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Vitale, María Alejandra y María Cecilia Schamun, comps. (2012); Tendencias actuales en Estudios Retóricos. La Plata: Editorial de la Universidad Nacional de La Plata (EDULP). 270 pp. ISBN: 978-950-34-0872-8.

María Eugenia Crogliano

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El libro Tendencias actuales en Estudios Retóricos cuyas compiladoras son las Profesoras Ma. Alejandra Vitale y Ma. Cecilia Schamun, ha sido publicado por la Editorial de la Universidad Nacional de La Plata en 2012 y reúne conferencias presentadas durante el I Coloquio Nacional de Retórica “Retórica y Política” y las I Jornadas Latinoamericanas de Investigación en Estudios Retóricos, desarrollados entre el 17 y 19 de marzo de 2010 en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Consta de un Prólogo donde las Profesoras Vitale y Schamun se refieren sucintamente a la evolución de los Estudios Retóricos en la actualidad para luego anunciar las cuatro Partes que integran la publicación y los respectivos trabajos incluidos en cada una de ellas.
    La Parte 1, “Antigua y Nueva Retórica”, reúne cuatro artículos, tres de los cuales están dedicados a la exposición de determinados aspectos de la retórica clásica según Aristóteles y Quintiliano. El cuarto trabajo, en cambio, evalúa las dificultades de comprensión que aparecen en alumnos del ámbito universitario con respecto a criterios propios de la llamada Nueva Retórica.
    Graciela M. Chichi es la autora del primero de los trabajos reunidos en dicha parte: “Un ensayo acerca de la diabolé en la Retórica de Aristóteles”. Como lo anticipa el título, el artículo se ocupa del recurso llamado en griego diabolé tal como lo presenta Aristóteles en el Libro III de su Retórica, con referencias también a la llamada Retórica a Alejandro, obra que ha sido atribuida a Aristóteles pero cuyo autor fue probablemente Anaxímenes de Lámpsaco. [1]
    La Dra. Chichi comienza su exposición señalando que ya en la enseñanza más antigua acerca de la persuasión aparecía la propuesta de dividir el discurso en un número determinado de partes con respecto a cada una de las cuales se debía determinar qué emociones suscitar en los oyentes. En tal sentido la Retórica de Aristóteles, en su primer tramo, refiere que los que se han dedicado al arte de los discursos nada dicen de lo que es propio de dicho arte, las pruebas (písteis), sino que trataron cuestiones como sospecha (diabolé), compasión, cólera y estados semejantes del alma (páthe), que no se ocupan del asunto (prágma) sino que están dirigidas al juez.
    A continuación Chichi se refiere a los estudios sobre la retórica antigua que se han desarrollado en el siglo XX y que, entre otros aspectos, han llamado la atención sobre el hecho de que Aristóteles, en oposición a otros retóricos contemporáneos o anteriores, les habría dado un tratamiento específico a los estados del alma o emociones no considerándolas como exclusivamente dependientes de ciertas partes del discurso sino como fuentes genuinas de persuasión en tanto el orador sea capaz de determinar causas de las emociones vinculadas con la cuestión en debate.
    En Retórica III, 14, Aristóteles vuelve a referirse a la diabolé pero desde otro enfoque: se trata en este caso de uno de los cuatro modos habituales de abrir un discurso, aquel que está dirigido a la figura del adversario, el interlocutor de quien ha tomado la palabra.
    A propósito de este enfoque la Dra. Chichi plantea y desarrolla la idea de que la diabolé abriría en el discurso una instancia de carácter dialógico confrontativo al apelar a la perspectiva del adversario. Luego comenta los “lugares de la diabolé” en Ret. III, 15, que ofrecerían tópoi de carácter no argumentativo. Más adelante agrega que, según Ret. II, 23, tanto hombres como prágmata pueden ser blancos de la diabolé y se refiere luego al tratamiento que la Retórica a Alejandro le da a este aspecto, equiparable al lugar de Ret.II, 23 aunque más complejo.
    Otro rasgo de la diabolé según la teoría aristotélica sería su condición de emoción “negativa” que la Dra. Chichi describe sobre la base de determinados pasajes de la Retórica. Destaca que lo central en relación con el análisis aristotélico de las emociones es la tesis de que hay cognición en la respuesta emocional, mientras que los aportes de autores anteriores sólo las habían interpretado como efectos de encantamiento que envuelven a los oyentes o que actúan como drogas sobre ellos.
    El segundo trabajo de la Parte 1 pertenece a la Dra. Josefina Nagore y su título es “Canon, historia literaria e ideología: el Libro X de la Institutio Oratoria de Quintiliano”.
    El estudio comienza señalando que el siglo I de nuestra era se destacó tanto en el ámbito griego como en Roma por el desarrollo de la retórica y la crítica literaria, disciplinas entre las que hubo importantes puntos de contacto. En esta época, probablemente entre el 93 y el 96, Quintiliano escribió su Institutio Oratoria, una obra de carácter didáctico sobre la retórica en la que se ponen de manifiesto esos puntos de contacto que mantiene la disciplina con la crítica literaria, en especial en el Libro X, cap. 1, parágrafos 46 a 131. Aparece allí una nómina de poetas, historiadores, oradores y filósofos griegos y romanos a quienes Quintiliano evalúa según su importancia en la formación del orador. Se trata, pues, de un canon que construye complementariamente una historia de la literatura griega y romana, un testimonio excepcional en relación con la tradición clásica.
    A partir de ciertas categorías teóricas actuales la Dra. Nagore subraya que la tradición no constituye un segmento histórico inerte dentro de una estructura social sino que es una ratificación cultural e histórica del orden contemporáneo y que está siempre vinculada con determinados límites y presiones que provienen de ese orden. En el caso de Quintiliano, una figura que tuvo una importante relación con el poder imperial, esa recuperación significativa del pasado se manifestó a través de un canon de autores que tuvo como fundamental objetivo la formación del orador.
