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Guerri, Claudio y Martín Acebal, comps. (2014); Nonágono Semiótico. Un modelo operativo para la investigación cualitativa. Buenos Aires: Eudeba/Ediciones UNL. 192 pp. ISBN 978-950-23-2250-6.

Isabel Molinas

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“Usar a Peirce” es la consigna con la que Claudio Guerri (1995, 2007a, 2007b, 2014a, 2014b), ha trabajado, a lo largo de cuatro décadas, en la elaboración de un modelo de base lógico-semiótica y en la argumentación sobre su capacidad explicativa para pensar problemas complejos, en diversos ámbitos de investigación, dentro y fuera de la academia. [1] Desde el análisis de un “Museo de artes plásticas” (inédito), realizado con Juan Magariños de Morentin en 1974, hasta las re-lecturas de los aportes de tres maestros del diseño básico en la Bauhaus, junto a William S. Huff (Guerri y Huff, 2004; 2007), Guerri nos hace partícipes de una fervorosa insistencia. Porque lo que hoy es “una herramienta de trabajo que posibilita cartografiar la complejidad del problema abordado, presentando de manera relacional los distintos aspectos que incluye” (p. XI), en ocasiones fue interpretado como una provocación, como una disputa entre la exégesis erudita de los textos de Peirce y la economía del diagrama. Con el paso de los años, se han reunido suficientes evidencias que dan cuenta de “la validez del nonágono como instrumento de cognición eficaz y aplicable a cualquier situación de conocimiento humano, ya sea teórica o práctica” (p. XI). El libro que hoy reseñamos brinda la información necesaria para comprender el modelo y reúne una serie de artículos que dan cuenta de su productividad.
    La obra está estructurada en dos partes e incluye palabras preliminares de Guerri y un prólogo de Nidia Maidana. En ambos textos introductorios se hace mención a la génesis del nonágono semiótico y a la importancia de haber contado con lúcidos interlocutores que enriquecieron la investigación: Thomas Sebeok, Gerard Deledalle, Floyd Merrel, Joseph Ransdell, Tomás Maldonado, Martin Krampen, Fernando Andarcht, María Ledesma, Ben Udell, Gary Richtmond y Auke van Bremen, entre otros. Y en esta enumeración de diálogos fecundos, también ocupan un lugar destacado los colegas con los que Guerri enseñó en las Universidades de Buenos Aires, Litoral, Morón, Tres de Febrero y Católica de Uruguay; y los alumnos, ante quienes asumió el desafío de sistematizar su propia lectura de Peirce y el desarrollo de un modelo operativo, económico y convincente. En lo que respecta a la estructuración en dos partes, en la primera se explica la lógica y operatividad del modelo y, en la segunda, se muestra cómo ha sido utilizado para el análisis semiótico de diferentes objetos con propósitos diversos: una relectura de la Retórica clásica, un estudio en profundidad de las figuras de la manipulación, la clase media y la crisis del 2001 en Buenos Aires, la radio, el cine, los motion graphics como lenguaje y los contrapuntos entre la prensa gráfica y la Ley de Identidad de Género. Esta compilación y la explicación inicial han sido redactadas en forma conjunta con Martín Acebal, quien ha realizado aportes de relevancia para la incorporación del nonágono semiótico en los estudios sobre Retórica y Análisis del Discurso (Acebal, 2012; Acebal y Pérez Rial, 2014; Acebal, Guerri, Voto y Bohorques Nates, 2014).


La semiótica de los bordes

En las Palabras preliminares, a las que ya hicimos referencia, Guerri señala que el libro es producto de una larga reflexión guiada desde 1973 por su maestro y amigo Magariños de Morentin, a partir de “aquello que él llamaba el cuadro de Peirce”. En este reconocimiento también puede leerse la decisión de trabajar, como su mentor, en una semiótica de los bordes, entre disciplinas, dando cuenta de la complejidad y las paradojas que tejen el campo de las Humanidades y las Ciencias Sociales en la contemporaneidad:


La semiótica puede interesar a los investigadores de los fenómenos sociales para enfocar su búsqueda de un modo riguroso, que justifique las conclusiones a las que lleguen, y no de un modo intuitivo, que se comprende pero cuya razón de ser se desconoce o sin que se pueda establecer por qué se considera que es esa significación (…) la que corresponde atribuirle a tal fenómeno y no cualquier otra. (Magariños de Morentin, 2008: 154)

