuerpo–, imprimieron en la movilización social –la hicieron legible, la interpretaron desde sus supuestos ideológicos– un signo político que no permitió la emergencia de un posible, estamos en el plano de lo hipotético permitido por la distancia histórica, discurso disidente, plenamente desligado de los mecanismos reguladores de la hegemonía.


Conclusión

La década de 1960 fue una bisagra hacia la radicalización ideológica. El golpe de Estado de 1966 no incidió menos en el descontento social, con su autoritarismo político, liberalización económica y racionalización administrativa, que los acontecimientos internacionales. Hacia finales de la década, confluyó el descontento cívico con agentes políticos que se fueron unificando y diversificando bajo un “eclecticismo ideológico”. En este marco, hubo una crítica muy fuerte y masiva hacia el gobierno que llegó a desestabilizarlo. Por esto es que nos pudimos preguntar por la emergencia de un discurso disidente y tomamos, para analizarlo, los artículos de García Lupo.
    Los indagamos a partir de las categorías teóricas de hegemonía y heteronomía de Angenot y utilizamos la noción de género discursivo de Bajtín y conceptos de la retórica, como el de las figuras y los lugares comunes, como herramientas metodológicas. En el desarrollo, hemos observado cómo están estructurados los artículos a partir de las secuencias narrativas y explicativas, usadas con un fin argumentativo (a saber: demostrar la participación y complicidad de los funcionarios de la dictadura en la entrega del país a los capitales extranjeros); y hemos visto los diferentes recursos de escritura utilizados, como la definición, descripción, reformulación e ilustración, que, a la vez que tornan didáctico el discurso, funcionan como argumentos. Planteamos que esta estructura y estilo de los artículos –enunciados– respetan las reglas del género al que pertenecen. En este sentido, sostenemos que son textos que han sido cooptados por los mecanismos de la hegemonía que regulan las prácticas discursivas. También se ha observado ello en la acentuación ideológica, ya que son artículos que anclan en preconstruidos – del discurso peronista y la Teoría de la dependencia– que los vuelven legibles y que han obstruido la posibilidad de emergencia de un discurso desligado de lo decible. Sin embargo, hemos visto que García Lupo utiliza figuras retóricas que estilizan el discurso, fuerzan la lengua y vuelven inaceptables los textos para quienes detentan el poder. En este sentido, es posible inscribirlos en lo heterónomo.
    Creemos, entonces, que un análisis de textos que pertenecen a un mismo género puede ser una aproximación al discurso hegemónico, en tanto se entienda que las reglas genéricas –la estructuración y los recursos propios– son producto de regulaciones hegemónicas. A su vez, creemos que en figuras retóricas como la metáfora y la hipérbole se pueden hallar huellas discursivas de lo heterónomo, en tanto algunos identifiquen un compromiso y a otros les cause risa o incomode, tal vez, porque perciban una posibilidad de transformación.


Bibliogafía

ANGENOT, Marc (2010a); El discurso social. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.

ANGENOT, Marc (2010b); Interdiscursividades. De hegemonías y disidencias. Córdoba: Editorial de la Universidad Nacional de Córdoba.

ANZORENA, Oscar (1998); Tiempo de violencia y utopía (1966-1976). Buenos Aires: Ediciones del pensamiento nacional.

ARISTÓTELES (2005); El arte de la retórica. Buenos Aires: Eudeba.

ARISTÓTELES (1997); Poética. Buenos Aires: Leviatán.

BAJTÍN, Mijail (1997); “El problema de los géneros discursivos”, en Estética de la creación verbal. México: Siglo XXI.

BARTHES, Roland (1997); “La retórica antigua. Prontuario”, en La aventura semiológica. Buenos Aires: Paidós.

BERISTÁIN, Helena (2006); Diccionario de retórica y poética. México: Porrúa.

BOURDIEU, Pierre (1985); ¿Qué significa hablar? Economía de los intercambios lingüísticos. Madrid: Akal.

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JAMES, Daniel (2010); Resistencia e integración. El peronismo y la clase trabajadora argentina. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.

LECHNER, Norbert (1984); Problemas de la cultura política en la teoría de la democracia. Santiago de Chile: Flacso.

MAINGUENEAU, Dominique (1999); Términos clave del análisis del discurso. Buenos Aires: Nueva Visión.

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OLLIER, María Matilde (1998); La creencia y la pasión. Privado, público y político en la izquierda revolucionaria. Buenos Aires: Ariel.

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PERELMAN, Chaïm (1997); El imperio retórico. Retórica y argumentación. Bogotá: Norma.