    El pasaje de la obra seleccionado por el trabajo de Nagore comienza destacando la importancia de la lectura en la formación del orador pues ella otorga vis dicendi (“fuerza del discurso”) y copia verborum (“riqueza de vocabulario”). Nagore agrega que, aunque su estudio fijará la atención en los poetas cuya lectura recomienda Quintiliano, no hay que perder de vista que esa lectura también incluye historiadores, oradores y filósofos. Además corresponde señalar que, en relación con la poesía, el maestro advierte al futuro orador que se debe evitar la libertas verborum (“libertad en las palabras”) y la licentia figurarum (“permisividad en las figuras”), propias de un género que sólo aspira al deleite y que lo obtiene por medio de ficciones falsas e increíbles. De todos modos, reconoce, por ejemplo, que la historia está próxima a los poetas ya que recurre en ocasiones a palabras poco comunes y figuras bastante libres.
    A continuación el trabajo señala que, en realidad, el canon de Quintiliano va más allá de su objetivo vinculado con la formación del orador, ya que incluye autores acerca de los cuales se advierte que no son adecuados para dicho objetivo pero que se consideran representativos de la cultura griega y romana. Por otra parte, también es evidente en Quintiliano el “malestar” de quien establece un canon puesto que, en determinado punto, debe reconocer que la tarea impone elecciones y también silencios.
    Nagore describe y comenta luego el canon griego (X, 46-84) en el que interesa destacar la innovación que introduce Quintiliano en relación con otros autores, puesto que añade poetas del período helenístico en razón de que, más allá de su utilidad en la formación del orador, habían sido ya tomados como modelos a su vez por grandes poetas latinos y habían permitido la creación de nuevos géneros literarios o la innovación de los ya conocidos. Otra innovación de Quintiliano que también destaca su valoración de los vínculos intertextuales, es la inclusión en su canon de poetas elegíacos relacionados con la imitación que de ellos realizaron a su vez los latinos.
    Nagore se refiere luego al tratamiento del canon latino (X, 86-131) en el que, como había ocurrido con el griego, se agrupan poetas, historiadores, oradores y filósofos. En el comentario de los autores y géneros seleccionados el propósito de Quintiliano consiste en demostrar que la tradición latina estaba ya muy próxima a la elevación de la griega, aunque esta conserva su carácter modélico.
    En las conclusiones el trabajo subraya la visión unilateral y atemporal que revela el texto de Quintiliano con respecto a los autores y géneros comentados, en la que faltan, entre otras limitaciones, referencias a la evolución de los géneros cuya caracterización, por otra parte, es sólo formal.
    El tercer trabajo incluido en la Parte 1 pertenece al Dr. Andrés Covarrubias Correa y se titula “Lenguaje en movimiento y belleza: claridad y metáfora en Quintiliano”.
    La exposición comienza indicando que estará centrada fundamentalmente en los libros VIII y IX de la Institutio Oratoria de Quintiliano donde se subraya la importancia de la metáfora y la alegoría por su aporte a la belleza y al poder cognoscitivo del discurso. Estos conceptos, a su vez, serán puestos en relación con la definición del orator como vir bonus dicendi peritus que Quintiliano toma de Catón y Cicerón. El vir bonus, el hombre bueno, se propone formarse a través de la bene dicendi scientia, la ciencia del buen decir, concepción de la retórica que deriva del estoicismo el cual, a su vez, fijaba su atención sobre la importancia de decir siempre lo adecuado como uno de los aspectos fundamentales del ideal del hombre sabio. De todos modos, subraya Covarrubias, hay una diferencia fundamental con respecto al estoicismo: el objetivo de Quintiliano es educar al joven romano para hacerlo excelente y muy sagaz en los asuntos públicos y en esta actividad formativa propia de la retórica, la filosofía y las demás disciplinas están subordinadas a ella. A su juicio la retórica tiene más belleza y mayor claridad que la filosofía. Por otra parte, el filósofo vive alejado de las obligaciones de la vida cotidiana, mientras que el orador debe ser un sabio romano, un hombre atento al sentir ciudadano. A propósito de esta importante cuestión, Quintiliano subraya que la sabiduría fue en un tiempo descuidada por los oradores y quedó reducida a los distintos ámbitos filosóficos. Por lo tanto, es tarea de los oradores recuperar la herencia que les pertenecía volviendo a integrar sabiduría y elocuencia. Cabe agregar que esta toma de distancia con respecto a la filosofía se explica también por la hostilidad que el poder imperial, en cuyo ámbito trabajaba Quintiliano, manifestaba hacia ciertos representantes de dicha disciplina.
    Covarrubias menciona, sin embargo, algunos conceptos que Quintiliano comparte con el estoicismo pero subraya que la diferencia fundamental reside en que, de acuerdo con su concepción de la actividad retórica, además de la necesidad de expresar lo apropiado con claridad de estilo, el orador debe conmover a su audiencia apelando a las emociones. Esto, en gran medida, se logra por medio del embellecimiento del lenguaje, ámbito donde la metáfora y la alegoría cumplen un papel relevante.
    El libro VIII de su Institutio está dedicado a los tropos, modos de hablar que se trasladan de su significación natural y originaria a otros significados para lograr el embellecimiento del discurso y su capacidad persuasiva con respecto a la audiencia. El libro IX trata las figuras, es decir, las configuraciones del lenguaje que se apartan del lenguaje común. Por otra parte, de los tropos la forma más efectiva y bella es la metáfora y su expresión extendida o metáfora continua es la figura de la alegoría, y en ambas, metáfora y alegoría, está centrado el trabajo de Covarrubias.
    Quintiliano asigna central importancia a la claridad (perspicuitas) en tanto virtud retórica central de la expresión por medio de la cual el lenguaje puede alcanzar el máximo grado de naturalidad y belleza, cualidades, a su vez, que favorecen la eficacia retórica. El uso trasladado, translatio o metaphorá en griego, es el mayor adorno del lenguaje que acomoda palabras a cosas que no les pertenecen, se dice “en lugar” de la cosa misma. Quintiliano se refiere también a los distintos tipos de metáforas y recomienda un uso moderado y oportuno del recurso teniendo en cuenta que su finalidad es producir un efecto en los sentimientos y caracterizar y acercar las cosas a los ojos.