    Aquel primer cuadro partía de una definición del objeto de estudio en tanto signo y del reconocimiento de tres aspectos constitutivos y tres correlatos lógicos. Al respecto, es oportuno reponer que para Peirce el signo es “algo que está por algo –objeto fundamento del signo–, en alguna relación –representamen– y para alguien, su interpretante (CP 2.228). [2] El objeto de referencia no es lo que el signo representa sino un sentido atribuido. El signo representa al objeto sólo en algún aspecto o disposición y si bien existe algo fuera del signo, sólo puede decirse en y por el signo. De allí que Peirce conciba a la lógica “como una teoría de la inferencia a partir de los signos mediante signos” (Deledalle 1990: 163). En este proceso de semiosis ilimitada, la descripción rigurosa contempla tres categorías o correlatos lógicos (primeridad, segundidad, terceridad), que constituyen el objeto de estudio de la faneroscopia, es decir, de “la descripción de lo que está frente a la mente o en la conciencia, tal como aparece” (CP 8.203).
    Sobre la base de dichas categorías, se construye un cuadro de doble entrada que


se presenta como una grilla vacía de tres columnas y tres filas, capaz de convertirse en el cedazo que, una vez agitado, permite que permanezca a la vista el sistema de relaciones que sostienen obras u objetos, disciplinas, teorías o conceptos y que, a su vez, habilite el seguir avanzando en la comprensión de estos temas según las necesidades que requiera cada investigación. (p. 5)

La metáfora del cedazo es elocuente, tanto en lo que respecta a la trama como a la posibilidad de separar lo sutil de lo grueso. En este sentido, el cuadro ordena, organiza y transparenta lo que sabemos pero también aquello que omitimos o pasamos por alto, poniendo de relieve las relaciones hacia el interior del modelo y entre el objeto y su contexto. El resultado de estas operaciones lógicas es un ícono diagramático que, en tanto tal, “mejora el razonamiento y hace avanzar el conocimiento” (CP 1.351). La semejanza y la economía condensan relaciones de atribución de sentido y permiten restablecer los vínculos entre ese objeto inmediato y el objeto dinámico que, según Peirce, permanece en el ámbito de la experiencia pre-semiótica.
    Sin embargo, sus autores consideran pertinente señalar cierta distancia conceptual y terminológica con respecto a la obra de Peirce. La primera cuestión refiere a la propuesta inicial de Magariños de Morentin (1984: 195) de utilizar los términos Forma, Existencia y Valor para designar cada uno de los tres aspectos del signo. La segunda apela a la recursividad del signo peirceano, en virtud de la cual se propone el reconocimiento de tres subaspectos –nuevamente Forma, Existencia y Valor– de cada uno de los aspectos antes enumerados. Tal como lo explicitan Guerri y Acebal (2014: 9-10), de esto resulta la división del signo en nueve subaspectos y es de esta cualidad que el nonágono semiótico toma su nombre. [3]
    La primera parte del libro finaliza con precisiones sobre posibles modos de utilización del nonágono semiótico. Entre ellas:
    - El abordaje de un concepto, objeto o comportamiento en estudio, a partir de la distinción de los órdenes práctico, histórico y lógico (se incluyen consideraciones básicas para el uso del modelo);
    - El reconocimiento de las diez clases de signos hacia el interior de una disciplina de estudio (se incluyen análisis sobre Arquitectura y Diseño Gráfico); - El análisis de tríadas conceptuales enunciadas por Lacan (lo imaginario, lo real y lo simbólico), Althusser (práctica teórica, económica y política) y Peirce (estética, ética y lógica);
    - Una clasificación triádica de los cinco sentidos (en términos de visión, contacto –olfato,tacto, gusto– y audición); y
    - La puesta en diálogo del nonágono semiótico con modelos diádicos (reelaboración de mappings de Andrea Semprini).
    En síntesis, lo que inicialmente se pensó en términos de “aplicación” (con todos los reparos que el uso de este término conlleva en el campo académico), se presenta hoy como una herramienta analítica eficaz y como una epistemología que establece fundamentos, consistencia y racionalidad en el contexto de un vasto abanico de conceptos, objetos o comportamientos en estudio.


