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La retórica, fundamento de la educación humanista y cívica en la Polonia antigua

Rhetoric as the basis of humanistic education and citizenship in the Polish Commonwealth

Joanna Partyka

Academia Polaca de Ciencias
Instituto de las Investigaciones Literarias

(Polonia)
joanna.partyka@ibl.waw.pl

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Resumen

En el siglo XVI la nobleza polaca creó una forma original de régimen político. El concepto clave para entender la construcción de la sociedad del momento fue el sarmatismo: a la búsqueda de sus orígenes los polacos se vieron a sí mismos como herederos de los antiguos romanos. Heredaron no solamente sus costumbres, valores, virtudes o el régimen republicano, sino también el ideal del “buen ciudadano”: un patriota y un buen orador. En la época barroca lo que diferenció la retórica en la República de las Dos Naciones del resto de Europa fue el patrocinio especial de la retórica sobre el arte oratorio sármata. Al parecer, en Polonia sármata todos los modelos, las normas, así como las costumbres de los antiguos romanos y la lengua del imperio romano, eran tratados con una deferencia y un respeto especiales. En toda situación el Sármata-orador estaba pronunciando algún discurso y desde los principios de su formación aprendía cómo guíar su vida para el beneficio de la República. La eloquencia y la libertad en la ideología sármata fueron conceptos inseparables. En Polonia, un gran papel en la educación secundaria fue el que desempeñaron los colegios jesuitas, escuelas de tipo humanista. Allí el énfasis principalmente se ponía en la enseñanza de la gramática, la poética y la retórica como el saber y la habilidad final sin la cual no se podía funcionar en la vida pública. La retórica desempeñó un rol importante en el proceso de formación de la ciudadanía y la educación política.

Palabras clave: Polonia antigua – oratoria – sarmatismo – jesuitas – formación retórica.

Abstract

In the 16th century the Polish nobility created an original form of the political system. The key concept to understand the social and political system of the time was the ideology of Sarmatism. It means that in search of its origins Poles saw themselves as heirs of the ancient Romans. They inherited not only their customs, values, virtues as well as a republic as a form of government, but also the ideal of the “good citizen”: a patriot and a good orator. In the Baroque period what differed the rhetoric of the Polish Commonwealth from the rest of Europe was the special patronage which rhetoric provided over the art of the Sarmatian’s oratory. It seems that in Sarmatian Poland all models, standards, customs of the ancient Romans as well as the language of the Roman Empire were treated with a special esteem and respect. In any situation the Sarmatian orator was delivering a speech and from the beginning of his rhetorical training he learned how to serve his country. The eloquence and freedom in the Sarmatian ideology were inseparable concepts. In the Polish Commonwealth a great role in the secondary education played Jesuit colleges, schools of humanistic type. The main emphasis was placed there on grammar, poetry and rhetoric as the final knowledge and a skill without which one could not perform his duties in the public life. The rhetoric played a significant role in the citizenship and political education.

Keywords: Polish Commonwealth – oratory – Sarmatism – Jesuits – rhetorical education.


1. Introducción

El objetivo del artículo es mostar el impacto que tuvo la retórica en la cultura polaca antigua. Un fenómeno interesante y, según parece, exclusivo en la Europa renacentista y barroca, merece mención a la hora de considerar la específica actividad de la retórica polaca. La presentación del aspecto histórico-cultural del funcionamiento de la retórica en la sociedad polaca de aquel entonces parece importante ya que este contexto puede dar la respuesta a las preguntas sobre su estatus en la Polonia contemporánea. En este artículo se reúnen los rasgos más significativos de la retórica polaca de los siglos XVI y XVII.