    El trabajo aborda luego el tratamiento que Quintiliano da a las figuras a las que define como formas de expresión que renuevan el modo de decir. Entre ellas, sobresale la allegoría, en latín inversio, que, según la definición de Quintiliano, muestra una cosa por medio de las palabras, otra por el sentido, y se conforma por medio de una serie no interrumpida de metáforas. El autor de la Institutio subraya que el estilo más hermoso es aquel en que se une el encanto (gratia) de la comparación (similitudo), la alegoría y la metáfora.
    En la conclusión se retoma la cuestión relativa al poder de persuasión que Quintiliano le otorga al lenguaje en el que se destacan metáfora y alegoría y Covarrubias agrega que, en virtud de la capacidad que se les atribuye a estos recursos de poner las cosas ante nuestros ojos, se debe reconocer en ellos también el aporte cognoscitivo propio de la oratoria. En este punto residiría además la concepción de la retórica en tanto ciencia, virtud y arte del bien hablar que determina su particular vínculo con la filosofía y, más aún, la necesidad de poner a su servicio todos los saberes. De todos modos, Covarrubias llama la atención sobre las posibles connotaciones políticas, en el contexto de un poder imperial absolutista, de esta implícita restricción del aporte filosófico.
    La Parte 1 concluye con el trabajo del Prof. Roberto Bein “Problemas de comprensión de cuestiones retóricas de la universidad”. La exposición comienza refiriendo que la tarea estará centrada en las respuestas de los alumnos en exámenes parciales en el marco de la asignatura Lingüística Interdisciplinaria (FFyL, UBA). Bein agrega que en dicha asignatura hay una unidad dedicada a argumentación y retórica clásica y actual en la que se desarrollan diversos temas vinculados con esta disciplina, entre ellos la distinción entre convencer y persuadir y el uso de la ironía. Pasa luego a señalar que, después de revisar alrededor de cincuenta parciales correspondientes a diferentes cursadas, analizará cualitativamente las características y errores más significativos que indican falta de elaboración y distanciamiento del texto fuente.
    En primer término, pues, examina las respuestas a una pregunta que la cátedra ha propuesto en las evaluaciones de varias cursadas: “¿Por qué la ironía por contraverdad es redundante con respecto al contexto?” Se trata de una ironía que contradice informaciones mutuamente manifiestas, es decir, que todos los participantes del acto comunicativo deben saber que los demás poseen esas informaciones. Sin embargo, de acuerdo con lo indicado por Bein, en las evaluaciones hubo casos en que los alumnos al responder a la pregunta no indicaron claramente la necesidad de una información contextual o propusieron ejemplos que no necesitaban un añadido de información para que los alocutarios percibieran la ironía.
    Otra pregunta propuesta en las evaluaciones fue “¿En qué consiste la diferencia entre convencer y persuadir a un auditorio según la Nueva Retórica?” En este caso muchas respuestas incluyeron diversas cuestiones en relación con el tema –auditorio universal y particular, argumentación ante un único oyente y deliberación con uno mismo–, sin tomar en cuenta que la cátedra había desarrollado sólo la primera de ellas desde el punto de vista de la Nueva Retórica que, a diferencia de la retórica clásica, no vincula la acción de convencer con lo racional y la de persuadir con lo emocional, sino que considera persuasiva la argumentación dirigida a un auditorio particular y convincente la que debe obtener una aprobación universal.
    Bein interpreta las características de estas respuestas como consecuencia de la situación de examen: las preguntas de los exámenes son pseudopreguntas porque en realidad lo que quiere saber el docente no es la respuesta sino si el alumno la sabe. Además, dado que se trata de una materia de grado y no de una reunión de especialistas, se espera la reproducción o aplicación del saber y no la propuesta de puntos de vista propios. El alumno responde lo que supone que la cátedra considera correcto: se adecua a su auditorio. Si la retórica clásica planteaba que el orador debe enseñar, conmover y deleitar, en los exámenes el primero de estos objetivos al menos se invierte: el orador no es dueño de un mayor saber que su auditorio, sino de uno menor que tiene que poner a la consideración de quien es depositario de ese saber al que, además, debe persuadir para obtener una buena nota. Por otra parte, el docente evaluador no es percibido por el alumno como un auditorio universal al que se convence sólo por medio de la racionalidad.
    Con respecto a la diferencia entre convencer y persuadir y su relación con el auditorio, Bein indica que a partir de las respuestas se puede inferir que los alumnos comprenden la perspectiva propia de la Nueva Retórica. Sin embargo, no todos llegan a exponer con claridad los límites entre convicción y persuasión y omiten el tratamiento de la noción de auditorio como construcción del orador. Esta última circunstancia es también vinculada por Bein con la interacción alumno-docente en la que el alumno-orador no puede seleccionar su auditorio y sólo debe tratar de adaptarse a él por medio del conocimiento del pathos de sus evaluadores y la construcción de su propio ethos a través de distintos recursos que le permitan demostrar su desempeño satisfactorio en tanto estudiante. De todos modos, Bein admite que la noción de construcción del auditorio, la cuestión de si esa construcción tiene lugar en el discurso mismo o si responde a una decisión previa, es un tema no del todo resuelto por la Nueva Retórica.