Las categorías sugieren un modo de pensar

En la segunda parte del libro se incluyen siete artículos, siete lecturas rigurosas que dan cuenta de la utilidad del modelo. En el primero de ellos, “Retórica revisitada”, Guerri estructura su exposición a partir de una cita de la Retórica de Aristóteles: “Son tres los temas que se deben tratar respecto del discurso: el primero, de dónde se tomarán las pruebas; el segundo, la elocución; y el tercero, cómo se deben ordenar las partes del discurso”. Y podríamos decir que actúa en consecuencia:


La presente propuesta permite reducir los largos listados de figuras ofrecidos por la manualística a tres variables lógicas básicas. De acuerdo con esto, todas las figuras pueden subsumirse en la operatividad de la sinécdoque, la metonimia y la metáfora, y en sus modos de manifestación en los diferentes niveles del discurso: dicción, construcción y pensamiento. La comprensión de estas tres operaciones y niveles, mucho más que el ejercicio memorístico, facilita tanto el análisis como la elaboración de figuras retóricas. (pp. 73-74)

    El segundo artículo de Guerri, junto a Ana Binnevies, se titula “Sobre la producción y la recepción radiofónicas”. Tanto en este texto como en el que Binnevies comparte la autoría con Jorge Alisio, “Clase media de Buenos Aires: una cotidianeidad dis-locada por la crisis”, se remarca la eficacia del modelo para la investigación empírica y se explicitan resultados concretos que responden a preguntas concretas. A modo de ejemplo:


¿Es real o ficticio este tercer “nuevo” modo de escucha de un oyente ideal de radio, visto e interpretado a la luz del nonágono semiótico? ¿En qué contribuye este modelo a la comprensión de las necesidades de escucha (terceridad), al análisis de los programas existentes (segundidad) y a la prefiguración de una estrategia de diseño y programación de una emisión radiofónica (primeridad)? (p. 100)

    El texto de Cristina Voto, “Propuestas para una cartografía de la imagen cinematográfica”, relee los códigos deleuzianos, reorganiza un andamiaje teórico y lo hace extensivo a nuevos medios de comunicación. En el final de su artículo, la autora retoma a Umberto Eco (1990: 25) y concluye: “hay que recordar que no existen separaciones entre actividades de investigación y conocimiento y actividades de modificación y construcción”. Porque como también nos enseñó Peirce “los hombres y las palabras se educan recíprocamente y todo incremento de información en un hombre entraña –y es entrañado por– un incremento de información en la palabra” (CP 5.314).
    Miguel Bohórquez Nates, por su parte, nos propone la lectura de “Los motion graphics como forma de lenguaje”. Aquí el nonágono permite organizar y sistematizar un amplio repertorio de procedimientos que tienen su génesis en la empiria y que requieren contar con instrumentos de orientación teórica y metodológica. Al respecto, la cita de Metz (2002 [1963]), elegida como epígrafe, refiere a la potencia de los problemas de la práctica sobre los temas de la academia: “No es que el cine pueda contarnos historias tan bellas porque sea un lenguaje, sino que por habernos contado historias tan bellas pudo convertirse en un lenguaje”.
    El texto de Werner Pertot, “Contrapuntos en la prensa gráfica sobre la Ley de Identidad de Género”, propone una lectura contrastiva de notas de prensa (Clarín, La Nación y Página/12) que permite comprender el modo en el que se enuncia un tema y se construye una significación diferencial, incluso cuando se trabaje a partir de las mismas citas.
    Y en esta serie de textos, “Las figuras de la manipulación” de Martín Acebal es, sin lugar a dudas, la letra del nonágono semiótico, la utilización de todas y cada una de sus posibilidades analíticas, la constatación de una fervorosa insistencia. Porque no es lo mismo conmover, que imponer o convencer, y porque aunque hayamos aprendimos las jerarquías del querer, del poder y del saber, las figuras de la manipulación desbordan los listados y las taxonomías.
    Si tal como Peirce señala, “las categorías sugieren un modo de pensar” (CP. 1.351), es posible interpretar al nonágono semiótico como un dispositivo de realidad aumentada, matriz de una cartografía inteligente que permite enunciar los principales puntos de referencia pero también los corrimientos y los terrenos sin consolidar. En este sentido, El nonágono semiótico. Un modelo operativo para la investigación cualitativa es una contribución relevante y necesaria en el ámbito de la práctica y la investigación, profesional y académica.