2. La específica elocuencia del estado polaco-lituano


La oratoria para la nobleza polaca de los siglos XVI y XVII era “pan diario” y a la vez algo festivo –constató una investigadora polaca en su libro dedicado al papel que desempeñó la retórica en la sociedad polaco-lituana de aquellos tiempos (Barłowska, 2001: 6). La oratoria en la República de las Dos Naciones (Gran Ducado de Lituania y Corona) poseía una dimensión particular: la del esplendor, la seriedad y la sublimidad. La elocuencia reinaba tanto en la vida pública como en la privada. Este fenómeno seguía despertando admiración y asombro entre los extranjeros que viajaban por Polonia o Lituania, sobre todo, porque era tan común y porque ofrecía tipos de discursos para cada ocasión y no solo en polaco: la nobleza hablaba también en latín y en un lenguaje mixto, de tipo macarrónico, polaco-latín. Lo que también sorprendía a los viajeros era el nivel de la educación retórica de los oradores y la gran erudición clásica utilizada en estos discursos. Para explicar este fenónemo es preciso tener en cuenta las caracteristicas del funcionamiento del Estado y del sistema educativo polaco.
    En el siglo XVI, durante el reinado de los dos Jagellones, Segismundo I el Viejo (1467-1548) y Segismundo II Augusto (1520-1572), el poder de los nobles frente al poder real y al de las otras capas sociales se incrementó signitivamente. La nobleza polaca creó una forma de régimen original. El nobiliario tuvo el privilegio y la obligación de participar en las asambleas locales, las llamadas dietinas. Resultó que, por lo menos teóricamente, todos los ciudadanos (o sea, la nobleza) participaron en el proceso de gobernar gracias a la posibilidad de influir en las decisiones del rey. Después de la muerte sin herederos de Segismundo Augusto, Polonia se convirtió en una monarquía electiva (siendo al mismo tiempo una república nobilitaria, lo que parece una paradoja). Se caracterizó por el concepto de una “libertad dorada”, una elección libre del rey, igualdad de derechos para toda la nobleza (los magnates y la pequeña nobleza), un papel predominante de la Dieta y una tolerancia religiosa que tuvo sus raíces en la convivencia de varias religiones (el cristianismo, el judaísmo, y el islam) así como de diferentes confesiones (el catolicismo, el protestantismo, la ortodoxia) en la República de las Dos Naciones. Como resultado de todo aquello, el poder político se concentró en las manos de un solo estamento social. Cada rey nuevo tenía que garantizar los derechos y privilegios de la nobleza. El específico carácter de este sistema lo describe bien Norman Davis:

En categorías teóricas, este estado merece más el nombre de república monárquica que el de monarquía republicana. Era mucho más republicano –en cuanto a su estructura y atmósfera– que las monarquías constitucionales de Inglaterra o Suecia, y diametralmente opuesto a los regímenes absolutistas de Francia, España o Rusia. En ciertos aspectos, recordaba a las fragmentadas estructuras electivas del Sacro Imperio Romano –liberadas de excrecencias dinásticas– que habían de implantar los emperadores tardíos de la dinastía de los Habsburgo. Tenía, asimismo, mucho en común con el complicado régimen de las Provincias Unidas. Pero el modelo en que se inspiraron sus creadores fue sobre todo la antigua República Romana, de la que se tomó prestado el nombre, y la República de Venecia, en cuya universidad de Padua cursó estudios la mayoría de ellos. (Díaz-Pintado, 2004: 204-205)

    Así, la antigua República Romana sirvió de modelo para los “creadores” de la imagen del Estado a la hora de construir la conciencia nacional de los habitantes de la República de las Dos Naciones (recordemos que solamente a los nobles pertenecientes a la nobleza alta y pequeña se los consideraba ciudadanos). A estas alturas, para explicar la “naturaleza” del estado polaco-lituano, resulta indispensable hacer referencia al sarmatismo, un concepto clave para entender la construcción de la sociedad del momento. La ideología de la nobleza polaca se basó en el mito del sarmatismo que situaba a los antiguos polacos en una arcaica región geográfica ubicada entre los dos ríos: Vístula y Volga o en Panonia, a orillas de Danubio. El historiador polaco Jan Długosz, autor de los Annales seu Chronicae incliti Regi Poloniae (1455-1480), veía a los Sármatas como unos descendientes del Jafet, hijo de Noé (Ulewicz, 2006). Este concepto no era poco común en la Europa de aquel entonces, ya que en la época renacentista, e incluso antes, prácticamente en cada país del continente surgió alguna teoría parecida sobre el origen particular de su pueblo. En estos “mitos fundacionales” se hacía referencia a la tradición bíblica y a la Antigüedad como constitutiva de una nación. En cualquier caso, los polacos a la búsqueda de sus orígenes se vieron a sí mismos como herederos de los antiguos romanos. Recibieron no solamente sus costumbres, valores, virtudes o el régimen republicano, sino también el ideal del “buen ciudadano”: un patriota y un buen orador. Lo describe con exactitud un estudioso español: “El hidalgo Sármata había de ser un hombre virtuoso, sabio, piadoso, valiente, amante de la patria, participante activo en las dietinas, las rebeliones, las asambleas, legaciones, guerras y alzamientos nacionales” (Díaz-Pintado, 2004: 226).