    La segunda parte del libro, “Retórica y discursividad política”, reúne cuatro trabajos vinculados con la relación entre Retórica y política. La Dra. Mariana Ozuna Castañeda es la autora del primero de los trabajos, “Contribuciones del género epistolar al ejercicio de la palabra pública en México”. En primer término la autora destaca la importancia de la cultura escrita en los procesos de emancipación política que tuvieron lugar en América en el siglo XIX, y anuncia que su interés se fijará en algunas prácticas de la escritura retórica como la epistolografía y su relación con la construcción de la vida política de ese período. Agrega que la carta o epístola articula lo privado con lo público, la experiencia individual con el marco comunitario. Hace luego una breve síntesis de la evolución del género a partir de la Edad Media para luego enumerar las características retóricas que fue adquiriendo: 1) la epístola es una “conversación entre ausentes”, por lo que está muy estrechamente ligada a la oralidad; 2) este vínculo con la oralidad determina en gran medida la sencillez de su estilo; 3) a su vez la relación con la conversación le impone brevedad y una actitud de espera de la respuesta, lo cual induce a la escritura; 4) la narración de los hechos se desarrolla en presente generando una ilusión de simultaneidad en la lectura; 5) el que escribe construye en cierta medida a su receptor en la carta y 6) la epístola se enuncia a partir de un “yo” que, además de narrar, construye su propio ethos según las circunstancias. Además, los manuales describen la carta como un discurso integrado por cinco partes: 1) la salutatio; 2) el exordio donde se subraya la relación entre remitente y destinatario; 3) la narración; 4) la finalidad y 5) la conclusión.
    El trabajo pasa luego a referirse al lugar que ocupó la carta en las sociedades letradas particularmente a partir del siglo XVIII, espacio en que el género adquirió una especie de autoridad estilística en el marco del decoro social. Durante ese período los grupos que en América compartían intereses y propósitos comunes frente a la Corona, se valieron de los géneros discursivos entonces en boga para expresar justamente esas vivencias compartidas. La autora considera que el hecho de que, entre esos géneros vigentes, fuera elegida la carta y pasara al ámbito público indica que ya había adquirido una exitosa difusión en la esfera privada. A su vez, otro género, el folleto, contribuyó a reforzar el estilo individualista y subjetivo de la epístola y a permitir que el “yo” no sólo hiciera pública su proclama individual sino que colaborara también en la conformación de ese espacio público. Como testimonio de este fenómeno el trabajo incluye pasajes de una epístola en folleto publicada en 1812 en la cual el sujeto, que firma “Qualquiera”, advierte al autor de un artículo periodístico de la época acerca de que la opinión pública es el modo de pensar de la mayoría y no puede estar restringida a un solo miembro de la sociedad ni un gobierno puede considerarse exclusivo depositario de esa opinión. Luego de comentar este significativo testimonio, la autora, además de subrayar que acciones como esta contribuyeron a prefigurar al ciudadano en tanto individuo no sólo en México sino también en el resto de América, concluye su exposición señalando que la epístola, al articular la subjetividad con lo público, dio forma a este espacio en tanto asamblea virtual en el que se ejerció una ciudadanía a la que luego terminaría configurando el derecho.
    Aparece a continuación el trabajo de la Dra. Irene Vasilachis de Giardino “Discurso político y análisis sociológico-lingüístico del discurso: la representación de las personas pobres y de las situaciones de pobreza”.
    El título del trabajo es una significativa síntesis de su contenido: a partir de una perspectiva interdisciplinaria investiga cómo son categorizadas y calificadas las personas pobres en el marco de los discursos que pronunciaron los presidentes argentinos a partir de 1983 al asumir su mandato. La autora destaca que su interés se ha centrado en examinar, a partir de procedimientos inductivos, los recursos lingüísticos y las estrategias argumentativas empleados en esos discursos para proponer y justificar una determinada interpretación de la realidad. A su vez, el reconocimiento de esos modelos interpretativos se realiza por medio de una metodología cualitativa basada en las teorías propias de la ciencias sociales. Además de estas observaciones pormenorizadamente desarrolladas, la Dra. Vasilachis propone, sobre la base de investigaciones previas y en curso, una definción relacional de las situaciones de pobreza que permita superar determinadas limitaciones en cuanto a la interpretación de dichas situaciones.
    Pasa luego a desarrollar un detallado análisis del corpus constituido por los mencionados discursos y sus redes semánticas. En todos los casos fija su atención en las diferentes construcciones textuales del pasado por medio de las cuales los presidentes se posicionan y legitiman en el presente y proyectan argumentativamente el futuro. En este aspecto Vasilachis señala que las comparaciones por oposición con respecto al pasado constituyen la estrategia argumentativa más destacada. Como es obvio, la única excepción está representada por el discurso de Cristina F. de Kirchner, que, en tanto sucesora de su marido en el ejercicio del poder, hace una construcción del pasado en la que se diferencian pasado reciente y pasado distante. Este último, como en el caso de los otros presidentes, es el que se caracteriza negativamente. Con respecto a la representación de las personas pobres que desarrollan los discursos presidenciales, Vasilachis destaca la tergiversación ontológica de su dignidad en tanto se las ubica fuera del espacio social en que se toman decisiones sin observar el carácter complejo y relacional de las situaciones de pobreza, lo cual no permite determinar a los responsables de esas situaciones y, por lo tanto, más que superar la desigualdad la reproduce. Se caracteriza argumentativamente a las personas pobres subrayando aquello de lo que carecen sin marcar, en cambio, los procesos de resistencia y reivindicación por medio de los cuales intentan responder a las representaciones creadas en torno a ellas redefiniendo la propia identidad.
    El tercero de los trabajos contenido en “Retórica y dicursividad política” pertenece al Prof. Hernán A. Biscayart y lleva como título “De los mecanismos argumentativos en un ejemplo de debate parlamentario”.