Bibliografía

ACEBAL, Martín (2012); “Hacia una retórica triádica: identificación, transferencia y adhesión en comunicaciones visuales persuasivas”, en Actas del X Congreso de la Asociación Internacional de Semiótica Visual (AISV-IAVS). Universidad de Buenos Aires, Facultad de Derecho.

ACEBAL, Martín y Agustina PÉREZ RIAL (2014); “Repensando las promesas de la imagen”, en M. Leone (comp.), Lexia. Torino: Segreteria scientifica e organizzativa.

ACEBAL, Martín, Cristina VOTO y Miguel BOHORQUES NATES (2014); “La manumisión de las imágenes”, en M. Leone (comp.), Lexia. Torino: Segreteria scientifica e organizzativa.

DELEDALLE, Gerárd (1990); Leer a Peirce hoy, trad. de Sara Barrena. Barcelona: Gedisa.

ECO, Umberto (1990); Los límites de la interpretación. Barcelona: Lumen.

GUERRI, Claudio (1995); “Usar a Peirce”, IV Congreso Nacional de Semiótica. Universidad Nacional de Córdoba - Asociación Argentina de Semiótica (AAS).

GUERRI, Claudio (2004); “El nonágono semiótico: un ícono diagramático”, en deSignis, núm. 4, pp. 157-174.

GUERRI, Claudio (2007a); “Usar a Peirce... doce años después”, II Congreso Internacional y VII Congreso Nacional de la Asociación Argentina de Semiótica (AAS). Universidad Nacional de Rosario.

GUERRI, Claudio (2007b); “A Peircean Analysis of the Bangladesh Capitol, Epitome of Kahn's Architecture or The Mystery of Kahn's Logical Wisdom”, en Applying Peirce Conference. Helsinki.

GUERRI, Claudio (2014a); “Aplicando Peirce / Applying Peirce”, XXVIII Congreso Nacional de Lingüística, Semiótica y Literatura y II Congreso Internacional de Lingüística. Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas.

GUERRI, Claudio (2014b); “Aplicando Peirce / Applying Peirce”, conferencia plenaria en V Congreso Nacional e Internacional de la Asociación Colombiana de Estudios Semióticos. ACES - Universidad Autónoma de Occidente, Santiago de Cali.

GUERRI, Claudio y William HUFF (2004); “Analyses of the Bauhaus’s Preliminary Course under its three masters”, VIII Congress of the International Association for Semiotic Studies (IASS-AIS). Lyon.

GUERRI, Claudio y William HUFF (2007); “Tres maestros del Curso preliminar de Diseño en la Bauhaus”, en deSignis, núm. 11, pp. 185-194. Buenos Aires: FELS/Gedisa.

MAGARIÑOS DE MORENTIN, Juan (1984); Del caos al lenguaje. Buenos Aires: Tres Tiempos.

MAGARIÑOS DE MORENTIN, Juan (2008); La semiótica de los bordes. Córdoba: Comunic-Arte.

METZ, Christian (2002 [1963]); Ensayos sobre la significación en el cine. Barcelona: Paidós.

PEIRCE, Charles Sanders (1931-58); Collected Papers of Charles Sanders Peirce. Cambridge: Harvard UP.

 

 

Isabel Molinas

  Universidad Nacional del Litoral

(Argentina)


 


[1] Entre los numerosos artículos de su autoría citamos aquellos en los que este propósito se explicita en el título.

[2] Para las citas de Peirce seguimos la forma habitual de utilizar las siglas de la fuente, seguidas del número de párrafo. En el caso de los Collected Papers (siglas CP) este número corresponde en primer lugar el número de volumen seguido de un punto y el número de párrafo dentro de dicho volumen.

[3] El nombre del modelo es propuesto por Jorge Alisio en 2001, pero su utilización recién se registra en Guerri (2004).