PERRIN, Laurent (1993); “Opinion et lieu commun dans l'íronie” en Ch. Plantin (ed.), Liux commus. Lyons: Editions Kimé, pp. 301-311.

ROTH, Roberto (1981); Los años de Onganía. Relato de un testigo. Buenos Aires: Ediciones La Campana.

TERÁN, Oscar (2008); “Violencia política, terrorismo estatal y cultura (1970- 1980)”, en Historia de las ideas en la Argentina. Diez lecciones iniciales, 1810-1980. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.

VOLOSHINOV, Valentín (2009); El marxismo y la filosofía del lenguaje. Buenos Aires: Ediciones Godot.

 

 

RECIBIDO: 16/07/2012 | ACEPTADO: 13/10/2012


 


[1] En cuanto a lo político, podemos señalar como hechos relevantes la disolución del Congreso y los partidos políticos, la intervención de la Universidad de Buenos Aires y de varios sindicatos y una creciente represión de la protesta social. Respecto de lo económico, debemos señalar la implementación de medidas liberales que favorecieron al capital extranjero, realizada por el segundo Ministro de Economía, Krieger Vasena, como la devaluación del peso, la rebaja de las barreras aduaneras, el congelamiento de los salarios, entre otras.

[2] Roberto Roth, Secretario Legal y Técnico durante el gobierno de Onganía, apunta en su testimonio respecto a la falta de acuerdo entre el Ejército y el radicalismo antes de la destitución de Illia: “/Los radicales/ fueron una vez más sorprendidos cuando se enteraron que Onganía representaba la garantía de apoliticidad que el Ejército no estaba dispuesto a ceder” (Roth, 1981:32).

[3] Según Daniel James, la crisis sindical se caracterizó por el problema de credibilidad de las bases hacia sus dirigentes, la aparición de movimientos sindicales opositores y las divisiones internas (James, 2010: 289). La crisis política estaba dada por los fracasos de los gobiernos radicales semidemocráticos, las luchas internas, y la proscripción del peronismo.

[4] Los artículos que aparecieron entre el dos de diciembre de 1966 y el dos de junio de 1967 y uno del doce de abril de 1968 fueron publicados en la revista Marcha de Montevideo. Los aparecidos entre el primero de mayo y el veintisiete de junio de 1968 se publicaron en el periódico de la CGT de los Argentinos. Es importante destacar que Rogelio García Lupo tuvo una intensa participación en él, lo que se observa en el hecho de que haya publicado, por ejemplo, en los primeros diez números. Otros tres artículos se publicaron en 1967 en Azul y Blanco y otro en Inédito el mismo año.

[5] Analizamos la estructura a partir de la noción de secuencia y el estilo a partir de los recursos de escritura y figuras retóricas utilizados. Aunque sabemos que los recursos a la vez que conforman el estilo del género, lo estructuran.

[6] Entendemos por secuencia una “unidad de composición de un nivel inferior al texto en su conjunto”, que posee una estructuración determinada. Dominique Maingueneau menciona las cinco secuencias formuladas por Jean-Michel Adam: narrativa, descriptiva, argumentativa, explicativa, dialogal. En un texto puede aparecer más de una secuencia. En este caso se produce una jerarquización de secuencias en la que una domina a otra (Maingueneau: 1999). En el presente trabajo, se considera como secuencia dominante la argumentativa. Sin embargo, en este apartado trabajaremos las secuencias narrativas y explicativas, las cuales son usadas con una finalidad argumentativa. Por recursos de escrituras entendemos las definiciones, reformulaciones y las ilustraciones. Estos, al ser usados con fines persuasivos, funcionan como argumentos.

[7] Las cursivas están en del original.

[8] Son exceptuados la revolución de 1943 y el peronismo. Luego se trabajará sobre ellos.

[9] El epíteto es una figura que “consiste en agregar a un nombre una expresión –palabra, frase u oración– de naturaleza adjetiva que puede resultar necesaria, en distintos grados, para la significación” (Beristáin, 2006: 194).

[10] En principio, se iba a considerar el recurso de la ejemplificación. Pero atendiendo a la distinción entre ejemplo e ilustración en la teoría argumentativa (Perelman, 1997) y observando el funcionamiento en los textos, creemos correcto trabajar sobre la ilustración como argumento y no sobre el ejemplo en tanto recurso.

[11] Las cursivas están en del original.

[12] Personaje de la película alemana “El gabinete del doctor Caligari”, dirigida por Robert Wiene en 1920. El Doctor Caligari era un médico, director de un manicomio, que hipnotiza a un joven llamado César, y lo envía a cometer crímenes hasta que es desenmascarado y encerrado.