    Biscayart inicia su exposición destacando que la argumentación es un procedimiento orientado a intervenir sobre la opinión y el accionar de las personas y que para lograr la persuasión el discurso es un medio imprescindible. La argumentación es, pues, un quehacer verbal y social cuyo objetivo es reforzar o debilitar ante el oyente o el lector la aceptabilidad de un punto de vista discutible por medio de propuestas que contribuirán a justificarlo (o a refutarlo) en presencia de un juez. Sobre la base de este planteo general Biscayart aborda un ejemplo de interacción argumentativa que se desarrolló en el marco de un espacio político, la Cámara de Diputados de la Nación, donde, en marzo de 2002, se trató la cuestión referida al impuesto aplicado a productos de origen agropecuario. Luego de citar y comentar pasajes de los discursos pronunciados por representantes de distintos sectores políticos, Biscayart indica que el esquema de la argumentación parlamentaria incluye las figuras del proponente, el oponente y un tercero, y pasa luego a determinar a cuál de estas figuras representaría cada uno de los intervinientes añadiendo que, de todos modos, estos roles son intercambiables. Agrega luego que, según otra clasificación posible, se podría plantear que en aquel debate parlamentario hubo, entre otros roles, “legisladores de representación”, es decir, los que afirmaban hablar en nombre de su distrito, aunque algunos de ellos no sólo defendían los recursos de sus provincias sino también intereses económicos particulares, y también estuvieron presentes la figura del “legislador del Ejecutivo” y la del “legislador del partido”. La votación concluyó con el triunfo de los que representaban la voluntad del Poder Ejecutivo.
    “Argumentación y “diálogo de sordos” en el conflicto de “el campo” es el cuarto y último trabajo correspondiente a esta Parte 2 de la publicación y pertenece al Prof. Roberto Marafioti.
    El autor indica que su objetivo es el de identificar algunos aspectos de la “actual retórica política en la Argentina”, es decir, tanto la referida al empleo que hacen de ella los medios, como a los recursos utilizados en un determinado período de la escena política del país, el año 2008, marcado por el conflicto con “el campo” y por el enfrentamiento surgido a partida de la propuesta de la Ley de Medios y su posterior sanción. Otras dos circunstancias que Marafioti considera de interés en relación con la temática de su trabajo son: la construcción de un mito político en torno de la figura de Alfredo de Angelis y la caracterización del discurso político de la presidenta Cristina F. de Kirchner al que le adjudica alta densidad oratoria pero escasa efectividad comunicacional. En relación con esta última cuestión Marafioti plantea la hipótesis de que la presidenta ha tenido desde el inicio de su gestión dificultad para construir un ethos de credibilidad y de identificación que le permitiera afianzarse en su discurso político.
    A continuación Marafioti agrega que, si bien el objetivo de los estudios retóricos tiene que ver con la persuasión, en el escenario político se asiste en forma permanente a una frustación de la comunicación entre las diferentes figuras que intervienen en la discusión ya que lo que importa es lograr la imposición de determinados conjuntos discursivos que implican una visión única e inapelable. Por lo tanto, el fenómeno se debe estudiar como un “diálogo de sordos” en el que, en todo caso, hay que identificar los obstáculos argumentativos.
    El trabajo refiere luego brevemente las circunstancias que, a poco de asumir Cristina F. de Kirchner, generaron entre “el campo”, poderoso grupo económico, y el gobierno un conflicto, una batalla en torno de la construcción de sentido. Y, a propósito de este significativo episodio, Marafioti introduce la cuestión relativa al “giro argumentativo” en los estudios políticos, perspectiva relativamente reciente en dicho ámbito y que ha llamado la atención sobre el hecho de que la práctica política es argumentativa y retórica más que científica. En este sentido el proceso político debe ser interpretado como una batalla para crear significados en diferentes situaciones. En ese contexto los actores políticos intentan ejercer la persuasión y la justificación, aspectos centrales en relación con la noción de giro argumentativo. Precisamente ese intento de persuasión es el que habría fracasado en el caso de los discursos pronunciados por Cristina F. de Kirchner en relación con el conflicto mencionado.
    El trabajo pasa luego a describir aspectos significativos de esa batalla argumentativa. Menciona en primer término el empleo retórico que el canal de cable TN (Todo Noticias) hizo de su pantalla apelando a recursos visuales que, al dividir la pantalla en varias partes, permitía enfatizar el rechazo que producía en determinados sectores el discurso de la presidenta. En segundo término, se analiza un segundo recurso utilizado por el mencionado canal, la construcción de una suerte de mito político que representaba a los sectores más afectados por las medidas adoptadas por el gobierno: la figura de Alfredo de Angelis en tanto vinculado con un universo gauchesco/campestre, un sector trabajador, honesto y totalmente ajeno a la voracidad gubernamental. Entre otros aspectos significativos de la manipulación mediática que ejercen este tipo de mitos Marafioti señala su capacidad de fundar una comunidad de acción, de creencias compartidas.
    En último término el trabajo se refiere al ethos en tanto concepto vinculado con la confiabilidad y la credibilidad del hablante y a la manifestación de este recurso en el caso de la presidenta. Marafioti destaca, entre otros aspectos, que la mandataria tuvo en ocasión de aquel conflicto una fuerte presencia mediática pero su argumentación estuvo más orientada a la evocación de la historia de su partido político y de su propia militancia que a la exposición de los fundamentos de las medidas dispuestas en relación con el conflicto. De todos modos el oficialismo ha tenido una capacidad de reacción más sólida que las fuerzas políticas de la oposición, por lo cual la confrontación ha tenido lugar entre los medios masivos de comunicación en tanto herramientas de cuestionamiento de las decisiones tomadas por el gobierno, y el oficialismo dispuesto a mantener lo resuelto.
    La Parte 3 de la publicación, “Retórica, Literatura y Crítica”, reúne exposiciones que, desde la perspectiva de la retórica, centralizaron su atención en textos literarios.
    La primera de estas exposiciones corresponde a la Dra. Ana Camblong y está dedicada a plantear una particular lectura de la obra de Macedonio Fernández. Camblong anuncia que apelará al concepto clásico de dispositio, basado en la estructura del discurso, para analizar la producción macedoniana, aunque advierte que, en este caso, se trata de una paradójica aventura textual que nos obligará a permanecer afuera, en los umbrales de una compleja producción metafísica, mística y humorística. En tal sentido, es notablemente significativo que la exposición esté organizada en “Preliminar”, “Proemio”, “Prólogo”, “Prefacio”, “Exordio” y, finalmente, “Epílogo introductorio”, estructura que pone en escena, reclama nuestra atención sobre el hecho de que en la lectura de la obra macedoniana, dispersa y fragmentaria, siempre estamos ejerciendo, como el autor, la actividad de pensar-escribiendo, de ser lo que somos en el acto de escribir.