3. La retórica y el buen ciudadano

En cada una de las situaciones arriba mencionadas el Sármata orador está pronunciando algún discurso. Szymon Starowolski (1588–1656), un escritor, historiador y erudito polaco de la época barroca, en su tratado De claris oratoribus Sarmatiae (De los famosos oradores de Sarmatia) escribió: “[...] en todo sitio se pronuncian los discursos compuestos de acuerdo con recomendaciones de los oradores [antiguos]” (Starowolski, 2002 [1628]: 27), [1] y, a continuación: “en general, injustamente será llamado noble polaco el que no pueda con fluidez y con maestria discurrir de cualquier materia” (Starowolski, 2002 [1628]: 29). La República Nobiliaria fue percibida por los propios Sármatas como “el reino de la Elocuencia” (Kwiatkiewicz, 1679: 14). Es importante subrayar que la elocuencia y la libertad en la ideología sármata iban conjuntas, en forma de unos conceptos inseparables. También se debe tener en cuenta que el sarmatismo era una formación no sólo ideológica sino también cultural; elaboró unas formas literarias y artísticas (ante todo, arquitectónicas, también efímeras) para presentar el contenido ideológico. En la historia polaca, el siglo XVI es conocido como el Siglo de Oro, con su bienestar, crecimiento demográfico, balance económico, una fuerte posición política y militar y, consecuentemente, un desarrollo cultural importante. El nivel de la educación era bastante alto en comparación con otros países europeos. El objetivo principal de la educación del noble Sármata se basaba, ante todo, en prepararle para la participación activa en la vida pública (cívica). El noble Sármata desde los principios de su formación aprendía cómo guíar su vida para el beneficio de la República.
    El pensamiento renacentista otorgaba un lugar prioritario a la educación de los ciudadanos, que se consideraba una condición indispensable para el buen funcionamiento del Estado, de acuerdo con las indicaciones de la Antigüedad clásica. La educación humanista se elevó hacia el nivel del arte. Casi todos los estudiosos de la época escribieron tratados pedagógicos u otras obras en las que se referían al problema de la educación: Pablo Vergerio, Francesco Barbaro, Francesco Filelfo, Eneo Silvio Piccolomini (el posterior Papa), Juan Murmelius, Erasmo de Rótterdam y, en Polonia, Andrés Frycz Modrzewski, el autor de la extensa obra De republica emendanda (Sobre la enmienda de la república), de 1554. Los humanistas del Renacimiento, al ocuparse del tema de la educación en su sentido más amplio, aprovecharon con frecuencia los modelos y las normas trasmitidas por los clásicos (no solamente repitieron juicios sino que, además, recurrieron a los conceptos y ejemplos de la historia antigua y de la mitología). Al parecer, en la Polonia Sármata, todos estos modelos, normas, así como las costumbres y la lengua del imperio romano, eran tratados con una deferencia y un respeto especiales. Hasta nuestros días sobrevivieron las instrucciones educativas escritas por los padres para los hijos que se disponían al viaje a las escuelas en el extranjero, donde se aconsejaba profundizar el conocimiento de la retórica, la historia, la literatura y la filosofía antiguas (Żołądź, 1990: 124). Es obvio que la formación del noble polaco tuvo un aspecto utilitario, pues se suponía que iba a servir al bien público.