[13] Laurent Perrin define la ironía como un procedimiento “complejo –activado por un sujeto en su discurso y en sus pretensiones de comunicar– que tiene, según mi opinión, dos componentes. Por un lado, el ironista toma a alguien como blanco a través de aquello que expresa […] por el otro, comunica su propio punto de vista por antífrasis” (Perrin, 1993: 1). La antífrasis es una figura que consiste en comunicar un punto de vista opuesto a aquel que es expresado en el enunciado. Perrin afirma que para que la ironía por contraverdad –la distingue de la basada en la exageración– sea comprendida se necesita cierta información que puede estar sobreentendida o integrada al contexto, es decir, explicada.

[14] Entendemos la noción de tema en el sentido en que Angenot la plantea, como uno de los elementos de la hegemonía: “Todo debate en un sector determinado, por más ásperos que sean los desacuerdos, supone un acuerdo anterior sobre el hecho de que el tema que se trata ‘existe’, merece ser debatido y hay un común denominador que sirve de base a la polémica” (Angenot, 2010a: 43). Luego, comentaremos la cuestión en torno al debate sobre el “nacionalismo”.

[15] En la “Directiva para el planeamiento y desarrollo de la acción de gobierno” enunciada por Onganía el cuatro de agosto de 1966, este afirma: “La Revolución Argentina se nutre del ser nacional y extrae de él sus principios básicos […] se inspira en la moral cristiana y en los principios culturales, éticos y políticos de la civilización occidental” (Documento de la Revolución Argentina). Se observa en esta cita el nacionalismo católico de Onganía y la inscripción de la Nación Argentina en la tradición occidental.

[16] Recordemos que la analogía es una figura lógica que presenta la siguiente estructura: A es a B, lo que C es a D. Perelman define a la metáfora como una analogía condensada (Perelman, 1997: 161).

[17] La hipérbole es definida por Beristáin como una “exageración o audacia retórica que consiste en subrayar lo que se dice al ponderarlo con clara intención de trascender lo verosímil […] pues la hipérbole constituye una intensificación de la ‘evidentia’ en dos direcciones: aumentando el significado o disminuyéndolo”. Los casos señalados corresponden al primero. Además, señala la autora que la hipérbole es un tropo que “suele presentarse combinada con otras figuras, principalmente metáfora, prosopopeya” (Beristáin, 2006: 258). En las citas, se observa la combinación con ambas.

[18] Este tópico se articula, en lo desarrollado, con el de lo posible e imposible.

[19] El preconstruido es definido por Maingueneau como “la huella, en el enunciado, de un discurso anterior” que “genera una sensación de evidencia por cuanto ‘ya fue dicho’”. En general, el preconstruido se presenta como una nominalización o en una subordinada relativa (Charaudeau y Maingueneau, 2005: 463).

[20] Al respecto, es curiosa la siguiente afirmación de Oscar Terán: “Creció de tal modo esta doctrina /La ‘Teoría de la dependencia’/ que llegó a ser hegemónica en su campo /el cultural/, en el período 1965-1975” (2008: 287).

[21] El ejemplo más claro creemos que es la metáfora de los tiburones que masacran sardinas. Esta solo puede ser leída y comprendida –aceptada– por quienes se identifican con las “sardinas”, los “débiles”. A los monopolistas y los funcionarios de gobierno cómplices no puede más que causarles risa.

[22] El concepto de lengua legítima pertenece a Pierre Bourdieu. De manera muy simplificada podríamos decir que es el “código” cuyas reglas regulan el uso. Es reconocida como la “lengua correcta” o la “norma lingüística”, ya que “todas las prácticas lingüísticas se valoran con arreglo al patrón de las prácticas legítimas, las prácticas dominantes” (Bourdieu, 1985: 27). En todas las citas se puede apreciar el uso respetuoso de la norma, la que, para el sociólogo francés, está vinculada con sectores dominantes, sobre todo por la jerarquización que se impone al unificarse el mercado lingüístico, y el acceso y distribución desigual del capital lingüístico.

[23] Ver nota 12

[24] Se entiende el concepto de “acentuación” en el sentido de Voloshinov. Según este autor, los signos son ideológicos debido a su funcionamiento social. Por lo tanto, poseen diversas acentuaciones producto de las luchas de clase (Voloshinov, 2009: 47). De esta manera, entendemos las dos concepciones que se comentarán como dos acentuaciones diversas que reposan en el signo ideológico “nacionalismo”.

[25] La itálica es nuestra.