    En el tramo que lleva el subtítulo de “Prólogo” Camblong, apelando a la etimología de la palabra, subraya que en ella se encuentra la clave de la retórica macedoniana, centrada siempre en textos inacabados, reescritos, a través de los cuales el autor dramatiza no sólo el ejercicio de la producción literaria sino también la peculiar naturaleza cíclica, inconclusa e incongruente de nuestros procesos históricos.
    En “Prefacio”, según la etimología “acción de hablar en forma preliminar”, la autora fija su atención sobre las convicciones que sostienen el universo macedoniano: creer en el afecto que puede gobernar las relaciones familiares, las amistades, los vínculos amorosos, pero desconfiar de las presiones mundanas, de las redes de poder ejercidas por políticos y catedráticos, entre otros. Compromiso este último que, de todos modos, Macedonio ejerce por medio de una actitud de retiro silencioso que rechaza los gestos agresivos. El silencio también parece custodiar una relación amorosa que ocupó un prolongado lapso de la vida del autor y acerca de la cual Camblong percibe un enigmático orden en su Novela de la Eterna que ha pasado inadvertido para la crítica literaria dedicada a la obra de Macedonio. Ese “orden” o trama es el que, apelando una vez más a la etimología, Camblong hace visible en el pasaje que lleva como subtítulo el término “Exordio”. Se trata de un “orden” por medio del cual el pensar-escribiendo macedoniano, al ficcionalizar su vida privada, pone en práctica su rechazo teórico de las características miméticas y verosímiles propias de la narración realista.
    Por fin, en el paradójico “Epílogo introductorio”, Camblong advierte a sus lectores que no han llegado al fondo de la cuestión ni deben creer que han podido salir de la extrañeza que provoca el pensar-escribiendo de Macedonio. Permanecen, en cambio, en el umbral del asombro.
    La exposición del Dr. Diego Bentivegna, “Leonardo Castellani: polémica y mezcla de estilos”, está referida a un escrito menor incluido en la obra de Castellani Nueva crítica literaria (1976) bajo el título “Sobre poesía española (III): el bluff literario”. Bentivegna justifica la elección para su análisis del mencionado escrito porque en él aparecen recursos retóricos reiterados en la producción crítica de Castellani que dan testimonio de una posición extrema desde el punto de vista ideológico y discursivo y que han sido reconocidos como propios de la invectiva, más aún, del discurso panfletario. Este discurso se caracteriza por exponer no una verdad preexistente sino que es construida por el mismo discurso. Manifiesta una vocación de ruptura y, a su vez, martirológica, en cuanto el enunciador se constituye a sí mismo como alguien dispuesto a exponerse a la mirada pública. En tal sentido, Castellani da inicio a su lectura crítica subrayando en primer término las incómodas circunstancias que lo obligaron a dejar de lado la novela policial para dedicarse en cambio a la poesía de Juan R. Jiménez. La perspectiva de Castellani implica pues una relación de conflicto entre determinados géneros, aquellos vinculados con la lectura en tanto “consumo cultural” –por ejemplo, el policial–, a los que Castellani dedicó algunos de sus escritos más logrados, y los relacionados, en cambio, con la lectura “alta”, “espiritualizada”, como la poesía de Jiménez. Esto implicaría, pues, que los textos sólo se pueden pensar en la medida en que se encuentran en relación de conflicto, de guerra, y, en este sentido, el crítico que asume una orientación política debe reconocer una suerte de enemigo discursivo con el que sólo es posible una relación de hostilidad. A juicio de Castellani no se puede pensar una obra poética sin pensar, a su vez, en los mecanismos de lectura que esa obra genera. Según su juicio, que, paradójicamente, reproduce el tipo de lectura unívoca que a su vez condena, la obra poética de Jiménez, sus recursos enunciativos, generan una lectura “femenina”, empática, sólo capaz de reproducir lo que el texto genera, y que el lector-macho, en este caso Castellani, rechaza pero sin razonar sino por medio de agresivas expresiones panfletarias. Su crítica “positiva” se centra, en cambio, en la producción de Miguel Hernández, al que estereotipa en su lectura como poeta campesino, miliciano contra el franquismo, para desafiar a sus eventuales lectores vinculados con el conservadurismo. En la poesía “viril” del autor español Castellani cree percibir además “una cristiana esperanza de resurrección”, un testimonio del tránsito de lo estético a lo religioso, interpretada esta experiencia desde un punto de vista eminentemente político. Lo que esta poesía canta pertenece al orden esjatológico –del griego éschatos, “último”, extremo–, es decir, la concepción de una política en la que el ser no sólo se asume en relación con la muerte sino también confía en la existencia de un lugar comunitario de restitución, por oposición a la poética escatológica –del griego skatós, “excremento”– representada por Jiménez.
    Otro de los escritos de Castellani analizados en el trabajo aplica la noción evangélica de “transfiguración” de la carne a la tarea poética en tanto esta afirma la materia en estado de transformación. En este sentido hay que recordar que, a partir de la tradición cristiana, ya algunos poetas y críticos habían dejado de lado la separación de estilos –elevado, medio y bajo–, heredada de la retórica clásica y habían admitido la “mezcla estilística”. En el caso de Castellani el carácter extremo de su producción va más allá de una pluralidad estilística limitada al marco de la elocuencia y se acerca, en cambio, a la pluralidad propia de la sátira menipea y el universo carnavalesco estudiados por M. Bajtin. La obra de Castellani, al mezclar estilos y niveles, permite pensar en la crítica no como un espacio neutral y despolitizado sino como un ejercicio polifónico de transfiguración de estilos en relación con la variedad de voces y lecturas.
    Bentivegna cierra su trabajo señalando que la crítica no consiste en el rechazo puritano de autores o en su canonización sino en la rearticulación de los interrogantes que los textos mismos plantean.