3.1. La formación retórica

La formación retórica se difundió, sobre todo, durante la segunda mitad del siglo XVI como respuesta a una creciente demanda social. La elocuencia fue percibida como un arte de gran utilidad en la vida pública. La instrucción escolar, y después universitaria, con la retórica en la primera fila, era una etapa preparatoria para el noble en su carrera pública. En Polonia, desempeñaron un gran papel en la educación secundaria los colegios jesuitas que competían con las escuelas dirigidas por los protestantes, sobre todo, antitrinitarianos. Esta rivalidad tuvo un impacto positivo sobre el nivel de ambos tipos de escuelas. En todos los colegios de la Compañía, desde 1599, el documento sobre la formación que estaba en vigor era el Ratio studiorum, que reconocía “la elocuencia perfecta” como el objetivo más importante y final de la formación. Después del Concilio de Trento la educación humanista con la retórica como la reina del saber, se convirtió en un instrumento eficaz de la Reforma Católica. Se formó el nuevo modelo del orador patrocinado por Ecclesiae militantes. En los colegios jesuitas polacos, los alumnos practicaban la eficiencia polémica en las disputas religiosas, que dejaron huella en las polémicas entre los jesuitas y antitrinitarianos hacia finales del siglo XVI (Korolko, 1993: 134-135). El alto nivel de las polémicas religiosas en Polonia estaba relacionado con una buena formación escolar en ars persuadendi.
    Los colegios jesuitas fueron escuelas de tipo humanista. Allí el énfasis principalmente se ponía en la enseñanza de la gramática, la poética y la retórica como el saber y la habilidad final sin los que no se podía funcionar en la vida pública. El adepto de la retórica podía ser un escritor, un político o un predicador.
    En las clases teóricas y prácticas de retórica se estudiaba sobre todo a Cicerón: sus tratados De inventione, De oratore y Partitiones oratoriae, así como las cartas y las oraciones desde el punto de vista de su técnica de expresarse de una manera adecuada para lograr la persuasión. Los alumnos imitaron, e incluso emularon su estilo y vocabulario. La capacidad de imitar el estilo de Cicerón se estimaba por la evidencia de una erudición humanista y un buen dominio del latín. El estilo ciceroniano era muy popular entre los escritores polacos en la primera mitad del siglo XVI, un hecho que se considera una especificidad polaca de la recepción del orador romano. Como libro de texto se usaba la Rhetorica ad Herennium, durante mucho tiempo atribuido a Cicerón. El manual ampliamente usado en la enseñanza de retórica en todos los colegios como un compendium introductorio era la obra del jesuita español, Cipriano Suárez, titulado De arte rhetorica libri tres ex Aristotele, Cicerone, Quintiliano praecipue deprompti. Pero los profesores de retórica usaban también Ars rhetorica de Aristóteles e Institutio oratoria de Quintiliano. De los autores polacos, el más popular fue Jan Kwiatkiewicz, el autor del los libros de texto Phoenix rhetorum (1672) y Eloquencia reconditior (1698). En la clase se consultaban también los textos patrísticos y, raramente, los escritores y poetas de la época. En la etapa final de la interpretación del texto leído en clase, los alumnos buscaron la información sobre la historia, las leyes y la geografía, relacionados con su país, lo que permitía adquirir conocimientos cívicos (Barłowska, 2001: 12). De esta forma, también la retórica desempeñó un rol importante en la formación de la ciudadanía y la educación política.
    Antes de aprender la retórica los alumnos pasaban por la clase de gramática, basada principalmente en el libro de texto del lingüista portugués, el jesuita Manuel Álvares, llamado De institutione grammatica libri tres (1572). En la clase de retórica se familiarizaban con su teoría e historia, adquiriendo la erudición retórica, es decir, un conocimiento general de historia, literatura, mitología, unos elementos de geografía y heráldica, imprescindibles a la hora de componer el discurso. Parece que todos los elementos de la formación del noble polaco han sido subordinados a la retórica: la reina del saber o la “corona de la instrucción”. Ha sobrevivido hasta nuestros días un material de gran importancia y valor para la investigación acerca de la formación retórica de los colegios jesuitas y protestantes de los siglos XVI y XVII: los cuadernos de los alumnos, los apuntes de los profesores, los florilegios, los compendios manuscritos, las copias de las retóricas con apuntes de profesores o alumnos, etc. A menudo estos textos manuscritos eran compuestos por varias personas durante varios años y no tienen un autor único (Montusiewicz, 1984: 193-210). Con el tiempo, junto a la lengua latina, aparece el polaco, cambia la estructura y el contenido, y, como resultado, se desarrolla una especificidad de la retórica barroca polaca: designada a la nobleza y centrada en la educación cívica (Bednarski, 1933: 207).
    Merece la pena subrayar que en estos cuadernos escolares de retórica, todos de carácter manuscrito, encontramos muchos textos literarios; entre otros, la poesía mayoritariamente en polaco o en el estilo macarrónico. Algunos, sin duda, han sido escritos por los alumnos. En estos compendios encontramos también una variedad de discursos, en muchas ocasiones compuestos por los alumnos en forma de un ejercicio retórico, y unas antologías de proverbios y adagios en latín y en polaco. Ryszard Montusiewicz, el estudioso que examinó escrupulosamente estos recursos en las bibliotecas y los archivos, recapitula así sus observaciones:


El fin de la formación retórica en el colegio ha sido adquirir las habilidades prácticas (eloquentia), que tienen como fundamento el conocimiento de los principios y las reglas de construir el material verbal (elocutio) y el material fáctico y literario (eruditio). [...]. Se ha dado mucha importancia al dominar los hechos reales, es decir el conocimiento de los hechos, que junto con gramática, poética y retórica determinó el rango de la educación humanista. La eficiencia educativa estaba condicionada sobre todo por el grado de dominio en el arte de inventio y elocutio [...]. Por lo tanto se han construido los catálogos curiosos y las recopilaciones de todo lo que habría podido servir en la práctica oratoria. [...] Las retóricas escolares mostraron en la forma directa [...] las aspiraciones de la escuela de aquel tiempo que vio en la retórica el camino hacia el desarrollo intelectual del alumno, hacia la formación de su gusto estético, de sus hábitos y habilidades literarias y por fin hacia la preparación a la participación activa en la vida pública y política. (Montusiewicz, 1984: 209)

4. Conclusiones

En la época barroca, lo que diferenció la retórica en la República de las Dos Naciones respecto del resto de Europa fue el patrocinio especial de la retórica sobre el arte oratorio sármata (Korolko, 1998: 192). La retórica en el proceso de formación se convirtió en una portadora de los contenidos humanistas, también en la dimensión ética. Como en Francia, a partir de la conversación, la retórica en Polonia preparaba al ciudadano para la actividad política y cultural, basándose en la ética y en los valores humanistas (Montusiewicz, 1984: 194). Los investigadores contemporáneos que se dedican al estudio de la retórica en la época barroca en Polonia subrayan que la cultura retórica en este periodo se desarrolló en gran medida por medio de la escuela y bajo la influencia creativa e inspiradora de la literatura y de la vida política, social y religiosa. “La formación retórica se asoció entonces con todas las principales áreas de la vida social”, escribió Ryszard Montusiewicz (1984: 195). El “tipo polaco de la retórica”, a mediados del siglo XVII, se caracterizaba también por el uso del abundante material erudito en la argumentación que se refería a la realidad polaca, a la historia, a la ideología de la nobleza, a la heráldica y a la genealogía. Es evidente el fin utilitario de la retórica polaca de aquel entonces, condicionado por el rol que desempeñaba la nobleza en la sociedad polaco-lituana, así como la fuerte relación entre la educación humanista y la formación cívica, entre lo teórico y lo práctico.


Bibliografía

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ŻOŁĄDŹ, Dorota (1990); Ideały edukacyjne doby staropolskiej. Warszawa-Poznań: Państwowe Wydawnictwo Naukowe.

 

 

RECIBIDO: 27/08/2015 | ACEPTADO: 18/12/2015


 


[1] Las traducciones del polaco pertenecen a la autora.