    El tercer estudio que aparece en la Parte 3 pertenece al Dr. Víctor G. Zonana y su título es “Figuras, ontología y cosmovisión: retórica y representación del mundo en la poesía vanguardista de Jorge Luis Borges”.
    El trabajo de Zonana comienza con referencias a la figura de la hipálage que incluyen su definición en tanto


alotopía entre el sustantivo y el epíteto o el complemento del sustantivo que afecta semas socialmente normados y por ello genera una ruptura de la doxa que lleva a mantener varios recorridos interpretativos en forma simultánea. (p. 197)

Es decir, la figura suscitaría una suerte de escándalo gramatical al asociar una compatibilidad sintáctica con una incompatibilidad semántica, recurso que provocaría a su vez un efecto crítico sobre un modelo de mundo. Zonana propone revisar en primer término consideraciones teóricas de Borges en la década del veinte a propósito de la relación entre la metáfora y la adjetivación insólita, es decir, la hipálage, y relacionarlas luego con su práctica artística en Fervor de Buenos Aires (1923). Esto le permitirá mostrar que en esa producción poética de Borges la hipálage no se comporta como una antimetáfora sino que se asocia con esta para que el sujeto diseñe una ciudad a la que sólo la poesía le puede conferir cierto grado de entidad.
    Con respecto a la concepción de Borges sobre la cuestión relativa a la metaforicidad del lenguaje Zonana llama la atención sobre el hecho de que la profundidad y coherencia de sus reflexiones con la producción artística le otorgan al menos la apariencia de un sistema. Borges interpreta el mundo fenoménico como un conjunto de percepciones frente al cual el lenguaje sólo constituye un ordenamiento de su enigmática abundancia. Esta inadecuación entre lenguaje y mundo representable es lo que determina la creación de metáforas especialmente en relación con la expresión artística. Por otro lado, hay que tener en cuenta que estas reflexiones sobre la metáfora y la adjetivación insólita, la función crítica que se les adjudica a estos tropos, deben ponerse en relación con el cuestionamiento y el propósito de renovación del universo simbólico heredado que surgen en las poéticas vanguardistas.
    En la Parte 4, Retórica y Crítica (inter)cultural, encontramos dos trabajos. En el primero de ellos, “Con-versiones: de la metáfora al orden metafórico”, la Dra. Silvia N. Barei señala en primer término el interés que ha despertado ya desde la antigüedad la metáfora, considerada como el tropo más prominente dentro de la retórica, y la nueva atención que se ha fijado en ella, a partir del renacimiento y expansión de la retórica a los que asistimos desde las últimas décadas del siglo pasado. En este nuevo escenario, además de la consideración de la metáfora como tropo central para la creación poética, se la ha valorado como un modo de cognición que, por medio de transposiciones, desplazamientos y conversiones, nos permite conformar nuestra experiencia del mundo.
    Barei agrega más adelante que la constitución de nuestro lenguaje y, por lo tanto, la constitución cognitiva e ideológica de la cultura, es de matriz metafórica.
    Sin embargo, esta no ha sido la concepción de la retórica clásica que ha puesto el acento en la idea de “transposición” o “traslación” del significado propio de una palabra hacia otro en relación con el efecto movilizante que el orador quería ejercer sobre los ánimos de sus oyentes. Concepciones más actuales han interpretado esta idea de “movimiento” no con respecto a la recepción sino en tanto propiedad del discurso, conversiones que se producen en su movimiento. Otros aportes perciben la metáfora no como una figura meramente ornamental sino ubicada en un sistema de relaciones en que intervienen conocimiento, cultura y tropismo. A propósito de estas nuevas teorías Barei señala que los tropos, en especial la metáfora, implican formas de conciencia no sólo individuales sino vinculadas con espacios enteros de la cultura y, a su vez, la estructura retórica no deriva de las leyes del lenguaje sino que crea sus propias leyes, reinterpreta los sistemas modelizantes primarios, genera una “colisión de signos” y, por lo tanto, implica una renovación estructural. Es por eso que el estudio de la metáfora no puede desarrollarse de manera aislada sino en un marco ampliado: la retórica de la cultura.
    El trabajo pasa luego a analizar un conjunto de expresiones metafóricas que permite demostrar que habría básicamente dos procedimientos en su formulación: 1) el de la metáfora de base o fuerte que, aunque se encuentre reelaborada en diferentes textos, tiene un contenido semántico semejante; 2) el de la metáfora que se multiplica y desclausura los sentidos únicos. Este segundo fenómeno sucede cuando la metáfora tiene la posibilidad de circular por diferentes espacios culturales y lenguajes incluido el artístico.
    Para el primer grupo Barei propone la noción de “cadena” y para el segundo la de “constelación”. A su vez, el primer grupo contribuiría a reforzar el orden social mientras que el segundo cumpliría la función de desclausurarlo a través de su lectura crítica. En ambos casos el orden metafórico pone en evidencia la función política que ejerce el lenguaje.
    El último capítulo del libro, “Retóricas fronterizas y diseños de sitios web”, cuyo autor es el Dr. Barry Thatcher, comienza señalando que, si bien el desarrollo y uso de la web han enriquecido notablemente el contacto intercultural, este fenómeno no implica que haya habido en todos los casos asimilación e integración de las influencias que pudieran provenir de ese contacto. Diversos factores de carácter social y económico, entre otros, pueden intervenir en la incorporación o bien la resistencia frente a los modelos retóricos y culturales que provienen de otras culturas. En algunos casos no sólo hay oposición sino que, inclusive, se refuerzan los valores propios frente a ese fenómeno del contacto intercultural. El reconocimiento de estas circunstancias lleva a Thatcher a plantearse algunas preguntas fundamentales para los investigadores relacionados con la retórica intercultural y la tecnología referidas a qué tipos de cambios están ocurriendo, por qué y qué influencias pueden tener, dado que el notable desarrollo de la tecnología y la comunicación requiere capacidad intercultural para lograr que esa comunicación, mediatizada en gran medida por la web e Internet, sea eficaz y ética. El trabajo de Thatcher se propone, por lo tanto, establecer una base para explorar la web y la cultura a partir del análisis relativo al diseño de sitios web de universidades públicas de México, Estados Unidos e India, a partir de la hipótesis de que, si la web tiene influencia en la formación de patrones culturales en el nivel local, dicha influencia deberá percibirse también en el diseño de los sitios web que, en tal sentido, deberán evidenciar elementos propios de la cultura local y de la global. En el caso de que esta integración no sea manifiesta, habrá que reconocer que la web y la globalización no siempre influyen como se supone.
    A continuación se indican los cuatro tramos en que se organiza el trabajo: 1) exposición de la teoría de la cultura y la retórica en contextos interculturales; 2) descripción del enfoque teórico en el diseño de web y su relación con valores culturales y tradiciones retóricas; 3) descripción de los métodos utilizados por los investigadores en el análisis de sitios web de nueve culturas, 4) estudio de los resultados de la comparación de diseños de sitios web con las culturas locales y tradiciones retóricas e integración de esas descripciones con investigaciones previas de sitios web en universidades públicas de distintas regiones realizadas por el autor del trabajo.
    Con respecto al primer punto el autor subraya que la definición de cultura más relevante para la retórica y la investigación en comunicación intercultural en contextos profesionales como los sitios web es la que esté fundada en la retórica y en los patrones de comunicación en ámbitos profesionales susceptibles de ser comparados a través de grupos de personas. Agrega que para mostrar el estrecho vínculo entre cultura y retórica basará el desarrollo de su artículo en el aporte de James Berlin, uno de los fundadores de los estudios culturales y la retórica en Estados Unidos. En este sentido se subraya la interrelación que dicho vínculo pondrá en evidencia entre la concepción del sujeto que desarrolle una cultura y los patrones cognitivos o epistemológicos que esa concepción valore, los que construirán a su vez el comportamiento social apropiado o ideología. Por último, los patrones retóricos reforzarán o recrearán dichas categorías, es decir, la subjetividad, la epistemología y la ideología.
    Por ejemplo, la concepción del ser humano como una persona libre e independiente se basa en una epistemología objetiva que se corresponde con una ideología competitiva e individualista. A su vez, estos tres aspectos suponen patrones de comunicación directos, argumentativos, personales, analíticos y objetivos. En cambio, las culturas que conciben al ser humano como interdependiente, valoran una epistemología contextual, es decir, basada en las relaciones y estructuras sociales, por lo cual sus conductas sociales reflejan un sentido colectivo de los patrones vinculados con el sujeto y con el pensamiento. Thatcher señala que los patrones de comunicación suelen ser la única manifestación visible de concepciones de la epistemología y la subjetividad profundamente arraigadas. Otra interpretación de estas interrelaciones piensa al sujeto o subjetividad como el centro de una esfera cuya segunda capa hacia el exterior es la epistemología, la tercera capa es la ideología y la cuarta la retórica. De estas cuatro capas superpuestas sólo las dos externas, es decir ideología y retórica son observables, pero todas ellas interactúan entre sí: las estructuras internas refuerzan las capas externas y estas, a su vez, reestructuran permanentemente las capas internas en un proceso recíprocamente constructivo.
    En síntesis, la observación de los comportamientos sociales o los patrones retóricos permiten inferir las epistemologías y las definiciones de la subjetividad que los sustentan.
    En la segunda parte de su trabajo el Prof. Thatcher aborda el tema de las relaciones entre tecnología y cultura. Luego de describir sintéticamente diversos puntos de vista desde el debate entre oralidad y escritura en la antigüedad hasta teorías actuales llega a la conclusión de que cada tradición cultural se corresponderá con diferentes diseños de la web y que la comprensión acerca de cómo la web incorpora diferentes tradiciones retóricas es necesaria para poder interpretar las variables en juego. Pasa luego al examen de estas variables: subjetividad (yo/otros), epistemología (normas/reglas), comportamiento social (público/privado y grado de participación), comportamiento social (ser y hacer).
    A continuación, sobre la base de las mencionadas variables, el trabajo realiza un análisis retórico de sitios web pertenecientes a universidades de Nuevo México (EE.UU.), la India y México y evalúa luego los resultados de dichas investigaciones. El análisis y comentario está acompañado además por imágenes pertenecientes a los sitios web de las respectivas universidades.
    Como se desprende de todo lo expuesto, Tendencias actuales en Estudios Retóricos constituye un valioso aporte al panorama actual sobre este ámbito del saber, que se ha visto enriquecido con la creación de la Asociación Argentina de Retórica, institución formada en el marco de los encuentros académicos en los que fueron dictadas las conferencias recopiladas en el libro. Los distintos enfoques desarrollados por dichas conferencias, estrategias argumentativas y persuasión, aspectos de la configuración de cánones, estructura de textos literarios y también de discursos políticos y culturales, vinculados por un lado con la retórica clásica y, por otro, con las innovadoras perspectivas que proponen la Nueva Retórica y la llamada Retórica de la cultura o intercultural, dan cuenta de la amplitud y riqueza que tuvieron esos encuentros académicos. Valoramos, por lo tanto, la publicación de Tendencias actuales en Estudios Retóricos que no sólo contribuye a difundir tan significativos aportes sino que también representa un importante estímulo para seguir adelante con la tarea.


Bibliografía

LÓPEZ FÉREZ, Juan Antonio, ed. (1992); Historia de la Literatura Griega. Madrid: Cátedra.

 

 

María Eugenia Crogliano

  Universidad de Buenos Aires

(Argentina)


 


[1] La Retórica a Alejandro es el texto sobre retórica más antiguo que conocemos y su autor fue un historiador, que, como otros estudiosos del s. IV a.C., se mostró también muy interesado en la retórica (cf. López Férez, 1992: 590 y 759).